
Por Diego García M.D.
Hay días en los que parece que un problema viene detrás de otro. Llegan tan rápido que no podemos solucionarlos y los vamos acumulando, creando una montaña de inconvenientes, tan grande que parece inalcanzable de superar, amenaza con derrumbarse sobre nosotros para acabar con nuestros sueños y ganas de continuar.
Pero esa inmensa “montaña de problemas” no se ha formado por un hecho aislado o por tener mala suerte. Se origina principalmente por dos razones: primero, los conflictos que traemos desde nuestra crianza; y segundo, cuando, a pesar de identificar y reconocer nuestros errores, seguimos cometiéndolos.
No existen dos montañas iguales en nuestras vidas. Pueden parecerse a las de otras personas, pero nunca serán las mismas. Esto significa que tenemos la tarea de conquistar nuestros propios desafíos, y esto no se logra con un simple deseo. Para ello, se deben tener en cuenta los siguientes pasos: prepararse, escalar, conquistar la cima y bajar de nuevo.
Prepararse
Si nos ponemos de pie frente a esa montaña, es decir, el problema que tenemos, podemos sentirnos aterrados por su tamaño. Por eso, lo primero es preguntarnos: ¿cómo vamos a subir? O, en nuestro caso: ¿el problema tiene solución? Si la respuesta es sí, pasamos a preguntarnos cuál sería la mejor estrategia y qué herramientas necesitamos.
Muchas veces, la mejor herramienta no es la más útil. Por ejemplo, tener una maleta para subir la montaña, siendo necesaria, puede convertirse en una dificultad. ¿Por qué? Porque si no la utilizamos bien y la llenamos de piedras, nuestro camino será más difícil. Estaríamos usando la maleta, pero de manera incorrecta. En nuestra vida tenemos muchas herramientas; una de ellas es nuestra mente. Sin embargo, muchas veces la llenamos de “piedras mentales” . pero, ¿cuáles son esas piedras mentales? Son los pensamientos negativos, malos consejos, decisiones apresuradas, o acciones como quedarnos estancados, renegando de la situación y enfocándonos solo en lo difícil que es. Entonces, debemos pensar en lo siguiente: “si no podemos hacer el camino más fácil, por lo menos no debemos hacerlo más difícil”
El problema en sí no es la montaña, sino cómo afrontamos el reto de superarla.
Escalar
Iniciar el ascenso de una montaña con el equipo necesario no asegura el éxito, pues las condiciones cambian de un momento a otro. Eso también pasa en la vida: planeamos, y muchas veces las cosas no salen como queremos. Van surgiendo situaciones que nos exigen cada vez más. Por ejemplo, estamos atravesando un problema económico y, además, se daña el carro o alguien se enferma. Todo, literalmente, se pone cuesta arriba.
Sin embargo, estas situaciones adicionales realmente nos sirven de entrenamiento para las próximas montañas. No existe una vida libre de situaciones complejas. Cada una de nuestras dificultades diarias deben afrontarse de una forma diferente. No es lo mismo si estamos en una crisis económica, separación o enfermedad, y estas pueden presentarse una a la vez o todas al mismo tiempo. Para cada una debemos utilizar estrategias distintas. No podemos solucionar todo de la misma manera y al mismo tiempo; ese es un error mental. Todo se vuelve más sencillo si avanzamos un paso a la vez. Analizar las situaciones desde la calma nos va acercando, poco a poco, a la cima de nuestra montaña.
Conquistar la cima
Llegar a la cima es lo que deseamos, porque nos permite cambiar la perspectiva. Desde allí podemos ver un panorama más amplio y descubrir nuevos horizontes. Sin embargo, cuando estamos arriba debemos tener cuidado. Superar un problema, no significa una vida simple, sin dificultades o sin nuevas montañas.
Allí, en la cima, debemos trabajar una virtud muy importante: la humildad. Falsamente podemos creer que ahora lo controlamos todo, y justo con ese pensamiento damos el primer paso hacia un nuevo desafío. Conquistar no es solo vencer el problema, es dominar nuestros miedos, carácter y sobre todo, nuestras emociones cada vez un poco más.
Bajar de la cima
Si hacemos la tarea de llegar a la cima y de conquistar nuestros miedos, dudas y emociones, estaremos preparados para descender. Entonces entenderemos que ya no somos los mismos cuando iniciamos el ascenso. Cuando Moisés subió a la montaña y se encontró con Dios: luego bajó y ya no era el mismo, no era una persona perfecta, pero sí alguien mejor.
Cada montaña, cada dificultad superada, tiene como resultado que seamos cada vez mejores personas y además, nos permite conocer y desarrollar habilidades que nos ayudarán en nuestro futuro.
El camino continúa
Luego de ese gran logro, estamos listos para retomar nuestro camino, uno lleno de nuevos retos y montañas, pero esta vez con más confianza, experiencia, aprendizajes y mejores herramientas, entendiendo que la vida no termina con las dificultades que tenemos, al contrario cada reto superado es la oportunidad para poder ver la vida con más gratitud.
“El camino que Jesús te muestra no es fácil. Es más bien como un sendero que serpentea por una montaña. ¡No te desanimes! Cuanto más empinado es el camino, más rápido asciende hacia horizontes cada vez más amplios.”
Juan Pablo II
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