Por Mauricio Salgado Castilla @salgadomg
Todavía recuerdo perfectamente el año 1974. Estudiaba Ingeniería Eléctrica y cursaba una de las materias más exigentes de la carrera: Estática. Como todos los estudiantes de ingeniería de aquella época, llevaba conmigo una excelente regla de cálculo Faber-Castell 2/62. Era una herramienta extraordinaria. Aprender a utilizarla requería disciplina, precisión y muchas horas de práctica.
Entonces ocurrió algo que cambió nuestra forma de trabajar. Recibí mi primera calculadora científica. Todavía recuerdo la emoción de aquellos días. No pensé que aquella pequeña máquina fuera a reemplazar mis conocimientos. Lo que comprendí muy rápidamente fue que me permitía dedicar mucho menos tiempo a realizar operaciones repetitivas y mucho más tiempo a comprender el verdadero problema que tenía delante.
Mi querida regla de cálculo terminó cuidadosamente guardada en un cajón. No porque hubiera dejado de ser una magnífica herramienta, sino porque había llegado otra capaz de potenciar mis capacidades.
Nunca imaginé que, más de cincuenta años después, volvería a experimentar exactamente la misma sensación.
Esta vez no fue una calculadora: fue ChatGPT.
Durante los últimos meses he escuchado innumerables debates sobre la inteligencia artificial. La mayoría hablan de los empleos que podrían desaparecer, de las profesiones que cambiarán o de los riesgos que traerá esta nueva tecnología. Son conversaciones importantes y necesarias, pero creo que estamos dedicando muy poco tiempo a hablar de otra posibilidad.
¿Qué ocurre cuando una persona y una inteligencia artificial trabajan juntas con el propósito de ayudar a otras personas?
Tengo más de setenta años. Después de toda una vida dedicada a la ingeniería, la consultoría, la estrategia, la educación y el desarrollo humano, pensé que ya había vivido las grandes revoluciones tecnológicas de mi generación. Vi aparecer los computadores personales, Internet, los teléfonos inteligentes y muchas otras innovaciones que transformaron nuestra manera de trabajar.
Sin embargo, la inteligencia artificial ha sido diferente.
No porque haga mi trabajo, sino porque ha ampliado mi capacidad para desarrollar ideas.
La calculadora científica multiplicó mi capacidad para resolver cálculos. La inteligencia artificial ha multiplicado mi capacidad para organizar conocimientos, escribir, revisar, investigar, comparar alternativas y convertir ideas en proyectos que antes parecían imposibles para una sola persona.
Confieso que nunca imaginé que, después de los setenta años, estaría participando activamente en el diseño de aplicaciones, comprendiendo conceptos de programación y construyendo experiencias digitales. Siempre pensé que ese era un mundo reservado para programadores y especialistas.
No me convertí en programador. Sigo admirando profundamente a quienes dedican años a dominar esa profesión. Lo que ocurrió fue mucho más interesante: por primera vez sentí que podía conversar con una herramienta capaz de ayudarme a transformar una visión en un proyecto concreto.
Mi experiencia sigue siendo la misma. Las ideas nacen de mi historia, de mis errores, de mis aciertos y de miles de personas con las que he trabajado durante toda una vida. La inteligencia artificial no reemplazó esa experiencia. Simplemente le permitió llegar mucho más lejos.
Durante años fui escribiendo artículos, desarrollando metodologías, dictando conferencias y publicando libros con un mismo propósito: ayudar a las personas a conocerse mejor y desarrollar todo su potencial. Así nació Conocerme.info.
Con el tiempo fueron apareciendo libros como Conocerme después de los 50, pensado para quienes desean redescubrir quiénes son en una nueva etapa de la vida, y Armonía Estratégica, una propuesta para fortalecer el pensamiento estratégico y tomar mejores decisiones.
Durante mucho tiempo pensé que esas serían las principales herramientas para compartir ese conocimiento. Pero la inteligencia artificial abrió una posibilidad completamente nueva.
Comenzó a nacer DESCÚBRETE.
