Miles de personas cruzan día puentes y pasos peatonales en ciudades del país. La mayoría lo hace con prisa y sin mirar detalles de la estructura. Sin embargo, el deterioro suele dar señales visibles antes de convertirse en una emergencia. Aprender a reconocerlas no reemplaza una inspección técnica, pero sí puede ayudar a prevenir accidentes y a reportar a tiempo problemas que ponen en riesgo la seguridad de peatones, especialmente niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida.

“Cuando un puente o paso peatonal empieza a deteriorarse, no lo hace de manera silenciosa; la estructura suele dar avisos claros que cualquier persona puede reconocer”, explica Jorge Mario Díaz, docente de Ingeniería Civil de Areandina, sede Valledupar. La clave, dice, es no normalizar daños que parecen pequeños y entender cuáles sí pueden indicar riesgo.

La primera alerta son las grietas en el concreto. No todas significan lo mismo. Las superficiales suelen ser delgadas, poco profundas y parecidas a las líneas que aparecen en el revoque de una pared; deben vigilarse, pero no implican un peligro inmediato. Distinto es cuando la grieta se ve ancha, profunda, oscura en su interior o parece crecer con el tiempo. Si además está en bases, apoyos o juntas, merece atención urgente porque esos puntos soportan y transmiten cargas.

Otra señal crítica son los desprendimientos de concreto. Cuando se caen trozos del material y quedan expuestas las varillas de acero, el daño deja de ser estético. “No es normal ver el esqueleto de la estructura a simple vista; eso es un síntoma de deterioro avanzado”, advierte Díaz. Si ese acero se observa oxidado, la resistencia puede disminuir y el riesgo aumentar.

También hay que mirar deformaciones y hundimientos. Si el piso se ve inclinado, hay desniveles extraños o el paso vibra más de lo normal, puede haber pérdida de rigidez. La acumulación de agua en juntas o bases es otra señal que suele subestimarse: el agua estancada acelera la corrosión del acero y el desgaste del concreto.

Barandas, escaleras y pisos también pueden causar accidentes graves

En puentes y pasos peatonales no solo importa la estructura principal. Elementos que muchos consideran “secundarios” pueden convertirse en un riesgo inmediato. Las barandas, por ejemplo, cumplen una función vital: evitar caídas desde altura. Si están flojas, corroídas o se mueven al apoyarse, ya no ofrecen seguridad. “Una baranda débil puede ser tan peligrosa como una grieta en el piso”, señala Díaz.

Las escaleras también son un punto crítico. Un peldaño roto, suelto o muy desgastado puede causar caídas en segundos, y en horas pico incluso provocar accidentes en cadena. Esto afecta más a adultos mayores, niños y personas con dificultades de movilidad, que dependen de superficies estables para desplazarse.

Otro foco de riesgo es la pérdida de superficies antideslizantes. En días de lluvia, un piso liso se vuelve especialmente peligroso. Resbalones, golpes y fracturas en espacios públicos muchas veces comienzan con un detalle de mantenimiento que se dejó pasar.

Justamente ahí está uno de los problemas: ignorar el deterioro temprano. Filtraciones de agua, manchas de humedad, oxidación inicial en tornillos o barandas, fisuras finas en el recubrimiento y pintura protectora descascarada suelen verse como “detalles menores”. Pero, con el tiempo, abren la puerta a corrosión, grietas más profundas y desprendimientos.

“Lo que parece pequeño hoy puede convertirse en una falla grave mañana, y por eso el mantenimiento preventivo siempre es más económico que una reconstrucción”, resume Díaz.

Si usted detecta una señal preocupante, el primer canal para reportarla es la alcaldía, la secretaría de infraestructura o la oficina de planeación de su municipio. Para que el caso avance con mayor rapidez, envíe ubicación exacta, descripción clara del daño, fecha y hora de observación, y fotos o videos. Si no hay respuesta, también puede acudir a personerías, contralorías, veedurías ciudadanas, juntas de acción comunal, Defensoría del Pueblo, medios locales o redes sociales etiquetando a las autoridades.

“Reportar no es solo un acto de responsabilidad; es una forma de proteger la vida de todos”, concluye Díaz. Si ve una grieta profunda, una baranda inestable o desprendimientos, no lo normalice: obsérvelo, documéntelo y repórtelo.

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