Por Hernán Alejandro Olano García, doctor en Derecho Canónico
En 245 numerales, más de 224 citas al pie de página y cinco capítulos, hemos podido leer desde hoy, el texto emitido el pasado 25 de mayo y dado a conocer este 25, de la primera Encíclica del papa León XIV.
Desde tempranas horas del día, los periodistas de diversas regiones del mundo, me han buscado para realizar un análisis comprensivo del texto, que además, en su numeral 142, cita a la santa colombiana, Madre Laura Montoya, por encima de la Santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, María Stodowska-Curie, María Montessori, Elizabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto, así como del reverendo Martin Luther King Jr y Nelson Mandela, por citar ejemplos de hombres y mujeres valientes y generosos que se han tomado en serio la dignidad humana, los derechos civiles, la lucha contra el apartheid y que con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia.
San Agustín sí aparece, y de manera hermosa. En la introducción, al hablar de edificar en el bien, León XIV lo cita directamente: “Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.” El Papa usa esta frase para afirmar que Dios ha inscrito en el corazón humano un deseo de felicidad que ninguna tecnología puede satisfacer. Es una de las citas más poderosas del documento.
De igual manera, además de los diferentes pontífices, León XIV cita a Víctor Frankl, judío y Romano Guardini y a J. R. R. Tolkien, escritor católico del siglo XX. En lo filosófico cita a Platón.
Del primero, en El hombre en busca de sentido, en torno a la corrupción moral actual, nos dice: «hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios».
Del segundo, siguen siendo actuales las palabras de Romano Guardini en El ocaso de la edad moderna: «El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto».
Del tercero, hay un extracto de El señor de los anillos, III: El retorno del rey, señala: «No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza».
A diferencia de Francisco, que era mucho más de incluir literatura que doctrina, la presencia mesurada de estos autores en Magnífica Humanitas, es contundente, una magnífica humanidad que también ilumina la época de la IA. Otro autor citado, más antiguo, es Pierre de Bérulle, un cardenal y estadista que fundó la Congregación del Oratorio de Francia, reformando la educación clerical en Francia. De Platón, por su parte, nos dice que hay que saber esperar, pues las cosas más profundas e importantes sólo se aprenderán tras mucho tiempo y esfuerzo.
Paso a paso, cada uno de los cinco capítulos, se desarrollan de la siguiente manera:
CAPÍTULO I — Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio
Este primer capítulo es, en esencia, un ejercicio de memoria eclesial. León XIV recorre el desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia desde la Rerum novarum de León XIII en 1891, cuyo 135° aniversario se celebra este año, hasta los documentos más recientes del Papa Francisco. Lo interesante es ver cómo, desde la revolución industrial, como preocupación de León XIII, pasamos con León XIV a la preocupación por la revolución digital.
Lo que el Papa hace aquí es mostrar que la Iglesia no improvisa ante los desafíos de la IA: tiene una tradición viva de más de un siglo leyendo los «nuevos asuntos» de cada época a la luz del Evangelio. La Doctrina Social no es un conjunto estático de conceptos sino un corpus vivo de verdades que custodia e interpreta la vocación de la humanidad a una vida plena y justa.
La gran novedad metodológica del capítulo es afirmar que la IA no es un «apéndice temático» sino una transformación que interpela desde dentro las categorías mismas de esa doctrina. Un mensaje claro a los escépticos: esto no es moda, es continuidad profética.
CAPÍTULO II — Fundamentos y principios de la Doctrina Social
Aquí León XIV ancla todo el documento en los cimientos antropológicos de la fe cristiana. El ser humano, creado a imagen y semejanza del Dios trinitario, tiene una dignidad ontológica que no se adquiere ni se gana: ningún pecado, fracaso, exclusión o humillación puede afectar el valor profundo de una vida humana querida y llamada al ser por Dios.
El Papa hace una advertencia muy concreta y audaz: considera particularmente insidiosa la ideología que sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, atribuyendo mayor valía a quienes son más eficientes y productivos. Es un señalamiento directo a ciertos discursos del mundo tecnológico y financiero que miden a las personas por su rendimiento.
Desde mi perspectiva como vaticanista, este capítulo es el corazón doctrinal del texto. Sin él, los demás capítulos serían análisis sociológicos. Con él, son proclamación profética.
CAPÍTULO III — Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA
Este es el capítulo más esperado y el más debatido. León XIV se enfrenta con el paradigma tecnocrático. El poder tecnológico ha adquirido un rostro inédito, predominantemente privado, en manos de actores transnacionales con recursos superiores a los de muchos gobiernos, lo que lo hace aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.
El Papa rechaza tanto el entusiasmo ingenuo como el miedo estéril. Rechaza especialmente las corrientes transhumanistas y posthumanistas que prometen superar la condición humana mediante la tecnología. Para León XIV, el verdadero «más que humano» no viene de un algoritmo sino de la gracia.
La imagen que usa es poderosa y se convierte en el leitmotiv de toda la encíclica: la primera elección no es entre un «sí» o un «no» a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén — entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, trabaja unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.
