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Los fariseos y el balón

Por Esteban Jaramillo Osorio

En tiempos pasados de Semana Santa, las abuelas piadosas, con mantos en la cabeza, permanecían por horas rezando en las iglesias, por sus hijos y sus nietos.

Las procesiones, con millares de devotos en las calles, se movían solemnes por los barrios populares, con santos a hombros de incansables feligreses, que bamboleaban al son de las bandas de guerra o la música religiosa.

En algunos templos había ciudadanos flagelados y largas filas de caminantes trepaban a Monserrate, algunos de rodillas, para borrar sus pecados. Muchos no han perdido la costumbre.

No había fútbol, ruidos, escándalos ni rumbas. Nos dijeron que era pecado, como hacer el amor en los días santos.

Pero todo cambió.

Aunque se ven las iglesias repletas, con la fe intensa de los católicos, con homilías con profundo contenido, hay fútbol por todas partes, y balnearios rebosantes de viajeros indiferentes.

Proliferan las parrandas en las fincas, en condominios campestres, con música de baile, incluido el desenfreno reguetonero, con turismo en las costas, con el único sacrificio de los bloqueos en los retornos, en un mundo tembloroso, incierto, pero carnavalesco.

El fútbol domina las carteleras de la TV, tanto o más que las legendarias películas alusivas a la pasión de Cristo.

De Semana Santa habla la prensa, como de partidos memorables, héroes de turno, goles y triunfos milagrosos o descalabros y eliminaciones. 

Madrid el poderoso, la víctima predilecta. “Que le dieron una patada en las nalgas” y lo despidieron, dicen los diarios sensacionalistas.

Le cobran al club merengue, tantas veces campeón de la Champions, su prepotencia confiando en la remontada imposible, explicada desde pizarrones, alejados de la realidad del juego, por teóricos parcializados y embaucadores.

Como a su técnico Carletto Ancelotti, con más canas, años y dinero en el banco, que cuando llegó por segunda vez al club blanco, a quien agreden, deshonran y calumnian como el nazareno de turno. A él poco le importa.

Se olvidan que es el más campeón de los campeones en la champions. Que hace solo un año, o menos, era el técnico más honrado y admirado, el mesías del fútbol. Cuando le prendían velas como a los santos porque lo creían milagroso.

Lo mismo Mbappe, anunciado como la nueva estrella, vapuleado ahora por críticos que perifonean que al francés no le alcanza ni para calzar los guayos a Cristiano Ronaldo. 

Mundo este, el futbolístico, de fariseos… A “Dios rogando y con el mazo dando”. Por un triunfo, héroes y dioses de carne y hueso, son entrenadores y futbolistas y por una derrota, los demonios dominantes.

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