Por: Gustavo Castro Caycedo
“En Cartagena, la ciudad que amo tanto es donde quiero morirme y que me entierren. Para mí vivir aquí significa la única posibilidad estar en un paraíso con visos de infierno. Yo soy más colombiano que el arroz con coco”, dijo Salvo Basile. Lo conocían como gran actor, pero Salvo era mucho, muchísimo más que eso
Llegó a Cartagena de 28 años, vivió y estuvo felizmente casado 58 años, y allá murió de 85. Salvatore Basile Ferrara, Salvo Basile, fue para mí el italiano más colombiano de la historia. Ejerció la caridad, la solidaridad con los excluidos; denunció con valentía los abusos, la corrupción, las injusticias y otras lacras que han afectado a Cartagena. El, “con palabra y obra”, la amó.
Varias características de su personalidad hacían que la gente lo admirara y lo quisiera. Fue un indeclinable amante de Cartagena. Era Carismático, espontáneo, simpático, franco, recio y amable a la vez. “Gocetas”, sentimental, bonachón, repentista, apasionado; le gustaba la buena mesa, era persistente, buen católico, amaba al prójimo, un gran profesional de las artes escénicas, pero, por sobre todo, eso, un ser humano y un líder cívico de inmensa sensibilidad social
Todo eso le valió un sitio muy especial en su ‘segunda y más querida patria. Le dolían, “en el alma todos los pecados que alcaldes, políticos, constructores, funcionarios irresponsables, corruptos y ciudadanos enemigos del civismo”
fue uno de los protagonistas de mi libro, “Por qué me quedé en Colombia”, de cuya historia reproduzco unos párrafos.
Era un hombre fornido física y espiritualmente y su voz fuerte contrasta con su afectividad humana y sus sentimientos de amor, de paz y de solidaridad. Como actor interpretó con éxito decenas de personajes: herrero, periodista, presentador, cura bonachón, alcalde, agente de policía, jefe villano… Y hasta de diablo, en telenovela La mujer en el espejo. Fue su papel preferido, “porque a las mujeres les encanta el diablo; hice el papel de Lucifer, un demonio con uñas largas, llamas en los ojos, y cargaba un gato ¡Fue magnífica!”
Un día dijo: “¿Plata? Para qué carajo, la plata corrompe. Lo único que tengo en la vida es mi casa y me enorgullezco de eso”. Lo ofendían la avaricia y la pobreza, “por eso colaboro con la Unicef o con quienes hagan algo por los pobres. La pobreza es culpa nuestra, no de los pobres. Eso es lo único que no me gusta de Colombia”.
En mi libro incluí a tres grandes defensores de Cartagena de Indias, cada uno a su manera y en su época: el almirante español don Blas de Lezo y Olavarrieta, quien, a pesar de estar en inmensa desventaja militar defendió valerosamente a Cartagena de la “invencible” armada inglesa y del almirante Edward Vernon, derrotándolo.
A Pedro Claver Corberó (San Pedro Claver S.J.), el gran misionero catalán, “apóstol de los negros”, que defendido con inmensa humanidad a más de 300.000 esclavos.
Y a Salvatore Basile Ferrara (Salvo Basile), para mí. el italiano más colombiano de la historia, quien “con palabra y obra”, defendió siempre a Cartagena, ejerciendo la caridad, la solidaridad con los excluidos, y también denunciando con valentía los abusos, la corrupción, las injusticias y otras lacras que han afectado a esa ciudad
En Cartagena habrán de levantar un monumento
en honor de Salvo
En honor del Santo misionero Pedro Claver, los cartageneros construyeron una Iglesia y bautizaron una plaza con su nombre. Y en el del heroico Almirante vasco, levantaron una gran escultura, que custodia con su espada y su muleta, las murallas de Cartagena y el Castillo de San Felipe de Barajas, por cuya defensa dio su vida.
Hoy creo firmemente que en Cartagena habrán de levantar un monumento en honor de Salvo Basile, el gran cartagenero nacido en Nápoles el 18 de mayo de 1940.
Un día, me dijo: “Usted me pregunta ¿por qué me quedé en Colombia?… Sencillo: por amor a mi mujer, a Cartagena y a este país deslumbrante. Hice el mejor negocio de mi vida, pues alcancé la felicidad desde cuando me casé, el primero de mayo de 1969. Al principio no sabía ni dónde quedaba Colombia, pero llegué y me cautivaron, la condición humana y la belleza de Cartagena, y la vitalidad de los colombianos”.
¿Cómo era Salvo Basile? “Mi filosofía de vida es gozar al máximo y hacer bien a la otra gente y nunca pensar mal y sin esclavizarse con el dinero. Soy un millonario virtual, ‘no tengo un chivo’ pero no necesito más. El amor es el motor de la vida del hombre: amor a la mujer, a los hijos al país, al prójimo…. La constante es el amor”.
