Por Esteban Jaramillo Osorio
De Yeison Jiménez nunca escuché una canción. Soy sincero.
Pero, siempre la admiré su sencillez sin extravagancias, algo tan típico de muchos artistas modernos, de tantos futbolistas, de tantos famosos o políticos oportunistas.
Tipos que no saben que la fama envilece, domina la cabeza, abraza, aprieta, ahoga y mata, como decía Facundo Cabral.
Lo reconocieron sus colegas y amigos, en medio de llantos conmovedores en su despedida.
Admirable su historia de superación, típica de los ganadores, su carisma, su origen, su permanente lucha para consolidarse entre los grandes intérpretes.
La noticia de su accidente llegó intempestiva y dolorosa, mientras asistía a mis oficios religiosos. Golpe fuerte de profundas repercusiones, por las reacciones de mis vecinos.
Al repasar imágenes de su corta vida, me detuve en sus premonitorias frases sobre su partida la que presentía con obsesión dramática.
Cuánta razón en el argentino Mariano Sigman, en su libro “El poder de las palabras”; en Celia Cruz con “La vida es un carnaval” y en Sammy Marrero con su inolvidable “Siempre alegre”.
Héctor Lavoe con “Todo tiene su final”, Darío Gómez, con su popular “Nadie es eterno en el mundo” y Omar Geles con su sublime “Los caminos de la Vida”.
El impactante hecho me condujo a evocar las muertes trágicas de los famosos. La de Pedro Infante, inmortal cantante de rancheras en México, mientras piloteaba su aeronave, hace muchos años. La de Diogo Jota, el año pasado en julio, cuando conducía su Lamborghini rumbo a la pretemporada en Liverpool.
La de Rubby Pérez, merenguero reconocido, cuando se desplomó el techo de la discoteca en la que actuaba.
La de los jugadores del Torino, al estrellarse el avión en el que viajaban, contra la Basílica de Superga en Italia; los del Manchester United, la de Chapecoense hace diez años, que concitó la solidaridad de los antioqueños; la de Alianza Lima en el 87 y los rugbiers de Uruguay cuando cruzaban la cordillera de los Andes.
El fallecimiento de Yeison impacto por la tragedia, por su juventud y la de sus acompañantes, por el efecto social dada su fama como intérprete, por su ejemplar y motivadora historia de vida, por los hechos que lo antecedieron, por su crecimiento en el firmamento artístico.
Varios días llevo escuchando sus canciones.
“Aquellos que más temen a la muerte, disfrutan menos de la vida”. (E. Abbey)
También puede leer:
Por Mauricio G. Salgado–Castilla @salgadomg La buena suerte después de los 50: cuando el propósito…
Durante las épocas de celebraciones y cambios en la rutina, los excesos en la alimentación…
Por Eduardo Frontado Sánchez Resulta paradójico que vivamos en un mundo cada vez más interconectado…
en su tercera temporada y continúa en la búsqueda de la próxima estrella del humor.…
En 2025 las salidas de colombianos al exterior incrementaron un 4,3%, alcanzando los 5.8 millones, mientras…
Organización Corona informa que ha cerrado la operación mediante la cual transfiere la totalidad de…