Por Camilo Tovar Ramos – Grupo @LosPeriodistas
Con la partida de Hernando «El Mono» Tovar a los 89 años, se apaga el último aliento de la generación del Mundial de Chile 62.
Apenas tres días antes se había despedido Adelmo “Achito” Vivas, el arquero suplente de aquella gesta.
Con el “Mono” se cierra el capítulo del debut de Colombia en las copas del mundo.
El “Mono” resultó ser una rareza del destino. Habiéndolo conocido como una simple estampita en el primer álbum de colección de futbolistas, un buen día, muchos años después, la figurita —el mito inalcanzable de la infancia— adquirió vida, cobró cuerpo, se salió del papel y terminó al otro lado de la mesa compartiendo un café.
Gracias al periodismo, pasar de admirar a un ídolo de la niñez a tratarlo como contertulio en la madurez es una suerte formidable, una experiencia personal tan escasa como inolvidable.
Nacido en el horno de Girardot y moldeado en la gelidez de la Bogotá de entonces, el “Mono” era pura fibra. Tenía el carácter recio, la conversación grata e inagotable y una severidad que no aceptaba medias tintas.
En la cancha ejercía el abnegado oficio de volante de marca. Sostenía el medio campo de Santa Fe asegurándoles las espaldas a Miguel Reznik, Oswaldo Panzutto y Alberto Perazzo, mientras el arco estaba a cargo de Leonardo Bevilacqua con su icónico buzo a rayas.
Su misión era correr por los que no corrían, quitar la pelota sin aspavientos y bordar dos estrellas en el escudo cardenal bajo el frío inclemente de El Campín, mientras los demás se llevaban los aplausos y las fotos.
Con los guayos puestos
El fútbol nunca fue para él un asunto del pasado. Ya retirado, se convirtió en el eje silencioso de una barra entrañable que reunía a las glorias de su época con las que vinieron después.
Escucharlo era una lección magistral sin libreto ni artificios de alguien que pisó el barro cuando la pelota pesaba el doble y la camiseta se sudaba por pura dignidad.
Charla pendiente
Se llevó una parte significativa de la trama. Quedó suspendida esa última cita en la -Taberna El Rey Arturo-, en El Chicó, para desenterrar «lo que jamás registraron los periódicos» de hitos como aquel heroico 4-4 contra el Lev Yashin, «La Araña Negra», el mejor portero del mundo con Unión Soviética en la dichosa tarde de Arica.
Se trató de un hombre ajeno al protagonismo mediático, que dejó el recuerdo insólito de una figurita que trascendió del álbum de colección a la calidez de un abrazo.
Por supuesto, la cita tiene fecha abierta.
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