Por Mauricio Salgado Castilla @salgadomg

Emprender Sí se puede — Historia 1 de 6

¿Qué sucede cuando el mundo laboral empieza a considerar que tu experiencia es un problema y no una ventaja?

Tomás volvió a leer el mensaje. Era corto, amable, cuidadosamente redactado. Le agradecían su participación en el proceso de selección, reconocían su trayectoria, pero habían decidido continuar con un perfil «más joven y flexible».

No era la primera vez. Había enviado treinta hojas de vida y comenzaba a reconocer las diferentes maneras de decirle que no. Algunas empresas ni siquiera respondían. Otras lo felicitaban por su experiencia, precisamente antes de descartarlo.

Durante años había trabajado, tomado decisiones, resuelto problemas, dirigidos equipos y cumplido objetivos. Ahora parecía que todo aquello, que alguna vez había sido su mayor fortaleza, se había convertido en una dificultad.

Lo más doloroso no era solamente quedarse sin trabajo. Era comenzar a preguntarse si todavía tenía algo valioso que ofrecer.

Tomás tenía una costumbre que lo acompañaba desde hacía años: escribir en una libreta. Allí organizaba sus pensamientos, hacía cálculos y anotaba preguntas. Aquella mañana escribió tres:

¿Cuánto cuesta empezar un negocio?

¿Cuánto tiempo se necesita para recuperar la inversión?

¿Qué pasa si no funciona?

Las observó durante varios minutos. Le parecían preguntas razonables, incluso indispensables. Sin embargo, había una cuarta que no se atrevía a escribir: ¿y si ya no soy capaz de empezar de nuevo?

El miedo no siempre aparece como miedo. A veces se disfraza de prudencia, de análisis, de necesidad de tener toda la información antes de actuar.

Tomás sabía analizar proyectos. Había pasado buena parte de su vida haciéndolo. Pero ahora el proyecto era él mismo y eso cambiaba completamente las cosas.

Un día llegó a una cafetería donde se reuniría con otras tres personas que también estaban buscando nuevos caminos. No tenían la misma edad, ni las mismas experiencias, ni las mismas razones para estar allí. Lo único que compartían era una incertidumbre: necesitaban hacer algo diferente y no sabían exactamente por dónde comenzar.

Los acompañaría Lina, una facilitadora que tenía una manera particular de enseñar. No parecía interesada en explicarles cómo crear una empresa exitosa mediante fórmulas que funcionaran para todos. Prefería hacer preguntas, escuchar y permitir que cada persona descubriera sus propias respuestas.

Tomás esperaba encontrar herramientas para evaluar inversiones, calcular rentabilidades y reducir riesgos. Sin embargo, una de las primeras preguntas de Lina lo desconcertó.

—Antes de pensar en qué negocio quieren crear, ¿se han preguntado qué clase de vida quieren construir?

Tomás abrió su libreta.

Aquello no estaba en sus cálculos.

Había pasado tanto tiempo pensando en conseguir otro empleo o encontrar un negocio rentable que casi había olvidado preguntarse qué quería realmente para sí mismo.

¿Deseaba volver a trabajar bajo la presión de indicadores, reuniones interminables y objetivos que otros definían? ¿O existía otra manera de aprovechar sus conocimientos?

La pregunta parecía sencilla, pero no tenía una respuesta inmediata.

Y entonces comenzó a comprender algo que cambiaría su manera de mirar las oportunidades: no todo buen negocio es necesariamente un buen negocio para quien debe vivir dentro de él.

Con el paso de los talleres descubriría que su experiencia podía tener un valor diferente del que había buscado durante meses en las ofertas laborales. Pero todavía tendría que enfrentar una dificultad inesperada: dejar de prepararse indefinidamente y atreverse a comprobar si alguien necesitaba realmente aquello que él podía ofrecer.

Porque una cosa es tener conocimientos y otra muy distinta convertirlos en una solución por la cual alguien esté dispuesto a pagar.

Tomás apenas estaba comenzando.

Y tú, ¿cuántas veces has pensado que necesitas tenerlo todo perfectamente preparado antes de intentar algo nuevo? ¿Cuántas oportunidades has descartado porque crees que ya pasó tu momento? ¿Cuántos conocimientos has acumulado sin preguntarte si podrían convertirse en el comienzo de otra historia?

La historia de Tomás forma parte de mi libro Emprender Sí se puede, una novela-taller donde cuatro personas, acompañadas por Lina, recorren veinte talleres para transformar sus conocimientos, experiencias e ideas en emprendimientos reales y con sentido.

No es un libro que simplemente explica cómo emprender. Es una invitación a participar, reflexionar, tomar decisiones y construir tu propio proyecto.

Porque hay un sexto personaje que todavía no ha aparecido en estas historias.

Ese personaje eres tú.

Y quizás, como Tomás, descubras que lo que parecía el final de una etapa puede convertirse en el comienzo de algo que nunca habías imaginado.

Mañana conoceremos a Mónica. Ella no recibió una carta de rechazo como Tomás. Su desafío es diferente: descubrir si algo que parece cotidiano, casi insignificante, puede convertirse en una verdadera oportunidad de emprendimiento. Pero una buena idea puede esconder dificultades que nadie imagina al comienzo.

¿Qué descubrirá Mónica antes de dar el primer paso?

Emprender Sí se puede

Veinte talleres para convertir lo que sabes en un emprendimiento real y con sentido.

Mauricio Salgado Castilla- Autor y profesor de pensamiento estratégico.

Libro impreso disponible en Amazon.

Libro digital (ebook): WhatsApp +57 320 844 7516.

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