
Por Hernán Alejandro Olano García
El discurso pronunciado hoy por el rey Mohammed VI ante el Parlamento marroquí, para iniciar las sesiones del nuevo gobierno, permite identificar una visión de Estado que vincula desarrollo económico, cohesión social y proyección internacional.
Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, quiero desarrollar cinco aspectos a destacar de su pieza oratoria:
Primero, la iniciativa migratoria. Marruecos anuncia que presentará a sus socios, especialmente europeos, una propuesta estratégica propia sobre migración, codesarrollo, competitividad y estabilidad regional. Su importancia radica en que el Reino no se limita a responder a las prioridades europeas, sino que busca contribuir a definir la agenda. Esta iniciativa puede abrir espacio para una asociación más equilibrada, siempre que la corresponsabilidad se traduzca en compromisos concretos de ambas partes.
Segundo, la autonomía estratégica. La seguridad hídrica, energética y alimentaria, las reservas estratégicas, la industrialización y la inteligencia artificial aparecen como componentes de una misma preocupación: fortalecer la capacidad nacional para afrontar un entorno internacional incierto. La competitividad, en esta perspectiva, no depende exclusivamente de atraer inversiones, sino también de construir capacidades propias.
Tercero, la justicia territorial. El llamado a acelerar la regionalización avanzada y la desconcentración administrativa reconoce un desafío fundamental: convertir las decisiones del Estado en resultados verificables para los ciudadanos. La transferencia efectiva de competencias y recursos será determinante para reducir las brechas territoriales y mejorar los servicios públicos.
Cuarto, la juventud y la cohesión social. La educación, la formación y el empleo se presentan como condiciones para recuperar la confianza en las instituciones y ampliar las oportunidades de movilidad social. El crecimiento económico solo alcanza su pleno sentido político cuando sus beneficios se traducen en dignidad y mejores condiciones de vida.
Quinto, la responsabilidad institucional. La apelación a los parlamentarios recuerda que la representación política comporta obligaciones éticas frente a los ciudadanos. El desafío consiste en que esa responsabilidad se refleje en el control institucional, la calidad de las decisiones y el cumplimiento de los compromisos públicos.
En conjunto, el discurso plantea una cuestión relevante para el análisis internacional: Marruecos busca fortalecer simultáneamente sus capacidades internas y su margen de iniciativa exterior. La propuesta migratoria constituye una expresión visible de esa orientación, pero su alcance dependerá de su contenido, de los acuerdos que logre construir con sus socios y de su ejecución.
Más que una simple inversión del esquema Norte-Sur, lo que está en juego es la posibilidad de avanzar hacia una cooperación en la que la iniciativa, las responsabilidades y los beneficios sean efectivamente compartidos, sin perder de vista los compromisos que el monarca plantea en materia de juventud, seguridad económica, descentralización, responsabilidad parlamentaria y migración, particularmente por las actuales fricciones con España.
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