Los grandes acontecimientos institucionales suelen recordarse por sus protagonistas y sus momentos históricos. Sin embargo, para los profesionales del protocolo, son también una oportunidad para observar esos pequeños detalles que contribuyen al éxito de un acto.
En este nuevo artículo de opinión, Jorge Hurlé Palacio, delegado territorial de la AEP en Asturias, analiza una curiosa incidencia detectada durante la visita del papa León XIV a España: la utilización de una versión no oficial de la bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Una interesante reflexión sobre el valor de los símbolos y la importancia del rigor y la precisión en el ámbito del protocolo y el ceremonial.
Cuando una bandera cuenta una historia: la importancia de los símbolos en la visita del Papa León XIV a España
Por Jorge Hurlé Palacio, delegado de la AEP en el Principado de Asturias- https://www.aeprotocolo.org/
La reciente visita del Papa a España ha supuesto uno de los mayores despliegues protocolarios e institucionales de los últimos años. Durante varios días, decenas de actos, reuniones, desplazamientos y ceremonias han requerido la coordinación de cientos de profesionales pertenecientes a instituciones nacionales e internacionales.
Precisamente por eso, antes de entrar en cualquier análisis, conviene reconocer el extraordinario trabajo realizado por los equipos de protocolo, producción y organización que han hecho posible un acontecimiento de semejante magnitud. Quienes trabajamos en este sector sabemos que gestionar un megaevento de estas características implica coordinar miles de detalles, muchos de ellos invisibles para el público, para que todo transcurra con normalidad.
Sin embargo, el protocolo vive precisamente de esos detalles. Y uno de ellos ha llamado especialmente la atención de numerosos especialistas en vexilología y ceremonial: la utilización en diversos actos de una versión no oficial de la bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano.
A simple vista, la diferencia resulta prácticamente imperceptible para la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, el diseño empleado en muchas de las banderas desplegadas durante la visita no coincidía exactamente con el modelo oficial reconocido por la Santa Sede. El error se encontraba en el escudo pontificio y, más concretamente, en la representación cromática del interior de la corona papal. La oficial tiene el interior blanco, y la que se usa por error, lo tiene rojo.
Durante años circuló por internet una versión incorrecta del diseño oficial que acabó siendo reproducida por numerosos fabricantes de banderas de todo el mundo. Todo apunta a que esa versión errónea terminó incorporándose a los catálogos habituales de algunos proveedores y, con el paso del tiempo, fue asumida como válida por multitud de organismos y entidades.
Lo más llamativo es que la utilización de esta versión no oficial no quedó limitada a un único escenario. Durante la visita papal pudo observarse en diversos espacios institucionales de primer nivel, entre ellos el Ayuntamiento de Madrid, el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, el Congreso de los Diputados o el Palau de la Generalitat de Catalunya. La reiteración del mismo diseño incorrecto en lugares tan distintos parece evidenciar que muchas de las banderas utilizadas procedían de un mismo circuito de suministro basado en una versión errónea ampliamente difundida durante años.
Resulta especialmente interesante comprobar cómo, en una visita sometida a múltiples niveles de supervisión protocolaria, un pequeño error gráfico ha logrado pasar inadvertido para administraciones, proveedores y organizadores. Es una demostración de que, en protocolo, los detalles más pequeños son a veces los más difíciles de detectar y, precisamente por ello, los que exigen una mayor atención profesional.
Este tipo de situaciones pone de manifiesto una realidad que a menudo pasa desapercibida: no basta con adquirir una bandera aparentemente correcta. Cuando hablamos de símbolos de Estado, cualquier detalle gráfico, por pequeño que parezca, puede tener relevancia institucional.
Pero la cuestión no terminó ahí. Además de la utilización de una versión no oficial de la bandera vaticana, también pudo observarse en algunos escenarios otro error fácilmente identificable: la colocación incorrecta del escudo pontificio. En determinadas imágenes, la bandera aparecía instalada de tal forma que el escudo se mostraba invertido respecto a su disposición oficial. Aunque para el público general puede pasar desapercibido, desde el punto de vista protocolario supone una representación incorrecta de uno de los símbolos oficiales del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Este detalle pudo apreciarse, por ejemplo, en el pabellón de autoridades del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y también en algunas imágenes de la bandera colocada en la ventanilla del avión durante la llegada del Santo Padre a Madrid. Sin embargo, en otros espacios de especial relevancia institucional, como el Palacio Real, la bandera estuvo correctamente colocada, demostrando que los procedimientos de supervisión funcionaron adecuadamente.
¿Significa esto que la organización de la visita fue deficiente? En absoluto.
De hecho, ocurre precisamente lo contrario. Que en un acontecimiento de esta magnitud los comentarios se centren en detalles de este tipo es probablemente la mejor prueba del éxito global de la operación. Cuando se coordinan decenas de actos, miles de participantes y numerosas instituciones durante varios días, resulta prácticamente imposible alcanzar la perfección absoluta.
La lección que deja este episodio es otra: la importancia de verificar siempre las fuentes cuando trabajamos con símbolos oficiales.
Por mi propia experiencia profesional, cada vez que debo organizar un acto en el que intervienen banderas o himnos extranjeros procuro recurrir directamente a la fuente más fiable posible: las propias embajadas. Habitualmente solicito una imagen oficial de la bandera que vaya a utilizarse y un archivo de audio con la versión oficial del himno nacional correspondiente. Es una comprobación sencilla, rápida y que evita errores derivados de diseños incorrectos, versiones desactualizadas o materiales obtenidos de fuentes no oficiales.
Puede parecer una precaución excesiva, pero situaciones como la vivida durante esta visita demuestran que incluso organismos, instituciones y proveedores de primer nivel pueden verse afectados por errores que llevan años circulando por internet y que terminan adquiriendo apariencia de oficialidad simplemente por repetición.
Porque el protocolo no consiste únicamente en colocar autoridades o diseñar presidencias. También consiste en proteger los símbolos institucionales y garantizar que cada detalle represente fielmente a quien debe representar.
La visita del Papa ha sido, en términos organizativos, un éxito de enorme complejidad. Y precisamente por eso merece la pena detenerse en estas pequeñas incidencias. No para señalar responsables, sino para recordar que en protocolo los detalles importan, porque detrás de cada bandera, cada himno y cada símbolo hay una institución, una historia y una identidad que merecen ser tratadas con el máximo rigor.
Quizá esa sea la principal enseñanza de este episodio: en los grandes eventos, los asistentes suelen recordar los momentos históricos, pero los profesionales sabemos que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia entre hacer las cosas bien y hacerlas de manera excelente.
También puede leer:
*El Mundo* *Suiza aplazó las conversaciones entre EEUU e Irán para implementar el acuerdo que…
Por Eduardo Frontado Sánchez Hablar de inclusión laboral ya no resulta un concepto extraño dentro…
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) anunció la…
Los Mundiales de Fútbol, especialmente en los que participa Colombia, son catalizadores de consumo en…
Mientras millones de personas siguen cada partido del Mundial, OlimpIA, compañía experta en ciberseguridad, advierte…
Por Álvaro Ayala Tamayo La clave del domingo es no confiar en que las elecciones…