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¿Estás corriendo bien o tu cuerpo ya te está pidiendo parar? Cinco señales que no deberías ignorar

Correr es, sin duda, una de las formas más accesibles y efectivas de cuidar la salud física y mental en la actualidad. Sin embargo, cuando esta práctica se convierte en un hábito constante y exigente, también demanda una mayor atención a las respuestas del organismo.

Lo que al inicio se siente como puro bienestar puede transformarse silenciosamente en señales de alerta si el cuerpo empieza a resentir la carga física. Dolores persistentes, fatiga que no desaparece, sed constante o cambios bruscos en el ritmo cardíaco no hacen parte normal del entrenamiento, pues son advertencias críticas que, si se ignoran, pueden frenar el progreso en lugar de impulsarlo e, incluso, derivar en lesiones graves.

Escuchar el cuerpo no significa detenerse por completo o abandonar el deporte, sino aprender a correr con una mayor conciencia y responsabilidad. De acuerdo con los doctores Miguel Niño y Mauricio Mejía, especialistas en medicina del deporte adscritos a Colsanitas, es fundamental que los corredores, tanto aficionados como experimentados, aprendan a identificar cuándo una molestia deja de ser producto del esfuerzo y se convierte en un riesgo para la salud. 

Una de las señales más comunes es el dolor que no desaparece con el descanso, especialmente en zonas como rodillas, tobillos o caderas. Si el dolor aparece después de entrenar y no se va con el descanso, es momento de escuchar; si persiste durante varios días de reposo, ya no es molestia; es advertencia.

“Uno de los errores más comunes en la práctica del running es normalizar el dolor físico. Las molestias en zonas de alto impacto como las rodillas, los tobillos o las caderas suelen estar directamente relacionadas con lesiones por sobrecarga. Estas ocurren cuando el atleta realiza aumentos bruscos en la intensidad, la distancia o la frecuencia del ejercicio, sin brindarle al cuerpo el tiempo necesario para una adecuada recuperación de los tejidos”, agregó el doctor Niño.

Más allá del sistema muscular y articular, otra señal de suma importancia aparece cuando el corazón se comporta de forma inusual durante el ejercicio. Los especialistas advierten que existen personas aparentemente sanas que nunca se han realizado un electrocardiograma y pueden padecer de una arritmia silenciosa. El riesgo no siempre es visible, pero puede estar latente, razón por la cual se vuelve indispensable realizarse chequeos médicos preventivos antes de someter al cuerpo a mayores exigencias físicas, prestando especial atención a mareos, palpitaciones irregulares o dolor en el pecho.

A nivel metabólico, la hidratación y la alimentación juegan roles determinantes que muchas veces se pasan por alto. La hidratación debe anticiparse a la necesidad del cuerpo, ya que cuando aparece la sensación de sed, existe una pérdida significativa de líquidos. Estudios médicos han demostrado que estar sediento mientras se está corriendo puede reflejar que el organismo ya presenta una deshidratación del 2%, afectando directamente el rendimiento y la termorregulación.

En otros casos, el origen del bajo rendimiento o el agotamiento no radica en el plan de entrenamiento, sino en la nutrición diaria del deportista. La falta de combustible adecuado es una de las principales causas de fatiga prematura.

“La persona puede sentir mareos, dolor de cabeza, cansancio muscular o dificultad para mantener el ritmo. A veces es porque se le acaba el glucógeno, otras porque lleva muchas horas de ayuno o tiene una dieta muy baja en carbohidratos. La alimentación es parte fundamental del rendimiento”, agregó el doctor Mejía.

Finalmente, cuando el cansancio se vuelve constante, el rendimiento disminuye de manera drástica y el cuerpo no logra recuperarse ni siquiera después de varios días de descanso, el corredor podría estar enfrentando un síndrome de sobreentrenamiento. Frente a este diagnóstico, el doctor Mauricio Mejía es claro en su indicación médica: “cuando el atleta llega al sobreentrenamiento, lo único que uno puede hacer es ponerlo a descansar completamente”.

Reconocer estas cinco señales no implica, de ninguna manera, dejar de correr, sino hacerlo mucho mejor. El cuerpo humano es una máquina precisa que no se equivoca cuando envía advertencias; simplemente espera ser escuchado. Correr bien no es correr más cantidad de kilómetros a cualquier costo, es correr con inteligencia, equilibrio y el cuidado que la salud requiere.

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