A lo largo de la vida, hombres y mujeres comparten muchos riesgos de salud. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que existen enfermedades que afectan con mayor frecuencia a las mujeres o que se manifiestan de manera diferente en comparación con los hombres.
Estas diferencias no solo responden a factores biológicos —como las hormonas, la genética o la respuesta del sistema inmunológico— sino también a factores sociales, estilos de vida y condiciones asociadas al ciclo reproductivo. Comprender estas particularidades permite fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento oportuno.
A continuación, revisamos cinco grupos de enfermedades que presentan una mayor frecuencia o impacto en la salud femenina.
1. Enfermedades autoinmunes: predominio claro en mujeres
Las enfermedades autoinmunes ocurren cuando el sistema inmunológico pierde la capacidad de distinguir entre tejidos propios y agentes externos, generando un ataque contra el organismo.
En este grupo se observa una de las diferencias más marcadas por sexo: aproximadamente el 80% de las personas diagnosticadas con enfermedades autoinmunes son mujeres.
Entre las más frecuentes se encuentran el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide, la esclerosis sistémica y la esclerosis múltiple. En el caso del lupus, por ejemplo, la enfermedad puede ser hasta nueve veces más frecuente en mujeres.
Este predominio femenino se asocia con factores hormonales, genéticos e inmunológicos. Además, la inflamación crónica que caracteriza a estas enfermedades puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, lo que hace fundamental un seguimiento médico integral.
2. Trastornos de salud mental: mayor prevalencia de depresión
La depresión es uno de los trastornos de salud mental más comunes en el mundo y afecta con mayor frecuencia a las mujeres que a los hombres.
Diversos estudios epidemiológicos han identificado que factores biológicos, hormonales y sociales influyen en esta diferencia, incluyendo cambios hormonales a lo largo de la vida —como el síndrome premenstrual, el trastorno disfórico premenstrual, el postparto y la transición menopáusica— así como la exposición a estrés psicosocial, representan etapas de mayor vulnerabilidad.
Desde la medicina cardiovascular, este tema cobra especial relevancia. La depresión y la ansiedad se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, menor adherencia a tratamientos médicos y una recuperación más lenta después de eventos cardiacos.
3. Osteoporosis: mayor riesgo tras la menopausia
La osteoporosis es una enfermedad caracterizada por la pérdida acelerada de masa ósea, lo que aumenta el riesgo de fracturas.
En mujeres, el riesgo aumenta significativamente en los primeros años posteriores a la menopausia debido a la disminución de los niveles de estrógenos, una hormona clave para el mantenimiento de la masa ósea.
Se estima que alrededor del 80 % de las personas con osteoporosis son mujeres, y que una de cada tres mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura osteoporótica a lo largo de su vida.
La prevención incluye actividad física regular, adecuada ingesta de calcio y vitamina D, evitar el tabaquismo y realizar controles médicos periódicos que permitan identificar la enfermedad de manera temprana.
4. Alzheimer y otras demencias: mayor proporción en mujeres
Las enfermedades neurodegenerativas, particularmente la enfermedad de Alzheimer, también muestran una mayor proporción de casos en mujeres.
Cerca de dos tercios de las personas diagnosticadas con Alzheimer son mujeres. La mayor esperanza de vida explica parte del aumento de casos, aunque estudios recientes sugieren que también intervienen factores biológicos, hormonales y genéticos
5. Riesgo cardiovascular en mujeres: diferencias que importan
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, tanto en hombres como en mujeres. No obstante, el riesgo cardiovascular en mujeres presenta características particulares que deben ser reconocidas.
Algunos factores de riesgo tradicionales —como la diabetes o el tabaquismo— pueden tener un impacto proporcionalmente mayor en mujeres. Además, existen factores específicos asociados a la salud femenina, como complicaciones durante el embarazo, menopausia temprana o síndrome de ovario poliquístico.
Reconocer estas diferencias es clave para implementar estrategias de prevención más precisas y personalizadas.
“La salud de la mujer requiere un enfoque integral. Factores hormonales, inmunológicos, metabólicos y cardiovasculares interactúan entre sí, por lo que la prevención y el seguimiento médico deben considerar estas particularidades para identificar riesgos de manera temprana”, explica la Dra. Diana Vélez, especialista en ginecología de LaCardio.
Comprender cómo se manifiestan estas enfermedades en las mujeres no solo permite mejorar el diagnóstico y el tratamiento, sino también fortalecer una cultura de prevención basada en información confiable, chequeos médicos oportunos y estilos de vida saludables.
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