LOS 72 AÑOS DEL HOMBRE DE ROCKY Y RAMBO

Por Guillermo Romero Salamanca

En 1976 las tres grandes salas de cine de Bogotá: Olimpia, Mogador y Libertador presentaron Rocky, una cinta protagonizada por Silvester Stallone que narraba la historia de un cobrador de cuentas de la mafia italiana, con deseos de boxear y de ser campeón mundial. El contrincante fue Carl Wathers, un ex jugador de fútbol americano, quien encarnó al gigante Apollo Creed.

Era necesario hacer una fila con 200 fanáticos del deporte de las narices chatas por delante que esperaban ver una contienda con verdaderos puños, que se sintieron por el apoyo del sound round que había ya en las salas. Cada golpe lo oía clarito el espectador y las salpicadas de sudor, parecían untar a quienes habían asistido con una novia o un amigo a la primera gran película protagonizada y escrita por Silvester, el neoyorquino hijo de un peluquero y una trapecista, corista, astróloga, danzarina y aficionada por la lucha libre.

A partir de aquel día, Rocky Balboa se hizo famoso y se esperaba la segunda película porque esa derrota contra Apollo habría que resarcirla. Otra vez se dieron de trompadas en el ring Silvester y Carl Wathers. Aplausos nuevamente por esa película de diversión que ya atrapaba más fanáticos y que recaudaba más de 200 millones de dólares.

En ese aspecto era un triunfador.

Rocky III fue aún más apoteósica. Se enfrentó contra Mister T, quien después sería conocido por su papel como Mario Baracus en Los Magníficos.

La IV parte, traía un ingrediente más. Moría Apollo Creed a manos de una golpiza propinada por Drago, un ruso implacable, estelarizado por Hans Lundgren, un sueco, cinturón negro de karate e ingeniero químico, quien además se hizo famoso en el mundo por este papel.

Había algo que causaba curiosidad entre los espectadores. ¿Por qué él no hablaba claro y se le escuchaban como entre dientes sus palabras? Se supo entonces que cuando nació su madre tuvo un difícil parto y debieron usar fórceps y esto le ocasionó una lesión permanente al futuro actor.

En Rocky IV también actuó allí la despampanante Brigitte Nielsen, que le acaparó el corazón a Silvester, quien por ella se divorció de Sasha Czack y vivió un romance que llenó páginas de revistas, programas de espectáculos y chismes faranduleros. Brigitte era una espigada mujer, con un cuerpo que hacía suspirar al más escéptico de los mortales.

Vinieron más Rocky, luego Stallone presentó Rambo, una cinta que narraba historias en la guerra de Vietnam y era una forma de buscar un desquite contra los pequeños guerrilleros que habían sacado corriendo a los americanos de la península unos 20 años atrás.  Era más vitaminas contra los comunistas. Silvestre no sólo vendió la saga, sino que también se hizo multimillonario con las películas para betamax, afiches, ropa y el famoso cuchillo con serrucho.

Las cintas de Stallone lo convirtieron en una verdadera estrella. Se divorció de Brigitte, quien seguía siendo seductora, pero al actor no le faltaban las modelos, actrices de segunda que le hacían la primera. Incluso se casó con una de ellas, Jennifer Fravincon quien tuvo tres hijas: Sophía, Sistine y Scarlet, a quienes invitó a comer a Londres para celebrar este 6 de julio, sus 72 años de existencia.

Ha tenido también sus días difíciles como cuando se enfermó su hijo y luego, cuando murió. Se había olvidado de Dios y a partir de ese momento, retornó a la espiritualidad.

En las últimas semanas lo han acusado de acoso sexual durante sus años de éxito. Situación que lo tiene en titulares de los medios y en una que otra oficina de abogados. Él se siente tranquilo, al fin y al cabo, escatimó roles en cintas como Batman, Mujer Bonita, Duro de Matar y otras 50 más. Tiene grandes amistades en el cine con los cuales ha montado hasta restaurantes o han sido representantes de boxeadores. Hace fiestas en su casa a donde van otros peleadores como Steven Sagal y Van Damme, quienes en una oportunidad se retaron en el propio jardín, pero más bien optaron por tomarse unos tragos fuera de la casa.

Stallone, el hombre de los recuerdos y de las inolvidables peleas. ¡Feliz cumpleaños Silvester!

 



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