Encontrar el ritmo adecuado favorece el bienestar y previene la sequedad en edades avanzadas
A partir de los 65 años, la piel cambia más de lo que solemos notar a simple vista. Pierde agua con facilidad, produce menos lípidos protectores y se vuelve más fina y sensible.
Esto hace que las rutinas que antes funcionaban, como ducharse cada día con agua caliente o usar jabones fuertes ahora puedan provocar sequedad, picor o enrojecimiento.
Mantener la comodidad sin dañar la barrera cutánea se convierte en una prioridad, y eso implica adaptar la frecuencia del baño.
El impacto del agua y del jabón en la piel
El agua caliente arrastra los aceites naturales muy rápido, y los limpiadores agresivos pueden alterar aún más la superficie de la piel. Incluso un frotado demasiado enérgico genera microlesiones que facilitan la irritación.
Más que ducharse con frecuencia, lo importante es hacerlo con suavidad, menos fricción, menos surfactantes, menos temperatura. Esto ayuda a conservar la humedad y reduce los molestos episodios de sequedad.
Ni todos los días ni solo una vez a la semana
La mayoría de las personas mayores de 65 años mantienen una higiene correcta y una piel más confortable con una ducha completa cada dos días. Este ritmo permite retirar sudor e impurezas sin eliminar los aceites esenciales que protegen la piel.
Los días intermedios basta con una limpieza específica de zonas clave como cara, axilas, ingles y pies, lo que mantiene el frescor sin sobreexponer el cuerpo al agua y al jabón.
Cómo cuidar la piel en los días sin ducha
Cuando no toca ducha completa, una limpieza precisa es suficiente para sentirse bien.
Lavar el rostro con agua tibia o un limpiador suave, refrescar axilas e ingles con un paño delicado, cuidar los pies evitando la humedad entre los dedos y mantener las manos limpias con un jabón suave ayudan a conservar la higiene sin irritar la piel.
Cambiar la ropa interior y los calcetines cada día también marca una gran diferencia, así como aplicar desodorante si se desea.
Productos y técnicas que respetan la piel madura
La fórmula ideal para proteger la piel consiste en agua tibia, duchas breves y secado suave. Los limpiadores deben tener pH equilibrado y evitar perfumes o colorantes innecesarios.
Tras la ducha, aplicar una crema rica en ceramidas, glicerina o vaselina ayuda a sellar la hidratación. Las zonas que más sufren son las espinillas, antebrazos y pies.
Adaptarse a la salud y al ritmo personal
Cada persona mayor tiene rutinas, limitaciones y necesidades distintas. Quienes conviven con artritis pueden beneficiarse de esponjas con mango largo o taburetes que reduzcan el esfuerzo.
Las personas con diabetes deben revisar y secar cuidadosamente los pies cada día. Y quienes tienen problemas de memoria necesitan rutinas simples, estables y con instrucciones claras, idealmente en ambientes cálidos y tranquilos.
Si la piel se irrita con facilidad, si aparecen erupciones recurrentes o si el mal olor regresa poco después del aseo, conviene consultar a un profesional.
Textos y fotos: www.elmundoalinstante.com
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