Salvo viajaba con frecuencia a Italia, y decía: “Mi corazón se queda en Cartagena; y cuando me demoro en regresar siento nostalgia de Colombia”. Conservaba entre recuerdos más queridos, un cuadro de Obregón; los libros que le firmó su amigo Gabriel García Márquez, a los que Obregón les pintó flores. Con Gabo se tomaba unos wiskis cuando iba a Cartagena. Y no olvidaba: “un día bailé con la diva Rita Hayworth. Me impactó tanto estar tan cerca de ella, que me temblaban las piernas”.
Salvo fue durante más de medio siglo: líder cívico, columnista crítico; director de cine y TV, actor de cine, teatro y televisión; productor ejecutivo, guionista, musicalizador, fotógrafo, publicista, presentador de televisión corresponsal de Cromos y del periódico El Tiempo, periodista de Viva FM y también hizo comerciales, para Marlboro. Pero su mayor experiencia fue como actor de cine,
Fue un amante hijo adoptivo de Cartagena de Indias, desde cuando llegó allí en 1968, “de la mano del famoso actor estadounidense Marlon Brando. Salvo Basile nació en Nápoles, ciudad cuna del Barroco, que según él: “Se parecía a La Heroica”. Y con la que tenía más sentido de patria chica que cualquier cartagenero. Le dolían en el alma los problemas que afectan a “su Cartagena”.
Salvo recuerda cuán afectada se vio su familia, su ciudad y su país durante la Segunda Guerra Mundial, luego de que, Benito Mussolini (el Duce), hizo alianza con Hitler; la cual terminó cuando el Rey Víctor Emmanuel II, firmó un armisticio y alineó a Italia con los Aliados, y le declaró la guerra a Alemania.
Una respuesta de Salvo, refleja cómo vivió la guerra: “El primer día que comí algo consistente tras cinco años de guerra, no había comida para nadie, fue el 20 de septiembre de 1944, en casa de mi tía Concetta, después de que los ejércitos aliados declararon a la arruinada Nápoles ‘ciudad abierta’, luego de 600 bombardeos que dejaron decenas de miles de muertos”.
Cartagena fue su patria chica y siempre la defendió. Allí denunció las injusticias, abusos, y pecados cometidos contra ella, y sentenció: “A Cartagena se la están robando. El clientelismo y el nepotismo son prácticas comunes. Pero, si no la acabaron piratas ni ejércitos extranjeros, no la van a acabar cuatro gatos corruptos.
Cada vez que Salvo escribía reafirmaba su conciencia social: “No puedo creer que haya gente que está conforme con los datos infames de la tenencia de la tierra en Colombia. y de la pobreza extrema. 24 millones de colombianos no logran los tres ‘golpes’ diarios. El déficit de vivienda afecta uno de tres hogares” Lo decía con amor
En su columna de El Tiempo, con el título, ‘Las garras sobre la ciudad’, escribió: “Mi patria chica está en peligro la declaratoria de patrimonio de la humanidad, de la Unesco, debido al adefesio Acuarela, construido en el área de influencia del Castillo San Felipe. ¿Dónde estaba el Instituto de Planeación cuando lo aprobaron?
En sus columnas de El Tiempo, inculpaba por todo lo malo de Cartagena, “a la sociedad civil, a los ricachones, a los intelectuales. Y a los foráneos que compran casas aquí y le dan la espalda a la ciudad”. En esa tribuna denunció a los responsables de las desdichas de su ciudad reiterando: “Nos estamos tirando a Cartagena que era una ciudad de paz, hoy es otra cosa”.
La noche que premiaron su vida y obra, fue ovacionado
Una vez pensó lanzarse para ser un buen concejal, pero desistió. prefirió su misión fiscalizadora. Fustigó a los corruptos y, “a las inmensas moles de cemento que agreden, irrespetan y contaminan la imagen histórica de la gran fortaleza amurallada. “El edificio Acuarela y 16 edificios construidos con falsas licencias enturbian la visual del castillo más bello de América. Y más de la mitad del concejo municipal “hace cola para aumentar el hacinamiento en la cárcel de Ternera”.
Salvo, vivía actualizado, era afiebrado a las noticias, a ver películas, a la televisión; a leer; al computador; al celular y a la tableta. En febrero de 2019, casi al cumplir 79 años, recibió el Premio del Festival Internacional de Cine de Cartagena “A su vida y obra”, como director y productor ejecutivo, actor de cine, teatro y televisión; y como director audiovisual por más de medio siglo. Esa noche fue ovacionado.
Basile, fue reconocido como un buen columnista de El Tiempo, fue presidente honorario de la Asociación Nacional de Festivales, de un Comité de Fomento, y cuatro veces de la Junta directiva del Festival de Cine de Cartagena. también Y también formador de cine en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en esa ciudad.
