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Una añoranza del maestro Jairo Varela, el de los pandebonos doraditos

Por Guillermo Romero Salamanca

El 8 de agosto de 2012 Fernando López Henao, en ese momento vicepresidente de Codiscos, estaba desayunando cuando sonó el teléfono.

–Fernando, le dijeron, soy Gustavo Gómez de Caracol Radio, ¿cómo recibe la noticia del fallecimiento del maestro de Sayco Jairo Varela?

–¿Qué?, preguntó asombrado Fernando. Miró con asombro a su esposa a quien le alcanzó a decir: “Murió Jairo Varela”.

Para Fernando fue un golpe emocional de grandes dimensiones. Él fue partícipe de muchos de los grandes éxitos de Jairo y del Grupo Niche.

Comentó entonces para la radio algunos momentos de gloria con el maestro Jairo, luego salió a su oficina y comenzó con los preparativos para viajar a Cali a despedir al más grande creador de salsa de Colombia.

Fernando López hace entrega de un disco de Oro a Jairo Varela por sus ventas de Grupo Niche.

Durante todo el día el celular no dejó de replicar. Luego, cuando llegó a Cali, sintió en el ambiente una tristeza por doquier. Se oían las canciones del Grupo Niche, muchas personas llorando e infinidad de personas que se agolparon en la plazoleta del CAN para despedir al hombre que les hizo sus himnos tanto a Cali como a Valle del Cauca.

Cali lo fue todo para Jairo. Allí montó, en la Calle Quinta con carrera 40 sus famosos estudios.

–“Quiero –dijo el maestro en día de la inauguración, luego de una pregunta de Ley Martin– tener una oportunidad para hacer mi música, traer nuevas agrupaciones y lanzar al mundo todo el talento posible que salga del Chocó, contestó Jairo mientras mostraba orgulloso su estudio, contaba cómo se había demorado casi seis meses en construirlo y se pavoneaba mientras mostraba la consola con más de 48 canales y con la cual se grabaran sus canciones en el futuro.

Jairo no paraba de hablar de su nueva concepción: la sala de grabación. Contaba cómo se había hecho la acústica, el tipo de madera que se había empleado, las telas que se habían importado, las características de los micrófonos y la calidad de la consola. “Esto es lo mejor de Colombia”, dijo.

Estuvieron también aquel día de fiesta por el nuevo estudio Luis Altamiranda, productor y programador de las emisoras Olímpica de Barranquilla y el gran promotor discográfico y director de Olímpica Bogotá. Jairo había reunido esta tarde a lo más excelso de las emisoras de todo el país.

El día de la inauguración del estudio de Jairo Varela.

En ese momento, principios de 1990, Jairo ya era famoso no sólo en Colombia, sino en el mundo entero. Le pedía contrataciones y Álvaro Gómez, su promotor y vendedor, no daba a basto a contestar llamadas de Japón, España, Francia, Estados Unidos, África, Ecuador, Perú, México, Venezuela y de muchas partes de Colombia. Álvaro pasaba los mejores momentos de su vida al lado del compositor que hiciera himnos como “Cali pachanguero”, “Del puente para allá” y “Mi Valle del Cauca”.

Unos meses antes, el Grupo Niche –alma y nervio de Jairo—había hecho una apoteósica presentación en el Campo de Marte de Lima. No se puede calcular cuántos miles de personas gozaron con las canciones de la orquesta salsera que comenzó su vida en Chocó y después logró sus primeras grabaciones en Bogotá.

El nuevo estudio estaba a un lado de la discoteca “Cañandonga”, donde los lunes era el epicentro de la salsa de Santiago de Cali. A las diez de la noche, no cabía un salsero más y la rumba avanzaba hasta los albores de la madrugada. Estaban también unos metros más al sur los bailaderos “La Jirafa” y “Manhattan”.

Al frente, pasando la avenida quedaba una panadería y la discoteca La Manzana que fueron epicentro de un ataque terrorista del Cartel de Medellín el 12 de mayo de 1990. Cien kilos de dinamita amoniacal mataron a nueve personas y otras 45 quedaron heridas, según informó la Policía.

Jairo pasaba hasta allí por sus pandebonos, que prefería doraditos. Era común también verle los domingos, en la década de los noventa, caminar por las calles, cuando el viento refrescaba las tardes del barrio San Joaquín donde vivía, llevando a su pequeña hija.

No perdía un segundo para hablar de sus canciones, de sus sueños y de sus viajes. Después se metió en un proyecto que le costó media vida: montar una discoteca en el barrio Cristales, de Santiago de Cali. La aristocracia caleña no le perdonó este atrevimiento y muy pronto se olvidó las letras de sus himnos. Por esta osadía, de la cual fue acusado de ser colaborador del Cartel de Cali, estuvo en dos oportunidades en la Cárcel de Vista Hermosa. Salió libre y no le pudieron comprobar las acusaciones.

Jairo desistió de su empeño de su bailadero.

En una oportunidad le preguntaron al famoso locutor y presentador de “Salsa con estilo” –el único show que no tiene cover— Jaime Ortiz Alvear, sobre cuál era la canción que más le gustaba del Grupo Niche. Sin dudarlo dijo: “Nuestro sueño” y comenzó a cantar: “Estoy viviendo un sueño, me siento único dueño del amor. Una mirada bastó, así sucedió, ausentes las palabras, mi cuerpo vibró, cuando su mano tomé, el cielo miré, el brillo de sus ojos, sus labios besé”.

“Es lo mejor que he escuchado”, decía el magistral locutor, que en paz descanse.

Fernando López Henao era el encargado, por parte de la Vicepresidencia de Codiscos– de negociar con el artista cada una de sus producciones. Fueron 12: desde “Querer es poder” en 1981, pasando por “Prepárate”, Directo desde Nueva York”, “No hay quinto malo”, “Triunfo”, “Me huele a matrimonio”, “Con cuerdas”, “Historia Musical”, “Tapando el hueco”, “Me sabe a Perú”, “Sutil y contundente” y “Cielo de Tambores”.

“Jairo sorprendía con su capacidad de composición. Los temas como “Cali Pachanguero”, “Ana Milé”, “Del Puente para allá”, “Interés, cuánto valés”, “Un caso social”, “Para mi negra un son”, “Como podré disimular”, “Tapando el hueco”, “Las mujeres están de moda”, “Nuestro sueño”, “Mi valle del Cauca”, “El amor vendrá” y “Me sabe a Perú”, quedaron para la historia mundial de la salsa. Siempre que nos veíamos hablaba no sólo de las nuevas canciones, sino de los proyectos que tenía para dos o tres años adelante. Era una agilidad mental impresionante. Un gran ser humano y un escritor sin límites”, comenta ahora Fernando López.

La noticia del 8 de agosto de 2012 fue difícil de comprender. ¿Cómo era posible que un infarto marchitara a Jairo Varela, el ídolo del Grupo Niche, al hombre de un gran corazón que le compuso al amor y que entregó toda su pasión por el Valle del Cauca?

Las emisoras de Cali y de buena parte de Colombia comenzaron muy temprano ese 8 de agosto de 2012 sendos homenajes con sus entrevistas, sus mejores canciones, sus éxitos en presentaciones y miles de anécdotas.

Jairo está en el cielo de tambores, pero aún queda en el corazón de miles de amantes de la buena música.

Gran e inolvidable maestro.

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