Por Gabriel Ortiz

Nadie imaginó la derrota que dejó viendo estrellas a Petro y su combo, que utilizó todos los recovecos, tretas y emboscadas para alzarse con la presidencia de Colombia por 4 años más.

Utilizó la pobreza de millones de colombianos, que graduó de indigentes, mendigos y desamparados, para raparles los votos electorales e impulsarlos a seguir las falsas promesas de su gobierno.

El aparato publicitario oficial, no ha cesado de publicitar las maravillas estatales para enriquecer a pobres y necesitados, que terminaban con un pregón de “gracias Petro”. Ha disfrazado como grandes conquistas, falsos programas, como la tal reforma agraria que entregó simples 450.000 hectáreas de terrenos inundados e improductivos. Jugó irracionalmente con el salario mínimo, que elevó desmedidamente, sin medir las consecuencias. La pobreza arropó a las clases populares, que hoy siguen soportando una brutal inflación.

 A esto hay que agregar la frenética corrupción que ha diezmado las finanzas del Estado, las contrataciones, la deuda pública y demás ingresos nacionales.   

Aún no existe tribu indígena, junta comunal, grupos petristas o del M 19, que no recibiera su botín para reuniones o manifestaciones populares, viajes, pequeñas, medianas y grandes obras, necesarias o innecesarias, para enriquecer a amigos o futuros sufragantes.

Todo esto y muchas cosas más se fueron multiplicando ante la proximidad de las elecciones para escoger reemplazo de Petro. Se buscaron candidatos por todas partes, hasta que apareció un filósofo senador que llenaba las condiciones de Petro. Así surgió Iván Cepeda, un dirigente de izquierda, que entonces era un político tolerante, razonable y más o menos ecuánime, aunque con poca caída para semejante compromiso.

Como el tiempo apremiaba, se necesitaba correr, porque De la Espriella, Paloma, Fajardo, Claudia, Vicky y los candidatos de Centro estaban en la arena con buenos augurios, que espantaban a Petro.

Ahí empezó la maquinaria del presidente, que aceitó la corruptela para echar mano a los dineros del Estado. Arrancó entonces la compra de votos con los dineros de las arcas oficiales. Florecieron los contratos, para pagar nóminas y prebendas de quienes debían votar por el candidato de Petro.

El dinero no alcanzó, las finanzas oficiales escasearon y fue así como Abelardo De la Espriella, llegó al solio de Bolívar -de Simón, no de Gustavo-.

Tanto Iván como Petro, quisieron desconocer el triunfo de De la Espriella, asumiendo funciones del CNE, porque la elección fue absolutamente Limpia y superó al derrotado en más de 500.000 votos. Querían desconocer que al presidente lo elige la mitad más uno -ojo MÁS UNO- de los votos.

La bravuconada del gran derrotado, que entre otras cosas, posa en la “lista Clinton”, le quedan 26 días para jugar limpio con el obligatorio empalme, profanar la Plaza de Bolívar el 20 de julio y dejar al país tranquilo, mitigando el mal de este siglo.

BLANCO: Colombia entera estuvo con nuestra selección hasta el final. Su participación fue impecable. No perdió un solo partido y mostró una gran preparación.

NEGRO: Se acabó el recreo a la subversión. Llegó la hora para terminar el suplicio al que someten a 52 millones de colombianos.  

También puede leer: