La gestión del riesgo empresarial enfrenta un escenario cada vez más exigente. En América Latina y el Caribe, los desastres naturales generan pérdidas cercanas al 1,7% del PIB anual, según el Banco Mundial, un indicador que refleja el impacto directo sobre la infraestructura, la operación y la sostenibilidad de las empresas. A este panorama se suman riesgos asociados a incendios, incidentes químicos y fallas operativas, que están elevando la exposición de las compañías a emergencias de alto impacto y reforzando la necesidad de fortalecer la formación técnica de sus equipos.

En ese contexto, Colombia será sede de la Escuela 60 – Spanish Fire School, uno de los encuentros de entrenamiento en emergencias industriales más relevantes de Latinoamérica, que este año amplía su oferta académica para responder a los nuevos riesgos del sector. “Hoy las emergencias no solo impactan a las personas, también comprometen la operación, la reputación y la continuidad de negocio de las empresas. Por eso la preparación debe ser técnica, práctica y alineada con estándares internacionales y empresariales”, explicó Carolina López Pérez, gerente técnica para Latinoamérica de SACS Group.
El evento, que se realizará del 1 al 5 de junio en Cartagena, reunirá a respondedores, brigadistas, Bomberos, líderes HSE, Gerentes de organizaciones y equipos de gestión del riesgo en un entorno de entrenamiento inmersivo que replica condiciones reales de incendios, incidentes químicos y fallas operativas complejas. A nivel internacional, se estima que entre el 3% y el 7% de los accidentes industriales graves están relacionados con sustancias peligrosas y fallas operativas, lo que evidencia la necesidad de fortalecer capacidades técnicas para su manejo.
Esta edición incorpora nuevos programas diseñados para abordar riesgos específicos de la industria moderna. Uno de ellos es el curso de Respuesta a emergencias en operaciones con cloro y amoníaco, enfocado en el manejo de sustancias críticas utilizadas en sectores industriales, logísticos y de refrigeración. El programa permite identificar riesgos toxicológicos, evaluar escenarios de fuga y ejecutar maniobras de contención bajo protocolos internacionales.
A este se suma el curso de Instructor en Sistema Comando de Incidentes (niveles 100, 200 y 300), orientado a formar líderes capaces de coordinar emergencias complejas y de transferir conocimiento dentro de las organizaciones. Este programa integra estándares como NFPA, FEMA e ISO, fortaleciendo la capacidad institucional para gestionar crisis de manera estructurada y eficiente.
“Las organizaciones están entendiendo que la gestión del riesgo no es solo cumplimiento normativo, sino una capacidad estratégica. Formar instructores y fortalecer competencias en manejo de incidentes permite a las empresas responder mejor, pero sobre todo anticiparse a escenarios que pueden comprometer toda su operación”, agregó López Pérez.
La Escuela 60 hace parte de una tradición académica respaldada por Texas A&M University TEEX, institución que capacita anualmente a más de 174.000 participantes de más de 100 países en temas de seguridad y respuesta a emergencias, consolidando estándares globales en este campo.
En Colombia, donde sectores como el energético, petroquímico, portuario e industrial concentran operaciones críticas, este tipo de formación cobra especial relevancia. La interacción entre procesos productivos, sustancias peligrosas y entornos cambiantes está elevando la complejidad de los riesgos empresariales, lo que exige equipos mejor preparados y con capacidad de respuesta en tiempo real.
La incorporación de estos nuevos cursos refleja un cambio en la manera en que las compañías abordan la gestión del riesgo: ya no se trata únicamente de reaccionar ante incidentes, sino de desarrollar capacidades técnicas que permitan anticipar, contener y mitigar impactos operacionales.
La Escuela 60 – Edición de Oro se consolida así como un espacio clave para la formación especializada en emergencias empresariales, en un momento en el que la preparación de los equipos de respuesta se convierte en un factor determinante para la continuidad, la competitividad y la resiliencia de las organizaciones.
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