Fiebre, dolor de cabeza, cansancio o malestar general suelen asociarse con enfermedades frecuentes y en la mayoría de los casos no representan una amenaza grave. Sin embargo, en algunas ocasiones estos síntomas pueden ser la primera señal de una condición capaz de evolucionar rápidamente y en algunos casos poner en riesgo la vida en cuestión de horas. Como es el caso de la meningitis bacteriana (1).
Aunque se trata de una enfermedad poco frecuente, continúa siendo una preocupación de la salud pública (1). Según el Instituto Nacional de Salud (INS), a mayo de 2026 se notificaron 670 casos de meningitis bacteriana aguda en Colombia, de los cuales 158 fueron confirmados y 52 fallecieron. Esto corresponde aproximadamente a que uno de cada tres casos confirmados falleció (2).
La rapidez con la que puede progresar la enfermedad es precisamente uno de sus mayores desafíos. Lo que inicialmente parece una infección común se puede convertir en una urgencia médica con consecuencias graves si no se identifica y atiende oportunamente (1).
La meningitis es una inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. Puede ser causada por diferentes microorganismos, entre ellos bacterias capaces de provocar cuadros graves y de rápida evolución (1).
Una de ellas es la neisseria meningitidis, conocida como meningococo, una bacteria que puede afectar a personas de cualquier edad y que representa un riesgo particular para los menores de cinco años (3). A nivel mundial, los serogrupos A, B, C, W y Y son responsables de la mayoría de los casos de enfermedad meningocócica invasiva (1).
Sin embargo, existe un aspecto menos conocido que ayuda a explicar por qué esta bacteria continúa circulando en la comunidad: muchas personas pueden portarla sin saberlo (1).
De hecho, los adolescentes y adultos jóvenes presentan las tasas más altas de estado de portador. Esto significa que pueden albergar el meningococo en la garganta sin presentar síntomas y contribuir a su transmisión (1).
“Esta característica explica por qué la bacteria puede seguir circulando incluso cuando los casos de enfermedad son relativamente poco frecuentes. Aunque la mayoría de los portadores nunca desarrollará la enfermedad, el meningococo puede transmitirse a través del contacto cercano con secreciones respiratorias, como gotas de saliva o mucosidad” afirmó el doctor Elix Ramos, gerente médico de vacunas pediátricas de GSK Colombia.
Cuando se habla de meningococo, la atención suele centrarse en el riesgo de muerte. Sin embargo, es necesario detenerse en las secuelas que pueden generar en los sobrevivientes: de acuerdo con la evidencia científica, hasta el 30% de quienes sobreviven pueden desarrollar secuelas permanentes que impactan significativamente su calidad de vida (1). Entre ellas se encuentran pérdida auditiva, alteraciones neurológicas, daño cerebral, convulsiones, trastornos visuales, dificultades de aprendizaje, problemas de memoria o concentración e incluso amputaciones de extremidades. Por esta razón, los especialistas insisten lo crítico que es reconocer los síntomas y actuar de manera oportuna (1).
Entre las principales señales de alerta se encuentran fiebre, dolor de cabeza intenso, rigidez en el cuello, náuseas, vómito, sensibilidad a la luz y alteraciones del estado de conciencia (1).
En recién nacidos y bebés los síntomas pueden ser más difíciles de identificar y manifestarse mediante irritabilidad, somnolencia excesiva, rechazo a la alimentación, vómito, entre otros (1).
Ante cualquiera de estas señales, se recomiendan buscar atención médica de manera inmediata (1).
La conversación que debe ocurrir antes de que aparezca un caso
Para los especialistas, la prevención continúa siendo una de las herramientas más importantes para reducir el impacto de enfermedades potencialmente graves como el meningococo (1).
“Mantener hábitos de higiene, promover el lavado frecuente de manos, evitar compartir utensilios personales y consultar oportunamente ante síntomas sospechosos son acciones necesarias para reducir el riesgo de contagio de esta enfermedad” agregó el doctor Ramos.
Asimismo, recomiendan a las familias revisar periódicamente los esquemas de inmunización y conversar con el médico sobre las alternativas de protección disponibles según la edad y el perfil de riesgo de cada persona (1).
“Muchas veces la conversación sobre esta enfermedad ocurre cuando aparece un caso cercano. Nuestro llamado es a que las familias se informen antes. Conocer los síntomas, entender los riesgos y hablar con los profesionales de la salud sobre las opciones de prevención puede marcar una diferencia significativa”, concluyó el doctor Ramos.
Porque frente a una condición que puede evolucionar en cuestión de horas, la información oportuna sigue siendo una de las herramientas más valiosas para proteger la vida.
Referencias:
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