Dos de las cosas más importantes que dejó, fue su “cafetera napolitana y su hamaca, que lo hiso feliz.”. En su estudio seguía en la madrugada las noticias, o escribía. Sentía sobresaltos cuando recorría el centro amurallado en su bicicleta; por, “el desagrado de ver el deterioro de la ciudad”. Pero decía, a pesar de todos sus problemas, Cartagena sigue siendo un paraíso”.
El moderno defensor de Cartagena devolvió la película de su propia vida: “Desde cuando llegué a esta ciudad mágica en noviembre de 1968, la gente siempre me demostró su aprecio. No dudé de mi elección: el único riesgo que asumí fue la felicidad, y por eso me quedé aquí, donde encontré el amor”. Curiosamente, 40 años después protagonizó una campaña de imagen de Colombia: “El riesgo es que quieras quedarte”. Pero conservó su acento italiano.
William Walker (Marlon Brando), agente inglés llegó a la isla caribeña, Queimada, para gestar una revuelta contra los portugueses, no para apoyar la independencia de los nativos, sino paraque Inglaterra sustituyera a Portugal como potencia colonialista. Según Salvo, “La filmación se realizó entre noviembre de 1968 y agosto de 1969. Se rodó en Cartagena Santa Marta, Marrakech, y Saint Malo, Francia. Y actué con Marlon Brando, Evaristo Márquez, Alejandro Obregón, Renato Salvatori, Dana Ghia, Giampero Albertini, y Carlo Palmuchi”.
Cuando el corpulento napolitano llegó a Cartagena, anota; “Aún era un pueblo con una ciudad amurallada en el olvido. Ese día sobrevolamos el aeropuerto, íbamos a tocar pista, pero se abortó el aterrizaje. No sabíamos qué pasaba, hasta después, cuando el capitán nos contó que un verraco toro se salió del corral y apareció no sé de dónde carajos, embistiendo a la gente. Todos pegados a las ventanillas, lo único que pudimos ver fue unos militares y civiles corriendo. Luego de aterrizar nos salió un sonoro grito de la garganta y un aplauso inmenso: habíamos llegado a Macondo”
Cuando todavía no nos reponíamos de la sorpresa, entre las brumas del atardecer tropical apareció como en un sueño la ciudad vieja, las murallas imponentes, los cañones y las casas con balcones. La bahía gozaba de un mar incontaminado, pulcro, distinto al hoy deteriorado por los enemigos del medio ambiente”.
El suyo fue, de verdad, un amor de película
“En Cartagena nacieron mis dos amores a primera vista: uno, por la ciudad que me impactó el alma, porque era un paraíso; y el otro, por Jackeline Lemaitre, la mujer que me robó el corazón cuando la vi por primera vez en el Club Cartagena. En ese momento la enfoqué con una cámara, la vi a través del lente, y pensé inmediatamente: “Ella va a se. Solo siete meses de noviazgo bastaron para cambiar mi forma de vida, mi peregrinar, a Italia, y una carrera en el cine internacional”.
Salvatore y su esposa cumplieron más de medio siglo de casados. El expresó: “Este mágico país me otorgó los bienes más preciados de mi vida; mi esposa, mis hijos, mis nietos y la nacionalidad colombiana”. Todo eso lo hace feliz Recordaba: “Quemada, me regaló la amistad entrañable de Alejandro Obregón. A él le pedí: “bautíceme el pelado, y Alejo aceptó, fue padrino de mi primer hijo”.
Salvo también contó: “A mí m adoptó Hernando Santos Castillo, director de El Tiempo. Hernando me preguntó qué era lo que quería hacer. Yo pensaba en el cine, o en la publicidad; y más me demoré en responderle que él en hacer una llamada. Habló con alguien y cuando colgó, me dijo: “tienes cita el lunes con el director creativo de la agencia Leo Burnett” ¡Y entré a trabajar allí”!
Comenta: “Cuando llegué, el centro histórico de Cartagena era conservado en su esencia tropical, no como ahora que parece una ‘Disneylandia’ de reconstrucciones ‘acachacadas’, y con edificaciones que ofenden su arquitectura original”.
“Este castillo también es mío”
Aguerrido, francote, escribió bajo el título de ‘Este castillo también es mío”, sobre el edificio Acuarela: “La construcción de este edificio es un atentado a la historia y a la tradición cartageneras. Es un embuchado de 30 pisos; máxima culpa. ¿Dónde están los alcaldes y los genios que son capaces de parar la construcción de una casita, pero ignorar semejante ofensa al monumento militar más importante de Américas?”
