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Cada vez hay más jóvenes que evitan ir al médico por ansiedad o miedo a sufrir

Escuchar una opinión sobre enfermedades, ver noticias relacionadas con temas médicos o incluso exponerse a imágenes de procedimientos clínicos puede ser suficiente para detonar ansiedad en algunas personas. Así lo explica Mariola Fernández, profesora de Psicología en la Universidad Europea, quien señala que este fenómeno corresponde a la iatrofobia: un trastorno de ansiedad caracterizado por el miedo intenso a los médicos o a los procedimientos médicos, que puede llevar a quienes lo padecen a evitar las consultas de salud.

“En algunos casos, simplemente escuchar opiniones o noticias sobre enfermedades o ver contenido médico en medios, ya es suficiente para activar ese temor, si lo tenemos bien arraigado”, explica Mariola Fernández, profesora de Psicología en la Universidad Europea, refiriéndose a la “iatrofobia”, una fobia enmarcada en el espectro de los trastornos de ansiedad, que implica miedo a los médicos o a los procedimientos médicos en sí, por lo que la persona evita a toda costa acudir a consulta.

De acuerdo con un artículo publicado en Scientific Reports, las fobias específicas afectan entre el 7 % y el 14 % de la población adulta en algún momento de su vida. Sin embargo, solo una de cada cuatro personas con este tipo de trastornos accede a tratamiento especializado.

La situación en Latinoamérica también es preocupante. Según datos de Medscape, uno de cada siete habitantes (14,55 %) ha sufrido algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida, y un 6,61 % lo ha experimentado en el último año. Estos indicadores reflejan no solo la magnitud del problema, sino también la necesidad de mayor visibilidad y estrategias de atención para quienes enfrentan miedos que impactan direcamente en su bienestar y en el acceso a servicios médicos básicos.

El fenómeno de la iatrofobia crece entre los más jóvenes, asegura la docente de la Universidad Europea. Ya sea por traumas previos en consulta —en la infancia o en la vida adulta— o por la sobreexposición a desinformación sanitaria, las nuevas generaciones desarrollan una percepción distorsionada y negativa de la experiencia médica. El resultado es “una preocupante tendencia a evitar las citas con su doctor o doctora de cabecera”. “Estamos viendo personas que soportan niveles de dolor crónico alarmantes como infecciones sin tratar, tumores avanzados, fracturas que nunca recibieron atención. La mente humana es capaz de racionalizar mucho con tal de evitar lo que teme”, advierte.

Jóvenes más vulnerables

En la región, los trastornos más frecuentes incluyen la fobia específica y la ansiedad social (Medscape, 2025). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 300 millones de personas sufrieron algún trastorno mental en 2021, con mayor prevalencia en mujeres y jóvenes.

Mientras que en las personas mayores el miedo suele asociarse al temor a diagnósticos irreversibles, en los jóvenes la resistencia responde a raíces más complejas. “Cada vez hay más jóvenes que evitan ir al médico por ansiedad o miedo a sufrir. Digamos que hay una intolerancia al ‘daño’, cuando realmente ni siquiera lo han experimentado”, analiza la psicóloga.

Para estos casos, basta con generar una expectativa negativa para activar lo que denomina “procrastinación ansiosa”: una auténtica aversión anticipada que desencadena mecanismos de evitación y disonancia cognitiva. “El acto de acudir al médico puede activar defensas psicológicas ligadas a la evitación del displacer anticipado, y eso explica por qué muchos no se deciden a pedir una cita”, añade.

Síntomas, niveles de intensidad y tratamiento

La iatrofobia se manifiesta en diferentes grados, desde la incomodidad leve al ingresar a un hospital hasta ataques de pánico con solo pensar en una consulta. “No se limita a los hospitales: muchos evitan odontólogos, ópticas, farmacias e incluso cualquier contacto con personas que vistan uniformes de salud. También hay quienes no soportan el olor a desinfectante o el sonido de un monitor cardíaco”, precisa Fernández, afirma.

A pesar de la complejidad del trastorno, la experta subraya que,  “en cualquiera de los casos esta fobia puede tratarse y superarse”, afirma Mariola Fernández. “La terapia cognitivo-conductual es muy eficaz: ayuda a identificar los pensamientos irracionales asociados al miedo y a sustituirlos por otros más realistas. También se trabaja la exposición progresiva, es decir, ir enfrentando poco a poco aquello que se teme”, asegura.

Lo esencial, concluye Fernández, es comprender que no se trata de una debilidad, sino de un miedo abordable. Reconocerlo y solicitar apoyo psicológico es el primer paso para recuperar el control.

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