Semanas  después del devastador sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia, las comunidades afectadas libran una batalla silenciosa contra un enemigo invisible. Con un balance oficial de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) que confirma 112 acueductos afectados, 347 centros de salud con daños estructurales y más de 282.000 ciudadanos damnificados, la prioridad inmediata se traslada del rescate a la prevención de emergencias sanitarias secundarias.

Las fuertes lluvias registradas en departamentos críticos como Chocó, Valle del Cauca y Risaralda, sumadas al estancamiento de aguas y la avería en las redes de agua potable, han configurado un escenario propicio para la proliferación de vectores y bacterias. Organismos como la Cruz Roja han encendido las alarmas sobre el riesgo inminente de brotes de dengue, gastroenteritis y leptospirosis, especialmente en los alojamientos temporales.

El escudo en el hogar y los albergues

Para frenar la propagación de enfermedades gastrointestinales, la regla de oro es el consumo estricto de agua segura. Respecto al agua recolectada ponerla a hervir  durante al menos cinco minutos o utilizar pastillas potabilizadoras antes de ingerirla o preparar alimentos son prácticas recomendables.

Karol Annie Restrepo docente de la especialización en epidemiologia de la Fundación Universitaria del Área Andina de Bogotá anota que cuando un acueducto ha sido afectado por un sismo, no se puede asumir que el agua es segura porque su aspecto parece limpio de ahí que la primera opción es disponer de agua proveniente de una fuente confiable mientras se restablece la red, “el agua envasada, en botella o bolsa, constituye una alternativa importante cuando existe disponibilidad, porque disminuye la manipulación y los riesgos asociados con almacenar agua en recipientes que no siempre reúnen condiciones sanitarias adecuadas”. 

Por otro lado la experta anota que para prevenir y el dengue, la prioridad es identificar y eliminar potenciales  criaderos “se requiere buscar cualquier recipiente capaz de acumular agua como tanques, baldes, botellas, llantas, y otras estructuras naturales o artificiales”. Los depósitos necesarios para almacenar agua deben mantenerse limpios y correctamente tapados, de lo contrario deben eliminarse. 

En cuanto a la leptospirosis, “la prevención se centra en reducir la exposición a ambientes contaminados mediante el adecuado manejo de residuos, aguas estancadas, eliminación de posibles refugios de roedores, y la protección de alimentos”, también se recomienda utilizar elementos de protección durante las labores de limpieza. Estas acciones deben complementarse con vigilancia epidemiológica, control integrado de plagas, participación comunitaria y detección temprana de personas enfermas.

Gestión comunitaria: el motor de la resiliencia

La correcta disposición de basuras en las áreas comunes de los albergues disminuye la atracción de plagas de roedores. Gestionar el apoyo local implica también vigilar que las entregas de asistencia humanitaria incluyan kits de aseo, repelentes y toldillos, herramientas fundamentales que actúan como barreras físicas eficaces.

Si Colombia demuestra una buena capacidad de articulación solidaria, el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo epidemiológico comunitario y la disciplina en los hábitos de higiene diaria, las comunidades vulnerables  podrán superar con éxito esta fase de recuperación post desastre.

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