Por Hernán Alejandro Olano García.
Hace 145 años, el 11 de octubre de 1881, nació en Praga el filósofo austriaco Hans Kelsen, recordado por la “Teoría pura del derecho” y, por ser presentado por sus partidarios como el adalid del positivismo jurídico. Su origen judío podría hacernos pensar que realmente, su pensamiento estaba enfocado hacia el ius naturalismo, que a su vez procede de la ley divina y, que no era en realidad un positivista consumado.
¿Hay fundamento para decir que Hans Kelsen no fue positivista? Se puede apreciar la frase que sostiene que no se puede emitir un juicio sobre algo que parece justo sin considerar la posibilidad de un juicio de valor contrario. Esta afirmación, más que alinearse con el positivismo, parece aproximarse al derecho natural, ya que el valor de la justicia ha sido una preocupación inherente al ser humano desde que adquirió el uso de la razón. Para ningún filósofo ha pasado desapercibida la necesidad de alcanzar la justicia, no únicamente desde la norma, sino desde la esencia misma del ser humano.
Es relevante mencionar que, en su conferencia de despedida en la Universidad de Berkeley en 1952, Kelsen citó a Jesús de Nazaret y su diálogo con Pilatos sobre la verdad. En este contexto, Kelsen reflexionó sobre la búsqueda de la justicia, afirmando que no ha respondido a la pregunta sobre qué es la justicia, pero que esta se manifiesta en un orden social que favorece la búsqueda de la verdad. Para él, la justicia está íntimamente relacionada con la libertad, la paz y la democracia, valores que resuenan con principios cristianos. Para el jurista austriaco, el verdadero motivo de la misión mesiánica de Jesús no era la verdad en un sentido científico o abstracto, sino dar testimonio de la justicia —la justicia del Reino de Dios— y por esa misma justicia terminó muriendo en la cruz
Incluso, Kelsen también evocó el pasaje del Evangelio de Juan (18:37-38) para ilustrar la complejidad y la aparente imposibilidad de definir de manera absoluta los valores supremos de la humanidad.
Luego de una larguísima explicación el propio Kelsen dice que no ha contestado la pregunta de qué es la justicia, pero la define como aquella que se da en aquel orden social bajo cuya protección puede progresar la búsqueda de la verdad y que, en definitiva, su justicia es la de la libertad, la de la paz, la justicia, la democracia y la tolerancia; nada más cercano a los principios cristianos, con los cuales inicia su discurso y que harían de Kelsen, más que un ius positivista, un iusnaturalista.
Para profundizar en la interpretación de Kelsen como un pensador que trasciende el positivismo, se puede consultar la obra de Robert Alexy, quien, en «Teoría de los derechos fundamentales», señala que el enfoque de Kelsen incluye una dimensión axiológica que lo aleja de un positivismo estricto. Así mismo, el trabajo de Norberto Bobbio, en «El positivismo jurídico», también discute cómo Kelsen reconoce elementos que van más allá del mero positivismo, especialmente en su tratamiento de la justicia. Estas interpretaciones abren un espacio para considerar a Kelsen no solo como un positivista, sino como un pensador que integra conceptos del derecho natural en su análisis jurídico.
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