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Más de 11.000 casos de acoso escolar en Colombia: claves para prevenirlo

Durante el mes de mayo, se conmemora el Día Internacional contra el Bullying o el Acoso Escolar, una fecha que busca visibilizar una problemática que afecta el bienestar, la salud mental y el desarrollo académico de millones de estudiantes en el mundo, y que pone sobre la mesa la necesidad de promover entornos educativos más seguros y respetuosos.

En Colombia, la situación sigue siendo preocupante: según el Ministerio de Educación Nacional, se han registrado más de 11.000 casos de acoso y agresión escolar, una cifra que evidencia la magnitud del desafío y la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención y atención en las instituciones educativas.

En este escenario, los colegios cumplen un papel clave como primera línea de acción. Más allá de responder a los casos cuando ocurren, su rol implica formar integralmente a los estudiantes, promoviendo una cultura de respeto y fortaleciendo habilidades como la empatía, la autorregulación y la resolución pacífica de conflictos desde edades tempranas.

Sobre esto, Sara Romero, orientadora escolar de primero y segundo de primaria de The English School, explica que “resulta clave trabajar desde un enfoque preventivo que promueva el respeto como valor central en la vida cotidiana escolar. Esto implica desarrollar habilidades socioemocionales desde edades tempranas y contar con herramientas claras para actuar ante posibles situaciones de riesgo, así como con sistemas de monitoreo que permitan identificarlas a tiempo. Igualmente, es fundamental habilitar canales de comunicación confiables para que estudiantes, docentes y familias puedan reportar cualquier situación que afecte su bienestar”.

Romero comparte cinco claves que todo colegio debería tener en cuenta para enfrentar el bullying de manera efectiva:

  1. Diferenciar el acoso escolar del conflicto: comprender cuándo se trata de una conducta repetida, intencional y con desequilibrio de poder, y cuándo es un conflicto puntual entre estudiantes. Esta claridad permite a docentes, familias y estudiantes actuar de forma adecuada y oportuna, en articulación constante entre el colegio y el hogar.
  2. Contar con una estrategia de prevención dentro del aula: promover habilidades socioemocionales como la empatía, la autorregulación y la sana convivencia, junto con herramientas que permitan prevenir el acoso en la cotidianidad y no solo reaccionar ante los casos.
  3. Definir un equipo y protocolos claros de actuación: establecer rutas estructuradas basadas en el diálogo, la reflexión y la toma de responsabilidad, que permitan acompañar tanto a la víctima como a quien ejerce la conducta.
  4. Transformar el rol del observador: enseñar a los estudiantes a no reforzar conductas negativas con el silencio o la burla, sino a apoyar activamente a quienes lo necesitan y buscar ayuda cuando sea necesario.
  5. Monitorear el clima escolar de manera constante: evaluar periódicamente la convivencia dentro del colegio para identificar riesgos y asegurar que las estrategias de prevención estén funcionando.

“Para abordar estas claves, desde hace unos años The English School implementó el programa KiVa, un modelo reconocido a nivel mundial que combina prevención y protocolos claros de intervención. Su enfoque ha fortalecido la formación en empatía y respeto desde edades tempranas. En el último año, ha permitido capacitar mejor al equipo docente y aumentar los reportes tempranos, facilitando intervenciones oportunas y que los estudiantes asuman un rol más activo frente a estas situaciones. Este proceso, además, se ha fortalecido con el involucramiento de las familias, consolidando un entorno más seguro para todos”, añade Romero.

Y es que el rol de los profesores y las familias resulta determinante. Los docentes pueden actuar como facilitadores de bienestar, construyendo vínculos de confianza y observando de cerca el clima escolar para intervenir oportunamente. Las familias, por su parte, refuerzan este trabajo desde casa, promoviendo conversaciones abiertas, manteniéndose atentas a cambios de comportamiento y trabajando de manera articulada con el colegio. Esta colaboración es clave para garantizar la coherencia y fortalecer la prevención.

En definitiva, prevenir el acoso escolar es una responsabilidad compartida que exige compromiso constante, pues cuando se aborda de manera integral, no solo mejora la convivencia, sino que también se crean entornos en los que los estudiantes pueden desarrollarse de forma segura, plena y respetuosa.

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