En Colombia, la cirugía estética dejó de ser un tema de nicho. El aumento de procedimientos, impulsado por redes sociales, publicidad digital y promociones atractivas, ha llevado a muchas personas a tomar decisiones rápidas sobre intervenciones que, en realidad, siguen siendo actos médicos complejos. Por eso, antes de entrar a un quirófano, el paciente no solo debería pensar en el resultado que espera, sino en las condiciones de seguridad que rodean todo el procedimiento.

German Acevedo, docente del programa de Instrumentación Quirúrgica de Areandina, seccional Pereira, advierte que uno de los errores más comunes es concentrarse únicamente en el profesional que hará la cirugía y no en la institución donde se realizará. “Más allá del cirujano, el lugar también salva vidas”, sostiene. La frase resume un punto clave: un procedimiento estético no depende solo de unas manos expertas, sino de un entorno clínico que pueda prevenir, detectar y responder ante cualquier complicación.

Ahí entra un aspecto básico que muchos pacientes no verifican: la habilitación. En el país las cirugías solo pueden realizarse en servicios de salud habilitados, es decir, en instituciones que cumplen requisitos mínimos de infraestructura, dotación, bioseguridad, talento humano y protocolos clínicos. “La habilitación no es un simple trámite administrativo, es un mecanismo de control para reducir riesgos y prevenir eventos adversos”, explica Acevedo. En otras palabras, no cualquier consultorio, casa adaptada o sede improvisada puede operar, aunque se vea bonita en fotos o tenga buena promoción en internet.

Qué debería revisar un paciente antes de aceptar un procedimiento estético

Inicialmente conviene hacer una verificación práctica. Para ellos es clave realizar siempre las siguientes preguntas: ¿Cuál es la dirección exacta donde me realizaré la cirugía? ¿Cuál es el nombre legal de la institución prestadora de servicios de salud? y ¿Ese servicio quirúrgico está habilitado? También vale la pena indagar si existe una sala de recuperación postoperatoria, cómo se realiza la esterilización de los instrumentos quirúrgicos y si hay equipos disponibles para atender emergencias.

Estas preguntas no son exageradas. Al contrario, forman parte del autocuidado. Cuando las respuestas son claras, verificables y coherentes, el paciente puede avanzar con mayor tranquilidad. Si la información cambia, es ambigua o genera evasivas, lo prudente es frenar. “La transparencia en la información es un indicador clave de calidad”, subraya el docente Acevedo.

Otro punto decisivo es el equipo humano. Además del cirujano, el paciente tiene derecho a preguntar por la formación académica del profesional, su experiencia en ese procedimiento específico, quién manejará la anestesia y qué apoyo tendrá durante y después de la intervención. Un equipo serio responde sin rodeos, explica riesgos y no minimiza dudas. La cirugía estética puede mejorar la calidad de vida, pero no debería presentarse como si fuera un servicio comercial cualquiera.

También conviene desconfiar de las ofertas demasiado baratas. En salud, los precios extremadamente bajos pueden esconder recortes en aspectos críticos como infraestructura, equipos, esterilización o personal. Elegir solo por precio es uno de los errores más peligrosos, porque detrás de una promoción llamativa pueden existir prácticas informales o lugares que no cumplen estándares mínimos de seguridad.

Acevedo recuerda, además, que habilitación y acreditación no son lo mismo. La habilitación es obligatoria y asegura condiciones mínimas para operar. La acreditación es voluntaria y certifica estándares superiores de calidad, seguridad y mejora continua. No todas las instituciones acreditadas son la única opción posible, pero ese sello sí puede ofrecer un nivel adicional de confianza.

Otra recomendación útil es no dejarse presionar por paquetes con fecha límite, descuentos por pronto pago o promesas de recuperación exprés. Si una institución reduce la decisión a una oferta comercial, conviene detenerse. Una cirugía exige evaluación previa, historia clínica completa, valoración anestésica y explicaciones claras sobre riesgos, cuidados posteriores y posibles complicaciones.

Informarse, preguntar y verificar no debería verse como desconfianza, sino como parte de una decisión responsable. En una cirugía estética, revisar quién opera, dónde opera y con qué respaldo opera puede marcar la diferencia entre un buen resultado y una experiencia de alto riesgo. Antes de entrar a un quirófano, la mejor pregunta no es cuánto cuesta ni qué tan rápido se agenda, sino si existen condiciones reales para proteger la vida, la salud y la recuperación del paciente.

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