El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico y progresivo, caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra del cerebro. Esta alteración impacta de forma directa el control del movimiento, pero también compromete funciones cognitivas, emocionales y autonómicas, lo que lo convierte en una enfermedad compleja que requiere un abordaje integral y especializado.
Es clave reconocer sus síntomas de manera oportuna. Los signos motores más característicos incluyen temblor en reposo, rigidez muscular, lentitud de movimientos (bradicinesia) y alteraciones en la marcha y el equilibrio. Sin embargo, existen síntomas no motores que pueden aparecer incluso años antes del diagnóstico, como pérdida del olfato, trastornos del sueño, estreñimiento, ansiedad o depresión. Identificar estas señales tempranas puede marcar una diferencia significativa en el curso de la enfermedad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los trastornos neurológicos, incluido el Parkinson, han aumentado de forma importante a nivel global, impactando la calidad de vida de millones de personas.
El diagnóstico es principalmente clínico y debe ser realizado por un especialista, quien evalúa la historia del paciente y sus manifestaciones neurológicas. Aunque no existe una prueba única confirmatoria, el seguimiento cercano permite ajustar el diagnóstico y el tratamiento de manera progresiva.
En cuanto al tratamiento, el manejo del Parkinson se basa en tres pilares fundamentales. El primero es la terapia farmacológica, donde medicamentos como la levodopa ayudan a compensar la disminución de dopamina y a mejorar los síntomas motores. El segundo es la rehabilitación, que incluye fisioterapia, terapia ocupacional y fonoaudiología, fundamentales para mantener la movilidad, la independencia y la comunicación. El tercero es el acompañamiento integral, que aborda la salud mental, el entorno familiar y la educación del paciente.
Como señala el Dr. Jesús Hernán Rodríguez, líder médico de neurología de LaCardio: “El Parkinson no se trata únicamente de controlar síntomas motores; es una enfermedad que requiere un enfoque integral, donde el acompañamiento continuo y la personalización del tratamiento son fundamentales para preservar la calidad de vida del paciente.”
Vivir con Parkinson implica un proceso de adaptación, pero también de acción. Mantener una rutina de ejercicio físico regular, seguir el tratamiento indicado, asistir a controles médicos y contar con una red de apoyo son claves para mejorar la calidad de vida. La evidencia muestra que el movimiento guiado, la estimulación cognitiva y el acompañamiento emocional pueden ralentizar el deterioro funcional y favorecer la autonomía.
En LaCardio entendemos que detrás de cada diagnóstico hay una persona que necesita orientación, confianza y herramientas para enfrentar su proceso. Por eso, nuestra forma de hacer medicina combina la rigurosidad científica con una atención cercana, que guía a los pacientes y sus familias en el cuidado de su salud.
“El llamado es a informarse, consultar a tiempo y acompañar con empatía. Porque cuando el conocimiento se une con el cuidado, es posible transformar la experiencia de vivir con una enfermedad crónica”, concluyó el doctor Rodríguez.
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