Por Guillermo Romero Salamanca
A las 7 y 45 de la mañana del martes 12 de julio de 1785 los habitantes de Santa Fe de Bogotá sintieron el furor de un terremoto.
El ruido que llegó con la caída de paredes y techos se unió a un estruendo que salía del interior de la tierra.
A esa hora buena parte de los santafereños estaban en la celebración de la santa misa, otros preparaban sus desayunos y unos más se alistaban para sus quehaceres diarios cuando sobrevino un temblor de grandes proporciones.
El susto fue mayúsculo entre la población y las edificaciones de altura del momento como algunos templos y conventos sufrieron los principales daños. Las paredes de tapia se vinieron al suelo, las pesadas techumbres cayeron en segundos.
Muchos de los feligreses salieron despavoridos, mientras pedían al cielo piedad y que aquel movimiento telúrico no fuera el fin del mundo. Dejaron en los templos las alpargatas y ruanas y en las calles corrían de un lado a otro buscando protección.
El Virrey de la Nueva Granada, el cordobés y arzobispo Antonio Caballero y Góngora –conocido entre otras porque ordenó la Expedición Botánica—pidió de inmediato un inventario de los fallecidos, heridos y de los daños materiales para evaluar los costos de la reconstrucción que se estimaron luego en 600 mil pesos.
El terremoto no sólo se sintió en Santa Fe sino en algunas poblaciones vecinas como Fómeque y Zipaquirá.
Según el censo de 1778 la ciudad contaba con 16.002 habitantes y estaba conformada principalmente por blancos y mestizos con un 86 por ciento, seguidos por comunidades indígenas con un 10 por ciento y un 4 por ciento de esclavos negros.
Horas después los comentarios iban y venían. Cada quien fue a su casa para evaluar sus situaciones domésticas.
Surgió entonces la idea de entregar un detallado informe sobre la catástrofe.
Luego de recolectar los datos, en la imprenta colonial del siglo XVIII se publicó una hoja con el título “Aviso del terremoto” y se distribuyó el 20 de julio. Hubo necesidad de hacer tres ediciones posteriores porque los ciudadanos buscaron información ampliada y detallada del suceso.
La hoja está escrita de forma corrida, sin la diagramación de los tiempos actuales y con una tipografía clásica en la cual, por ejemplo se empleó la “s larga” y que se confundía con una “f” en palabras como “Fucedido”.
Algunas copias que sobrevivieron contienen anotaciones a mano con correcciones o ampliaciones de los detalles apuntados en esa famosa hoja que dio inicio al periodismo en Colombia.
Las tres entregas cronológicas dieron más informaciones de la catástrofe y del fervor católico del momento.
No existían sismógrafos ni se conoció el tiempo de duración pero fue una noticia que llegó meses después a conocimiento de los reyes en España.
El primer informe relata cómo en la Capilla del Sagrario fallecieron cuatro mujeres mientras asistían a la misa: Doña María de la Luz de la Concha, Doña Francisca de la Concha (hermanas), Doña María Ignacia de Lara y Doña Juana del Sacramento.
En la Iglesia de Santo Domingo murió un hombre llamado Juan de Dios, quien se encontraba trabajando en los arreglos del coro cuando la bóveda se desplomó por completo.
En el Convento de San Francisco falleció “un religioso franciscano de avanzada edad, víctima de la caída de un pilar de piedra en los pasillos internos”.
Las otras tres víctimas fallecieron en las calles debido a infartos provocados por el susto (lo que en la época llamaban «muerte de repente por el pavor») o aplastadas por tejas que caían de los techos residenciales mientras intentaban evacuar sus hogares.
Aunque el Aviso del Terremoto se centró principalmente en la capital, informes posteriores de los alcaldes de las provincias vecinas confirmaron que en pueblos cercanos a Boyacá y Cundinamarca (como Cáqueza y Fómeque, que estuvieron más cerca del epicentro) el sismo cobró la vida de aproximadamente 40 personas más, debido a que las casas de bahareque y paja colapsaron sobre las familias que aún dormían.

LA REDACCIÓN
El “Aviso del terremoto” describió detalladamente lo sucedido: “En la Iglesia de Santo Domingo, el golpe destruyó enteramente la bóveda del coro alto, y se desplomó gran parte de la estructura. Quedaron sepultadas entre las ruinas varias personas que asistían a los divinos oficios. De debajo de los escombros y cascotes fueron sacadas con vida una mujer preñada y dos hombres, quienes milagrosamente salvaron sus vidas al quedar protegidos en el hueco de un confesionario que resistió el peso de la techumbre».
Otro aparte dice: “La Capilla del Sagrario, joya de nuestra devoción, vio caer su techumbre con gran estrépito sobre el altar, causando la muerte inmediata de quienes allí rogaban. Asimismo, las torres de la Santa Iglesia Catedral sufrieron graves quebrantos en sus cuerpos superiores, amenazando con desmoronarse sobre la plaza mayor, quedando sus campanas mudas por el temor de un nuevo vaivén de la tierra».
Años más tarde, con la llegada a Santa Fe de Bogotá, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez imprimió “El Papel periódico ilustrado” que salió a la pública el 6 de agosto de 1791 y que por su periodicidad se considera como el primer medio de comunicación impreso en Colombia.
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