La alegoría que León XIV hace sobre la ciudad destruida y su reconstrucción. La torre de Babel, donde la obra común está guiada por un proyecto de dominio que termina por deshumanizar y, las ruinas de Jerusalén, que con Nehemías se reconstruyen pieza por pieza, como una labor de responsabilidad compartida.
El Papa, dice que es oportuno anteponer dos consideraciones: la primera es que cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo.
Con todo, no es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la humana. Para esto, León XIV nos habla de una responsabilidad, transparencia y gobernanza de la IA, frente a unas narrativas de fondo, el transhumanismo y el posthumanismo.
CAPÍTULO IV — Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad.
Este capítulo es el más práctico y urgente. León XIV identifica tres amenazas concretas que la IA plantea a la dignidad humana: la desinformación, el desempleo y la nueva esclavitud digital.
Sobre la verdad como bien común, el Papa advierte sobre el riesgo de una democracia vaciada por la manipulación algorítmica del imaginario colectivo. Propone una «ecología de la comunicación» y una alianza educativa para la era digital, con la escuela como espacio central de resistencia humanizadora. Para esto, propone una alianza educativa para la era digital, con el rol de los padres de familia y de la escuela, con tres grandes retos, el primero, de carácter sociopolítico -las desigualdades educativas en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores-; el segundo reto, de carácter pedagógico – la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona-; y, el tercer reto, es de carácter intelectual y sapiencial, para desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo.
Sobre la dignidad del trabajo en la transformación digital, retoma la tradición de la Laborem exercens de Juan Pablo II: las diversas formas de precariedad, la fragmentación de las trayectorias profesionales y la automatización no pueden evaluarse únicamente en términos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del trabajador, del derecho a una remuneración suficiente y de la posibilidad efectiva de participar en la vida social. Aborda el problema del desempleo y la necesidad de una economía que valore la dignidad y le de a la familia y, en especial, a los jóvenes, condiciones sociales de la esperanza, para custodiar la libertad frente a la dependencia y la mercantilización.
Sobre la libertad, habla de romper las cadenas de las nuevas esclavitudes del siglo XXI y denuncia las dependencias digitales y las nuevas formas de control social. “Por lo tanto, es necesario actuar en varios frentes: en primer lugar, para exigir una mayor transparencia de las cadenas de suministro que sustentan la industria tecnológica y la economía digital, de modo que ninguna ventaja competitiva se construya sobre la explotación invisible. En segundo lugar, es necesario que las empresas y los inversionistas adopten criterios claros de verificación ética preventiva (due diligence), incluyendo entre las prioridades la protección de los trabajadores, la lucha contra el trabajo forzoso y el impacto social de los modelos de negocio basados en datos. Además, se debe exigir a las plataformas digitales que cooperen de manera responsable con las autoridades y con la sociedad civil para impedir que las herramientas de comunicación, pago y elaboración de perfiles se conviertan en canales de captación y control de las víctimas”, señala en el numeral 179.
CAPÍTULO V — La cultura del poder y la civilización del amor
El capítulo final es el más profético y el más político, va de los numerales 182 a 245. León XIV confronta directamente lo que llama «la cultura del poder»: la normalización de la guerra, el uso de la IA en armamento autónomo, la crisis del multilateralismo y lo que denomina un falso realismo político que justifica la fuerza como argumento.
El Papa señala que la IA aplicada a las armas representa uno de los desafíos más graves de nuestro tiempo. Es una condena explícita a los sistemas de armas autónomas, tema que ningún predecesor había abordado con tanta claridad en un documento de este rango.
Frente a todo eso, León XIV propone la civilización del amor, expresión heredada de Pablo VI y Francisco, pero que él actualiza para la era digital: desarmar las palabras, asumir la mirada de las víctimas, relanzar el diálogo y el multilateralismo, y orar con esperanza activa. “no basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco”, agrega en el numeral 187.
El materialismo, el realismo político y el nihilismo histórico y el pragmatismo son criticados por el Pontífice: “La conflictividad exacerbada empuja hacia guerras asimétricas e “híbridas”, libradas también en el terreno económico, financiero e informático, con el uso de la desinformación y campañas que alimentan el miedo para influir en la opinión pública”, según el numeral 204, todo como un terreno fértil para nuevas guerras, tal vez aún más peligrosas, ya que tienden a perder todo límite ético.
Para esto, también es importante desarmar las palabras, así como construir la paz en la justicia y, asumir la mirada de las víctimas, para cultivar un sano realismo, que evite tanto el idealismo político como el cinismo y, nos permita reconstruir o relanzar el diálogo, como principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto, rechazando la lógica de la violencia y volviendo igualmente a la diplomacia y el multilateralismo.
Cierra con el Magnificat, el canto de María, como himno de una humanidad que no se rinde: la belleza humana, custodiada por la fe, sigue siendo más poderosa que cualquier algoritmo, para convertirnos en tejedores de esperanza en nuestro mundo.
En conclusión, Magnifica Humanitas es la encíclica social más ambiciosa desde la Laudato si de Francisco. León XIV no condena la IA sino que la somete al criterio más exigente que existe: la dignidad infinita de cada persona humana. Su gran aporte es teológico y político a la vez: quien controla la tecnología tiene hoy más poder que muchos estados, y eso es una pregunta moral que la Iglesia no puede eludir.
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