Por Esteban Jaramillo
Junior campeón sin virtuosismo técnico, con rigidez táctica defensiva. Con repliegue ordenado y especulativo. Nunca se regaló.
Nacional con vértigo imperfecto, con ritmo sostenido pero confuso, impotente, con ganas y pocos goles.
Quiso jugar, no pudo, o Junior no lo dejó. Su propósito, la remontada, pero terminó atrapado en sus equivocadas decisiones ante la red. Fracasó por Mauro Silvera, el portero poderoso del rival. Como Viera o Armani en otros tiempos. Fabricantes de títulos con sus manos.
Era su día… como otros muchos días. Siempre figura.
También fue el día de Jhomier Guerrero quien se tragó la cancha; de Rivera, Ríos, Peña y Ángel, los hombres del overol. De Alfredo Arias, el técnico, tan rústico, pero campeón.
En Nacional los goleadores no golearon, se atragantaron. Los pensadores, no pensaron. Morelos, un villano consentido y llorón. Tenaz fue su búsqueda de gol y estéril la posesión.
Como siempre la cuota de matones en la cancha y en las gradas. La lucha en las áreas fue de luchadores sin límites y no de futbolistas.
¿El árbitro? Por Dios, dan y quitan. Los devoran los partidos y quizás algo más.
Lo anterior es una libre opinión. Si tienes dudas sobre lo ocurrido, ya te lo explicaran los doctores del fútbol y los periodistas que desde sus micrófonos fabrican campeones.
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