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Por Eduardo Frontado Sánchez
En el contexto actual, es crucial que tomemos un momento para reflexionar sobre nuestro papel como seres humanos y agentes de cambio. La sociedad actual, marcada por la violencia como medio de supervivencia y la falta de fraternidad y diálogo, parece regirse por la ley del más fuerte, como en la teoría de Darwin.
Un ejemplo impactante de esta realidad es la violencia observada en eventos deportivos, como la final de la Copa América. El fútbol, que debería ser un símbolo de unidad mundial, se ha transformado en una excusa para el caos y la violencia. Esta situación nos obliga a preguntarnos si realmente estamos promoviendo un cambio positivo o si, por el contrario, estamos retrocediendo como sociedad. La pérdida de valores y de humanidad se hace cada vez más evidente.
Es fundamental que nuestras acciones sean coherentes con nuestras palabras. Podemos hablar de paz, salud mental y reinvención, pero los recientes episodios de violencia, incluyendo el atentado contra Donald Trump, muestran que todavía estamos llenos de rencor. Nos falta la empatía necesaria para construir una sociedad más humana y solidaria. Incluso en países como Estados Unidos, donde las leyes se cumplen rigurosamente, presenciamos actos violentos que contradicen los principios de orden y paz.
Debemos ser conscientes de que cada acción y pensamiento tiene una consecuencia. La verdadera humanidad se refleja en nuestras acciones diarias. Para generar un cambio significativo, necesitamos entender que los cambios no se logran con violencia, sino con ideas, debates constructivos y mejoras continuas.
Si queremos construir una sociedad preparada para el cambio, no podemos ser generadores de violencia. Debemos ser promotores de la paz y del entendimiento mutuo. Recordemos que el encuentro con lo divino se da a través del prójimo, y que cada buena acción se multiplica en positivo. Es urgente que comprendamos la necesidad de un cambio profundo y arraigado en valores humanos, y que actuemos con coherencia entre nuestras palabras y acciones.
Este llamado a la reflexión es una invitación a tomar medidas para garantizar un futuro más humano y pacífico. Es el momento de ser agentes de cambio para el bien, trabajando juntos para construir una sociedad mejor.
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