Por Eduardo Frontado Sánchez
En una era tan evolucionada como la actual, resulta preocupante observar cómo las nuevas generaciones de estudiantes tienden a pensar que la inteligencia artificial es, de algún modo, la salvación de sus vidas, en el sentido de que les facilita el acceso a un mundo lleno de información y de nuevas posibilidades.
Sin embargo, es importante preguntarse si, así como se les facilita el acceso a la información, las nuevas generaciones que hoy están sometidas al sistema educativo realmente están preparadas para asumir el reto de lo que significa el acceso correcto a esa información.
Bajo mi punto de vista, veo con preocupación que la mayoría de estas nuevas generaciones no valoran en su justa medida lo que significa la posibilidad de poder educarse en todo el sentido de la palabra. Porque, si bien tienen acceso a un universo de información, les cuesta mucho fomentar y desarrollar el pensamiento crítico.
Particularmente, creo que la información es un elemento de poder. Pero si no sabemos qué hacer con ella ni cómo entenderla, termina siendo solo un elemento aislado, sin profundidad, sin propósito y sin verdadero impacto en nuestra formación.
Me gustaría, a través de estas líneas, hacer un llamado no solamente a los jóvenes, sino también al personal docente que ejerce la tarea de enseñar a estas nuevas generaciones, para que, en la medida de sus posibilidades, transmitan el mensaje de que la inteligencia artificial no vino a salvar al mundo. Vino, más bien, como un recurso para el hallazgo de información.
Pero es a través de nuestras acciones, criterios, creencias y experiencias que estamos en el deber de formar una capacidad de análisis que nos permita procesar adecuadamente toda esa información a la que hoy tenemos acceso.
Siempre he pensado que las distintas etapas de la educación son para disfrutarlas, entendiendo que cada una tiene su complejidad y su sentido en toda su esencia. En definitiva, no conviene que la universidad pase por nosotros sin que realmente entendamos y procesamos el significado de cada una de las épocas que vivimos.
El profesional del futuro debe ser capaz de discernir, de saber con qué estar de acuerdo y con qué no. Y eso solo se logra a través del desarrollo de nuestro pensamiento crítico, sin depender por completo de la tecnología, entendiendo que esta es únicamente una herramienta para encontrar información.
Porque siempre necesitaremos criterio, pensamiento, profundidad y trascendencia para poder generar el bien común que este mundo necesita a través de una información bien utilizada.
Recordando siempre que lo humano nos identifica y lo distinto nos une.
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