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Blas Emilio Atehortúa: siempre presente

«El maestro Blas Emilio Atehortúa es uno de los grandes baluartes de la composición clásica de Colombia. su vida estuvo ligada a la cátedra, al Conservatorio de la Universidad Nacional, merecedor de docenas de premios, no sólo en nuestro país sino a nivel internacional y además, estuvo ligado a la televisión educativa y su obra es destacada por su inigualable calidad», reseñó César Ahumada, gerente general de Sayco.

En homenaje al maestro, transcribimos la reseña que hizo de él Banco de la República.

Una biografía de la Enciclopedia del Banco de la República

Blas Emilio Atehortúa Amaya (1930?-2020) nació en El Plan, vereda del corregimiento de Santa Elena en Medellín (Departamento de Antioquia). Existen varias fechas posibles de nacimiento: en 1930 (día y mes sin identificar, posiblemente el 5 de octubre), el 5 de octubre de 1933 y el 22 de octubre de 1943. La primera fecha se conoce gracias a investigaciones recientes de musicólogos colombianos, que dan cuenta del año más factible de nacimiento; la segunda fecha aparece en textos de Gérard Béhague, Andrés Pardo Tovar y en los programas de mano de la OSC entre 1961 y 1974; y la tercera fecha es la que puso el compositor en sus manuscritos a partir de 1978, que utilizó Susana Friedmann en sus trabajos biográficos (1997 y 2011), y que también aparece en los programas de mano de la OSC, la OFB y el Banco de la República desde 1989 hasta 2020. Se casó con la bailarina y coreógrafa Sonia Arias en 1993. Murió en Bucaramanga el 5 de enero de 2020 por insuficiencia cardiaca.

Compositor, director de orquesta y profesor universitario. Blas Emilio Atehortúa es uno de los compositores colombianos del siglo XX más reconocidos en América Latina y Estados Unidos. Su extenso catálogo incluye obras de concierto para solista, ensamble, música de cámara, coro, banda sinfónica, orquesta sinfónica y música electrónica; también compuso música incidental para teatro, ballet, cine y televisión, además de varios arreglos de concierto y pedagógicos. Fue miembro directivo de la Orquesta Sinfónica de Colombia (OSC) y de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB), director del Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, vocal del Consejo Interamericano de Música (CIDEM), conferenciante y profesor de la División de Música de la Organización de los Estados Americanos, profesor del Conservatorio de Música Simón Bolívar y director de la Cátedra Latinoamericana de Composición del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela de la Fundación Musical Simón Bolívar.

En su lenguaje musical hay una fusión de procedimientos y técnicas de composición que aprendió en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales – CLAEM. Utilizó un tipo de escritura cromática, heredada del dodecafonismo y del serialismo de sus maestros italianos. En sus partituras combinó secciones métricas y amétricas, que usamos para diferenciar entre partes obligadas y libres, siguiendo un concepto estético de la música barroca, desde una nueva perspectiva. Es frecuente encontrar en sus obras, diferentes aplicaciones de la proporción áurea, sea para relacionar los tiempos metronómicos, o para proporcionar la duración de movimientos o secciones. En general, hay un uso constante de formas y estructuras de la música de los siglos XVII y XVIII, que le sirvieron como referente para elaborar sus propios experimentos compositivos.

Estudios musicales

Inició sus estudios musicales con clases particulares de teoría y solfeo con Ruth Muñoz; de violín, viola y armonía con Bohuslav Harvanek; y de composición con el sacerdote Andrés Rosa, quien fue además su profesor de armonía, contrapunto, fuga y composición en la Escuela de Bellas Artes de Medellín, institución en la que estuvo dos años (1955-1956). Durante esta época continuó recibiendo clases particulares con Bohuslav Harvaneck y Joseph Matza, ambos de nacionalidad checa. Ingresó al Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia en 1959; Estudió composición con Fabio González Zuleta, instrumentación para banda con José Rozo Contreras, dirección de orquesta y coro con Olav Roots, armonía y contrapunto con Antonio Benavides e historia de la música con Andrés Pardo Tovar. Recibió su título en 1962 con su obra Obertura simétrica, Op. 17 misma que presentó para ingresar al Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales – CLAEM, del Instituto Torcuato di Tella en Argentina.

Durante el bienio 1963-1964, Atehortúa estudió composición con Alberto Ginastera y Gerardo Gandini, composición con medios electrónicos con Francisco Kröpfl, Horacio Raúl Bozzarello, Enrique Belloc y Fernando von Reichenbach; historia y estética contemporánea con Amalia Suárez Uturbey. También recibió clases magistrales y conferencias especializadas con Ricardo Malipiero, Olivier Messiaen, Aaron Copland, Edgar Willems, Karl Andreas Wirtz, Odón Alonso, José Vicente Asuar, Gilbert Chase, Luigi Dallapiccola, Bruno Maderna, Joaquín Achúcaro, John Vincent, Maurice Le Roux y Lauro Ayestarán.

Viajó a los Estados Unidos en 1965 como estudiante del Proyecto de Jóvenes Artistas del Institute of International Education –IIE. Estudió composición con Aaron Copland en Nueva York y se entrevistó con Darius Milhaud en el Mills College de California. Realizó además una serie de conferencias en Tulane University (Nueva Orleans) e Indiana University (Bloomington), en donde participó en la Conferencia Interamericana de Música de la OEA. Gracias a este viaje, abrió además una extensa y fructífera relación con la American Wind Symphony Orchestra (Pittsburg) y su director —Robert Austin Boudreau—, a quien le dedicó varias de sus obras para banda sinfónica. Regresó al CLAEM en 1966 con una beca de la OEA, para seguir con Ginastera, y fue admitido como estudiante un último bienio (1967-1968). En esta segunda etapa, Atehortúa recibió clases en 1966 con Iannis Xenakis, Earle Brown, Robert Stevenson; en el bienio 1967-1968 estudió con Cristóbal Halfter, Luigi Nono, Hans Heinz Stuckenschmidth, Vladimir Ussachevsky, Roman Haubenstock-Ramati y Gilbert Amy.