No como otro libro. No como otro curso. Sino como una experiencia interactiva diseñada para ayudar a las personas a entenderse, apreciarse y valorarse como nunca antes. Una experiencia que busca acompañar a cada persona para descubrir quién es realmente, reconocer sus fortalezas, comprender mejor su forma de pensar y encontrar un camino de mayor bienestar.
Hace apenas unos años, desarrollar un proyecto de esta magnitud habría requerido un equipo completo de programadores, diseñadores, ilustradores, redactores y especialistas trabajando durante meses o incluso años.
Hoy he podido participar directamente en su construcción gracias a una nueva forma de colaboración. No porque la inteligencia artificial haya reemplazado el conocimiento humano, sino porque ha permitido que la experiencia acumulada durante toda una vida pueda convertirse en algo mucho más grande de lo que una sola persona habría podido construir por sí misma.
Eso cambió completamente mi manera de entender esta tecnología.
Muchas personas me preguntan si la inteligencia artificial reemplazará a los seres humanos. Yo prefiero hacer otra pregunta: ¿cómo podemos trabajar juntos para crear soluciones que antes no eran posibles?
Porque esa es, en mi opinión, la verdadera oportunidad. No se trata únicamente de automatizar tareas. Se trata de sumar capacidades, potenciar la creatividad y liberar tiempo para pensar mejor. Se trata de utilizar la tecnología para poner décadas de experiencia al servicio de muchas más personas.
Por supuesto, la inteligencia artificial también plantea desafíos importantes. Como toda gran innovación, exige responsabilidad, pensamiento crítico y un uso ético. No debemos ignorar esos retos. Pero tampoco deberíamos dejar que el miedo nos impida descubrir todo el bien que puede generar cuando se utiliza con un propósito profundamente humano.
Quiero terminar este artículo expresando un agradecimiento. A las miles de personas que durante años dedicaron su inteligencia, creatividad y esfuerzo para desarrollar tecnologías como ChatGPT. Investigadores, ingenieros, científicos, diseñadores y muchos otros profesionales hicieron posible una herramienta extraordinaria.
Mi forma de agradecerles no es únicamente escribir estas palabras. Mi manera de hacerlo es utilizar esa herramienta para intentar construir algo que ayude a otras personas.
Si Conocerme.info, los libros Conocerme después de los 50, Armonía Estratégica y ahora DESCÚBRETE logran que alguien se comprenda mejor, fortalezca una relación, descubra un talento olvidado o encuentre un nuevo propósito para su vida, ese será también un reconocimiento al trabajo colectivo de quienes hicieron posible esta tecnología.
En 1974 una calculadora científica cambió la manera como resolvía cálculos.
En 2026 la inteligencia artificial cambió la manera como desarrollo mis ideas.
Pero el mayor cambio no ha sido tecnológico.
Ha sido descubrir que todavía podía hacer realidad proyectos que durante años pensé que solo podía imaginar.
Y ese es, quizás, el mensaje que realmente quiero compartir.
No importa si tiene treinta, cincuenta o setenta años. Todos guardamos algún sueño que hemos ido aplazando porque creemos que ya pasó el momento, porque pensamos que no tenemos los conocimientos suficientes o porque imaginamos que ciertos proyectos están reservados para otros.
Ojalá este artículo no lo motive únicamente a conocer la inteligencia artificial.
Ojalá lo motive a creer nuevamente en usted.
A escribir ese libro que lleva años pensando.
A iniciar ese emprendimiento.
A crear esa aplicación que imaginó tantas veces.
A desarrollar ese proyecto que siempre creyó fuera de su alcance.
Porque algunas veces no necesitamos una vida completamente nueva.
Solo necesitamos una nueva herramienta que nos permita descubrir que todavía somos capaces de hacer realidad aquello que durante años solo nos atrevimos a soñar.
Y si eso ocurre, entonces la tecnología habrá cumplido su mejor propósito: no reemplazar a las personas, sino ayudarles a descubrir todo lo que aún pueden crear.
conocermedespuesdelos50@gmail.com
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