Con el inicio de la temporada de lluvias en varias regiones del país, Colombia entra en uno de sus periodos más sensibles en materia de salud pública: el aumento de las infecciones respiratorias agudas (IRA), un fenómeno que no solo presiona al sistema de salud, sino que comienza a trasladar sus efectos al entorno empresarial.
En los primeros meses del año, el país ha superado los 1,2 millones de atenciones por enfermedades respiratorias en consulta externa y urgencias, según el Instituto Nacional de Salud. La circulación simultánea de virus como influenza, COVID-19 y virus sincitial respiratorio, sumada a condiciones de alta humedad, cambios de temperatura y mayor interacción en espacios cerrados, está acelerando el riesgo de contagio.
El comportamiento no es aislado. En ciudades como Bogotá, cerca del 60 % de los casos de infecciones respiratorias se concentran durante las temporadas de lluvias, según el Observatorio de Salud de Bogotá, lo que confirma la relación directa entre factores climáticos y la propagación viral.
La presión no recae únicamente sobre el sistema de salud. El aumento de enfermedades respiratorias comienza a impactar la operación de sectores clave para la economía colombiana.
El sector servicios, que incluye comercio, turismo, restaurantes, transporte y servicios financieros, representa cerca del 60 % del PIB nacional, según el DANE, y concentra una parte significativa del empleo formal: solo el turismo, por ejemplo, registró 178 proyectos de inversión extranjera a cierre de 2025, con una proyección de más de 48.800 nuevos empleos, de acuerdo con ProColombia.
En este contexto, el ausentismo laboral se convierte en un riesgo operativo. Cifras de la ANDI indican que las empresas en Colombia asumen en promedio costos cercanos a $48.414 mensuales por trabajador asociados a ausencias laborales, lo que equivale a más de $580.000 al año por empleado. En temporada alta de circulación viral, esta presión tiende a incrementarse, afectando la productividad, elevando los costos de reemplazo y generando sobrecarga en los equipos de trabajo.
Sectores de alto tráfico como comercio, educación, salud y servicios son particularmente vulnerables, ya que dependen de la continuidad operativa y del contacto directo con los usuarios.
La brecha en higiene: el punto crítico en espacios de alta concurrencia
Aunque las autoridades sanitarias insisten en el lavado frecuente de manos como una de las principales medidas de prevención, su implementación efectiva sigue enfrentando barreras en espacios de alta afluencia.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, una adecuada higiene de manos puede reducir en más de 20 % los cuadros de infecciones respiratorias. A su vez, estudios de la Universidad de Westminster evidencian que las toallas de papel de un solo uso eliminan hasta el 77 % de las bacterias residuales tras el lavado.
Sin embargo, en muchos entornos laborales y comerciales aún predominan sistemas de dispensación abiertos, donde múltiples personas manipulan el mismo insumo, aumentando los puntos de contacto y limitando la efectividad de las medidas de prevención.
Dispensación controlada: una decisión estratégica antes del pico de contagios
En este escenario, la infraestructura de higiene deja de ser un aspecto operativo y se convierte en una variable estratégica para las empresas.
“El reto no es solo promover el lavado de manos, sino garantizar que los espacios permitan hacerlo de forma segura. Muchos entornos de alta concurrencia siguen operando con dispensadores abiertos que implican contacto compartido, lo que aumenta el riesgo de transmisión. Los sistemas de dispensación controlada, donde cada persona toca únicamente lo que va a usar, son una alternativa que permite alinear la infraestructura de higiene con las recomendaciones de prevención”, señala Felipe Gómez, director de Negocios de Higiene Profesional en Tork Andina-Caribe.
El modelo de dispensación controlada, que entrega una sola unidad por uso y mantiene el resto del insumo sellado, ya es estándar en Europa y Norteamérica. Además de reducir el riesgo de contagio, estos sistemas generan eficiencias operativas relevantes.
Bajo este enfoque, Tork, antes Familia Institucional, ha desarrollado un portafolio de soluciones de higiene profesional basado en sistemas de dispensación controlada para secado de manos, papel higiénico, jabones y servilletas, lo que permite reducir los puntos de contacto entre usuarios, proteger el insumo y minimizar el desperdicio.
Según datos de la compañía, este tipo de sistemas puede reducir el consumo de insumos entre un 35 % y un 40 % frente a métodos convencionales, así como disminuir los tiempos de recambio hasta en un 50 %. A esto se suma un factor clave en la experiencia del usuario: el 74 % de las personas espera encontrar baños limpios en establecimientos comerciales, aunque solo el 12,5 % afirma encontrarlos en esas condiciones, lo que puede impactar directamente la lealtad del consumidor.
“En Colombia, donde gran parte de la economía depende de sectores con alta interacción presencial, el impacto del ausentismo por enfermedades respiratorias puede ser significativo. La clave está en anticiparse: no sólo con medidas como el lavado de manos, sino asegurando que los espacios cuenten con infraestructura adecuada que reduzca los puntos de contacto y facilite hábitos de higiene efectivos”, concluye Felipe Gómez, director de Negocios de Higiene Profesional en Tork Andina-Caribe.
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