Por Guillermo Romero Salamanca

Miguel Rafael Martos Sánchez, conocido en el mundo como Raphael, nació el 5 de mayo de 1943 y sigue en el escenario. Hace unas semanas comentaba que deseaba cantar en Ecuador y planeaba una gira por Guatemala. Ha grabado sus temas en español, inglés, francés, alemán, portugués, italiano y japonés. Ha sido una máquina de éxitos, es el rey de la balada.

Todo en su vida han sido records. Mostró sus cualidades desde los 8 años y los escenarios comenzaron a buscarlos. Viajaba en su juventud a Francia con un solo objetivo: ver a la majestuosa Edith Piaff, el gorrión de París.

Obtuvo decenas de éxitos como “Cuando tú no estás”, “Mi gran noche”, “Digan lo que digan”, “Tema de amor”, “Estar enamorado”, “Los amantes” y decenas de canciones de Manuel Alejandro y por eso sus conciertos son de más de dos horas: éxito tras éxito.

Colombia le dejó gratas experiencias. La primeva vez que visitó al país, miles de jóvenes salieron a su encuentro al aeropuerto Eldorado y debió subirse a un carro de bomberos. Con pañuelos lo saludaban y vitoreaban en su recorrido hasta el hotel Tequendama.

Tuvo dos empresarios: Enrique Quintero y Armín Torres. Se preocupaba de cada detalle, del sonido, de las luces, de las boletas y hasta de los avisos de la calle. En el Volkswagen del fotógrafo Jorge Enrique Bautista recogía la publicidad y estaba pendiente, en altas horas de la noche, de cómo quedaban. Medía hasta el engrudo con que se pegaban a las paredes el aviso: “RAPHAEL EN EL HOTEL TEQUENDAMA” o “RAPHAEL EN EL TEATRO JORGE ELIÉCER GAITÁN”.

RAPHAEL MARTOS

Podía ser la una de la mañana pero él esperaba a que los encargados de la tarea, dejaran empapelada ciudad.

Gloria Romero siempre fue su presidente del club de fans. Ella sabía de los recorridos, iba a todas las presentaciones, se encargaba de su recibimiento, dormía en la habitación de al lado en los hoteles, le llevaba sorpresas como discos en japonés. Sin embargo, él la trataba con indiferencia y no la invitaba ni a un tinto. Era una extraña admiración.

Siempre se vestía de negro. En su maleta, por lo tanto, cargaba unas cuántas camisas, un pantalón y un saco que estaba lleno de puntadas y remiendos. Viajaba con lo indispensable.

En Bogotá le gustaba ir a cine al teatro Almirante localizado en la calle 45, entre la 13 y la Caracas. Muy ceremonial en las ruedas de prensa y muy especial cuando de grabar programas de televisión se trataba.

En una oportunidad, en un especial de El Show de las Estrellas, un camarógrafo estaba detrás de él. El cantante paró la canción y le gritó: “¿Qué haces grabándome la espalda. ¿Acaso yo canto con el culo?”.  Corrección y de nuevo a cantar.

Si se ponía mal de la garganta, simplemente le ponía a un vaso con hielo, unas aspirinas con las cuales hacía gárgaras y listo.

El empresario caleño Enrique Quintero era quien lo llevaba a sus presentaciones, odiaba ir a fiestas privadas, simplemente no las hacía porque allí no le prestaban atención a sus canciones.

Cuando falleció su paisano y amigo Fernando Plaza Cayón, llamó Norita, la viuda y le expresó sus condolencias. Podrían hablar de su vanidad, pero no le resta tampoco que es un detallista con las personas amigas.

Sigue cantando y cosechando éxitos. (GRP).

RAPHAEL MARTOS en concierto junto la filarmónica