El auténtico de Basile por Cartagena es muy superior al que le profesa la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Sus palabras habladas y escritas dicen lo que muchos prefieren callar: “Soy de esa generación que llegó a decirle a los cartageneros: ‘oye, esa Ciudad Amurallada que tienen allí es un tesoro, hay que rescatarla”.
Como líder social fue un solidario benefactor convencido de que, “la única guerra que hay que declarar es contra el hambre. Bacile, consultor del Banco de Alimentos de Colombia, contaba: “Hemos llegado a 800.000 personas, pero eso no es nada frente al problema tan grave que vive la gente; ocho millones atraviesan una situación demasiado difícil”. Decía: “Es increíble que en un país agrícola los niños se estén muriendo de hambre en Cartagena, en la Guajira o en el Chocó. Entre muchas acciones solidarias organizó con sus “hinchas”, un “banquete caribeño” para los niños pobres del barrio San José de los Campanos.
Una vida dedicada a la actuación
en el cine y en la televisión
“Luego de Quemada, en 1968, actué en la película Sentado a su derecha, en el papel de un guardia carcelario corrupto”. Y contó: “los atractivos naturales, históricos, geográficos y arquitectónicos de Cartagena, atraían a directores y productores. En sus calles filmación de películas y han caminado grandes artistas como: Greta Garbo, Rita Hayworth, Marlon Brando, Robert de Niro, Catherine Deneuve, Bud Spencer, Terence Hill, Franco Nero y mucho otros famosos.
Basile quien conoció a Jack Nicholson, Catherine Deneuv, Robert De Niro, Bernardo Bertolucci y que fue amigo de Marlon Brando, dijo una vez. “En Colombia hacemos cine a la par de Hollywood; con efectos especiales, musicalización, y sonido. Quemada medio siglo atrás promovió a Cartagena y la convirtió en una especie de Hollywood caribeña. Y fíjese, con algunas películas igualamos a grandes producciones gringas. En nuestro mapa global de locaciones, filmaron: Tom Cruise, Nicolás Cage, Mark Wahlberg, Ang Lee, Will y Jaden Smith” y muchos otros”
Salvatore actuó con Robert de Niro, en La Misión; en Crónica de una muerte anunciada y en El amor en los tiempos del cólera. El, contó: “Me inicié en el teatro, como actor de clásicos griegos a la edad de 23 años. Luego pasé a la comedia musical, exitosa experiencia que lo llevó a 66 ciudades de Italia, interpretando al personaje Batman, junto a Aldo Fabrizio. “Interpretaba en esta obra también a un actor joven, a un cantante de Cabaret y a un marido cornudo”.
Participó en películas nacionales e internacionales, como: El Mercenario; Dos misioneros, (de Franco Rossi); Venganza; Un amigo es un tesoro; Días de fortuna; Un caballo llamado elefante, El acompañante, Fue productor y protagonista de El cielo, dirigida por su hijo Alessandro; en, “I don’t understand”; Ganster 70, Dos misioneros, de Franco Rossi; Venganza; Un amigo es un tesoro, El amor en los tiempos del cólera y en Lecciones para un beso. Fue actor y asistente de dirección de: Érase una vez en América, Holocausto Caníbal. Y fue actor, asistente de dirección y coproductor ejecutivo de Cobra Verde. Actuó también en Banana Joe, Dos granujas en el Oeste, Cobra Verde y La Misión.
Fue director o asistente de dirección de las películas: Quemada; Dos misioneros; El súper sheriff; Crónica de una muerte anunciada, Paganini, Grito de piedra; Cera una volta il West; Gungala la pantera nuda; Reino de los cielos. Fue actor y productor ejecutivo de las películas de Sergio Cabrera: Ilona llega con la lluvia, Águilas no cazan moscas, y La estrategia del caracol. También de: Un Caballo llamado Elefante; Piloto; El amor en los tiempos del cólera.
Inició su vinculación a la televisión como productor de RTI. Debutó como actor en este medio en 1989, encarnando a un rudo pirata de la telenovela Calamar, al lado de uno de sus amigos, Carlos Muñoz y de Margarita Rosa de Francisco, con quien actuó también en, Café, con aroma de mujer. Fue actor en otras telenovelas como: Prisioneros del amor, Pobre Pablo, Sofía dame tiempo, Las trampas del amor, La luz de mis ojos, Prisioneros del amor, ¡Ay cosita linda mamá!, Las noches de Luciana. Actuó en la miniserie Nostromo y últimamente era presentador y productor ejecutivo del programa Sinergia, de Telecaribe.
“Ser abuelo me ha hecho más sensible a la niñez, ahí es donde debemos trabajar para cambiar el futuro de Cartagena y transformar esta ciudad”. Él amaba la vida, “porque: es un don, un regalo muy grande que nos dio mi Dios”. Y decía con fe: “Yo voy a hacer cualquier esfuerzo para no morir”.
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