Relación con la Organización de los Estados Americanos –OEA

Como otros compositores y músicos de su generación, Atehortúa fue beneficiario de sólidas políticas culturales en cabeza de diferentes organizaciones internacionales como la División de Música y el Consejo Interamericano de Música de la Organización de Estados Americanos (OEA); el Consejo Internacional de Música de la UNESCO y el Instituto de Cultura Hispánica, que recibieron aportes económicos de la Fundación Ford y la Fundación Rockefeller.

Siendo estudiante del CLAEM, participó como director y compositor en el V Festival de Música Contemporánea, en 1966; y dirigió en estreno las obras de cámara de sus compañeros de estudio, así como de sus propias obras, en Buenos Aires en los años 1963, 1964, 1966 y 1967. Asimismo, todos ellos fueron invitados a participar en el II Festival Panamericano de Música (México, 1963), I Festival de Música de las Américas (Río de Janeiro, 1969), II Festival de Música de Guanabara (1970), y III Festival de Música de América y España (Madrid, 1970). Asimismo, la División de Música de la OEA le ofreció tres comisiones en 1968, 1971 y 1987 para el Festival Interamericano de Música, que correspondieron a sus obras Concertante para timbales y orquesta de cámara, Op. 35 (1968), Diagramas, op. 49 (1971), y Brachot para Golda Meir, op. 109 (1982). De igual forma, participó como director invitado para la cuarta y quinta versión de este festival, en 1968 y 1971.

Se vinculó a la OEA en 1965 y dictó conferencias y cursos en el Instituto Interamericano de Educación Musical (1978-1979), como también en el Primer Seminario Internacional de Educación Musical —Zona Pacífico— en La Paz. A mediados de la década de 1980 fue compañero como vocal del Consejo Interamericano de Música (CIDEM), período en el que entró a ser miembro del Consejo Nacional de Música en Colombia. En 1983, el CIDEM le encargó una obra para conmemorar el primer aniversario de fallecimiento de Ginastera, componiendo para la ocasión su Sinfonía-Elegía para Alberto Ginastera, Op. 125; en mayo de 1988 participó en una convocatoria del CIDEM para componer una serie de dúos que sirvieron de ‘obra impuesta’ en diferentes concursos de interpretación en Canadá; a esta serie pertenecen sus obras Canción del viento, Op. 48 No. 1 y Canción de Sergio Stepansky, op. 48 No. 2 para voz y piano sobre textos de León de Greiff; Cuatro piezas líricas, op. 148 N° 3 para piano; y seis dúos concertantes para flauta (Op. 149, No. 1), oboe (Op. 149, No. 2), violín (Op. 150, No. 1), violonchelo (Op. 150, No. 2), saxofón (Op. 151, No. 1) y corno (Op. 151, No. 2) todos con acompañamiento de piano. Luego, en 1989 compuso su Sinfonía para piano y orquesta, Op. 155 que dedicó al pianista Carlos Duarte y la obertura festiva Armenia, Op. 157 con motivo del centenario de fundación de esta ciudad; dos años después, compuso su Concierto No. 2 para piano y orquesta, Op. 171 que estrenó en Washington. En 1993 el CIDEM le encargó su Concertino para piano y orquesta de cuerdas, Op. 176 que estrenó en Buenos Aires con la pianista Sara Wolfenson bajo la dirección de Mario Benzecry.

Carrera como director

Terminando sus estudios en el CLAEM fue invitado a dirigir la Orquesta Sinfónica Nacional (La Paz, 1968); la Orquesta Sinfónica de Trujillo (Perú, 1968); y la Orquesta Sinfónica Municipal (Río de Janeiro, 1969). Entre 1963 y 1968 fue invitado por Olav Roots a dirigir en ocho ocasiones la Orquesta Sinfónica de Colombia. Con esta orquesta estrenó trece de sus obras, algunas interpretadas en más de una ocasión; es el caso de Apu Inka Atahualpamán, op. 50; Concertante para timbales y orquesta de cámara, op. 35; Estudios sinfónicos, op. 36; y el Concierto para timbales y orquesta, op. 12. En 1968 fundó la Orquesta Colombiana de Arcos, con el apoyo de los violinistas Gustavo Kolbe y Mauricio Cristancho, y del violista Ernesto Díaz —todos ellos músicos de la OSC—, lo que le permitió hacer el estreno en Colombia de varias obras suyas, como Relieves, Op. 32; Divertimento a la manera de Mozart, Op. 43; Concertino para dos violines, cembalo y orquesta de arcos, op. 47; Partita 72, op. 52; y los Pastiches, en el estilo de Vivaldi (Op. 56 No.1) y en el estilo de Haydn (Op. 56 No.2). Fue además director artístico de la Orquesta Filarmónica de Bogotá junto al violista Ernesto Díaz y los compositores Francisco Zumaqué y Jesús Pinzón Urrea. Para esta institución hizo una serie de arreglos de música tradicional colombiana y obras originales para la orquesta y sus grupos de cámara.

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