Por Esteban Jaramillo Osorio
Siempre correcto. Nunca conforme. Sus ilusiones no se desvanecieron ni en la contrariedad ni en el éxito, como Su pasión por el Blanco- Blanco y el amor por Manizales.
Sí, falleció mi hermano Orlando. Padre, líder familiar, Abogado, confidente, soporte anímico en las adversidades, con calidad humana incalculable.
Compañero y amigo incondicional, Guía y estímulo en mis quehaceres periodísticos.
Me abrió el camino de los medios, resaltó mis intervenciones en los micrófonos y fue generoso en los elogios.

Larga y brillante su hoja de vida.
Futbolista con calidad como zaguero central. Seguidor del Once, sin fanatismo, pero con espíritu crítico, que alimentaba desde sus trincheras, como un intransigente entrenador. Con un inmenso legado de Fe y perfil de empresario emprendedor.
Sonrío y lloro hermano mío. Te confieso, me sorprendiste con tu partida. No la esperaba. Todo tan rápido, tan tenaz. Pero un fresco recorre mi cuerpo. Te disfruté. Y Sé, porque creo en Dios, que te volveré a ver.
Te amo eternamente.
“Gracias hermanito”, como me dijiste dos días antes de tu fallecimiento, cuando intenté, sin conseguirlo, animar tu espíritu y tu cuerpo quebrantado.
Pero, mira las ironías… por fin seré el primero, el número uno, entre los 13 hijos de Juan y Ana Beiba, quienes, con Juan Augusto, te esperan al lado del Señor.
Grande es el premio en tu nueva vida, campeón.

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