Responder mensajes mientras se come, revisar el celular en medio de una reunión o escuchar un podcast mientras se entrena se ha vuelto parte de la rutina diaria. En la vida cotidiana, la sensación de estar haciendo muchas cosas al mismo tiempo, pero sin terminar ninguna del todo, es cada vez más frecuente ya que la sociedad, está marcada por estímulos constantes que compiten por la atención y generan una sensación generalizada de dispersión, cansancio mental y sobrecarga.
“El cerebro no está diseñado para dividirse entre múltiples tareas de forma eficiente, ya que cuando se le exige hacerlo de manera permanente, disminuye el rendimiento y aumenta el estrés. Es por esto que forzar la multitarea, lejos de mejorar la productividad, termina agotando los recursos cognitivos” comentó Byron Sánchez, psicólogo clínico de la Clínica Reina Sofía.
Uno de los factores que más afecta la concentración es la hiperestimulación constante a la que están expuestas las personas. Las notificaciones, las redes sociales y las exigencias laborales y académicas saturan la mente y generan una carga mental difícil de manejar, a lo que se suma la ansiedad, que mantiene al cerebro en un estado de alerta permanente. En este escenario, la atención se dispersa con facilidad, se anticipan problemas, se piensa de forma continua en lo pendiente y se dificulta permanecer en el presente y, como resultado, muchas personas creen tener problemas de memoria, cuando en realidad enfrentan fallas de atención. Sánchez compara esta situación con un computador que tiene demasiadas pestañas abiertas, en el que el sistema se ralentiza y los recursos se consumen antes de tiempo.
Por su parte Johan Hurtado, neuropsicólogo clínico del Centro Médico Colsanitas comenta que la atención no es un proceso único ya que el cerebro distribuye su capacidad atencional entre distintos estímulos de manera constante entre los que se encuentra el entorno, la postura corporal, las sensaciones físicas, las emociones y las tareas que se realizan pues estos hacen que se activen diferentes tipos de atención:
“Las emociones también cumplen un papel determinante en la capacidad de concentración, ya que estados como la preocupación, la tristeza o la irritabilidad reducen de manera significativa el espacio mental disponible para sostener el foco. Por esta razón, antes de exigir un alto rendimiento cognitivo, resulta clave regular las emociones y revisar los hábitos cotidianos que influyen en el funcionamiento del cerebro. La falta de sueño reparador, una alimentación inadecuada, la deshidratación o el sedentarismo también disminuye de forma notable la capacidad de atención, e incluso acciones aparentemente simples, como saltarse comidas o dormir poco, terminan afectando la memoria y la habilidad para concentrarse durante periodos prolongados”, agregó Hurtado.
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