Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la University College de Londres (Reino Unido) sugiere que el análisis de los microbios en el intestino puede revelar si una persona tiene un riesgo elevado de padecer la enfermedad de Parkinson, incluso antes de que haya desarrollado algún síntoma.
Los científicos descubrieron que las personas con párkinson tienen una composición distintiva de microbios intestinales, al igual que las personas sanas que tienen un riesgo genético de padecer esa enfermedad, según informan en un nuevo estudio publicado en la revista ‘Nature Medicine’. El trabajo contó con el apoyo de la Fundación Michael J. Fox para la Investigación del Parkinson.
Los investigadores afirman que sus hallazgos podrían ayudar a desarrollar pruebas para revelar el riesgo que tiene una persona de desarrollar la enfermedad de Parkinson, de modo que se pueda ofrecer apoyo temprano, y potencialmente también podrían conducir a nuevas formas de prevenir el párkinson actuando sobre el intestino.
«La enfermedad de Parkinson es una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo y la enfermedad neurodegenerativa de más rápido crecimiento en términos de prevalencia y mortalidad. Existe una necesidad urgente de desarrollar tratamientos que puedan detener o ralentizar la progresión de la enfermedad», apunta Anthony Schapira, del Instituto de Neurología de la University College de Londres.
Schapira añade: «Para posibilitar tanto la investigación como el uso eventual de dichos tratamientos, necesitamos desarrollar los medios para la detección muy temprana de las personas que desarrollarán, o probablemente desarrollarán, la enfermedad».
En los últimos años se ha reconocido cada vez más la relación entre la enfermedad de Parkinson y la salud intestinal. En el nuevo estudio se ha reforzado reforzado esa evidencia al demostrar que los microbios intestinales pueden revelar signos de párkinson y ser una señal de alerta temprana del riesgo de padecerlo años antes de que aparezcan los síntomas.

Método innovador
Para el estudio, el equipo internacional liderado por científicos de la University College de Londres, en colaboración con el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia, utilizó un método innovador para analizar datos clínicos y fecales de participantes en Reino Unido e Italia.
El estudio incluyó a 271 personas con enfermedad de Parkinson, 43 portadores de la variante GBA1 (una variante genética que puede aumentar el riesgo de padecer párkinson hasta 30 veces) sin síntomas clínicos y 150 participantes sanos como grupo de control.
Los científicos descubrieron que más de una cuarta parte de los microbios que componen la microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos, como las bacterias, que viven en nuestro tracto digestivo) -176 especies diferentes- presentaban variaciones en su abundancia al comparar a personas con enfermedad de Parkinson con participantes sanos del grupo de control.
Algunos microbios eran más comunes entre las personas con enfermedad de Parkinson, mientras que otros eran más comunes entre los participantes sanos del estudio. Este patrón fue más evidente en las personas con estadios más avanzados de párkinson.
La mayoría de estos microbios (142 especies) también mostraron diferencias consistentes en su abundancia al comparar a los controles sanos con las personas portadoras de la variante del gen GBA1, que aún no han experimentado ningún síntoma de la enfermedad de Parkinson.
Los investigadores afirman que la composición del microbioma intestinal en personas con riesgo genético de padecer Parkinson, pero sin síntomas, se asemejaba a un patrón intermedio entre los individuos sanos y aquellos con párkinson.
«Por primera vez, identificamos bacterias en el intestino de personas con Parkinson que también se encuentran en quienes tienen un riesgo genético de padecer la enfermedad, pero antes de que desarrollen síntomas. Es importante destacar que estos mismos cambios se pueden encontrar en una pequeña proporción de la población general, lo que podría aumentar su riesgo de desarrollar Parkinson», apunta Schapira.
Cambios en la dieta
Schapira indica que ese descubrimiento abre la puerta no solo a comprobar si las bacterias pueden servir para identificar a las personas con riesgo de padecer párkinson, sino también a ver si modificar la población bacteriana, mediante cambios en la dieta o medicamentos, puede reducir el riesgo de una persona de desarrollar párkinson.
Los científicos corroboraron sus hallazgos comparando sus resultados con los de una cohorte adicional de personas en Reino Unido, Corea y Turquía, que sumaba un total de 638 personas con enfermedad de Parkinson y 319 participantes sanos del grupo de control.
Los participantes del estudio también proporcionaron datos sobre sus hábitos alimenticios, que revelaron cierta evidencia de que aquellos con una dieta más equilibrada y variada tienen menos probabilidades de tener microbiomas intestinales que sugieran un riesgo elevado de párkinson.
«El análisis del microbioma intestinal nos permite identificar a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, para así sugerirles maneras de reducir su propio riesgo, por ejemplo, mediante ajustes en la dieta», indica Stanislav Dusko Ehrlich, profesor honorario del Instituto de Neurología de la University College de Londres.
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