Por Esteban Jaramillo Osorio
“El olvido que seremos”
Puños de hierro de una cabeza hueca.
El campeón mundial de boxeo que salió de la pobreza y llegó a la gloria, para una caída libre en medio de escándalos, hasta su total derrumbe.
Pambelé un negro palenquero, desafiante, hambriento, vendedor callejero de cigarrillos de contrabando y lustrabotas como oficio, que se coronó campeón mundial, con fulminante nocaut, ante “Pepermint” Frazer, un extrovertido panameño, en noche inolvidable, hace 54 años, un 28 de octubre.
El primer cetro mundial del boxeo colombiano en su historia.
Generó tanto revuelo que los políticos prominentes, los cantantes famosos, actores, periodistas y damas glamorosas de la alta sociedad, lo quisieron como premio y se rindieron a sus pies.
Vapuleó rivales a diestra y siniestra, los zarandeó con sus poderosos brazos, los fulminó sin contemplación por “la vía rápida”, para hacerse único, el mejor en su categoría “welter”, con un idilio inigualable con el público y con los narradores que bramaban cuando subía al cuadrilátero.
La fama lo devoró.
Dura fue su caída, desde aquella derrota dolorosa que produjo llanto para resignar su título ante un adolecente puertorriqueño de 17 años, Wilfredo Benítez, quien también concluyó su carrera en la miseria.
O la definitiva ante Aaron Pryor, cuando resignó definitivamente su corona, la que había recuperado.
Llegó la época de los puñetazos al aire, a las cámaras, las exhibiciones sin distinción en los pueblos aislados, sus desplantes en las plazas de toros donde obsequiaba sementales, sus peleas con provocadores callejeros, sus desnudos en los bares y sus reclusiones en centros de rehabilitación por sus consumos.
Desaparecieron los políticos, los amigos, los coches lujosos, los apartamentos y las fincas y los periodistas amarillistas que explotaron su apoteosis o sus desvaríos en público.
Volvió a lo suyo, a la pobreza, después de haber sido considerado en su momento, “el personaje más importante de Colombia”, como lo sentenció en público el Nobel Gabriel García Márquez.
Pambelé, “el hombre que nos enseñó a ganar”, frase del inolvidable Juan Gossaín.
Que ganó y cayó en el ring y en las calles. El de “El oro y la oscuridad” como lo expresó en sus textos deliciosos, Alberto Salcedo Ramos, convertidos en libro de amplia circulación, como inigualable espejo de su vida.
Pambelé, “mi brother”, como me llamaba cuando acudía al Campín, en los partidos de futbol, a pedirme “la liguita”. El hombre que lo ganó todo, pero no aprendió a perder.
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