
Por Eduardo Frontado Sánchez
Resulta innegable que, durante el auge que ha tenido la inteligencia artificial en en la actualidad, me he dedicado a señalar que esta tecnología no puede sustituir al ser humano ni, mucho menos, a su criterio. Sin embargo, también resulta innegable la manera positiva en que puede ser utilizada, como ocurre en el caso de la canción Bonito Bonito, asociada al proyecto de Thiago Navarro.
Mi crítica hacia la inteligencia artificial siempre ha estado orientada a cuestionar la idea de que pueda asumir, por sí sola, las labores que corresponden al ser humano. Nunca he estado en contra de los mensajes, las ideas o las creaciones que puedan generar bienestar en una sociedad que, en muchos sentidos, atraviesa un proceso de deshumanización.
Me resulta sorprendente que todavía existan personas que, desde el miedo, expresen opiniones sobre lo que la inteligencia artificial puede significar para la industria musical. Bajo mi punto de vista, quizás el problema no sea la industria musical ni tampoco la inteligencia artificial. El verdadero desafío está en la manera en que utilizamos estos recursos.
Particularmente, y sin ser un experto en la industria musical, considero que la creación de un personaje como Thiago Navarro plantea una necesidad de cambio en la manera de hacer música. Pero cambiar no significa necesariamente sustituir.
Vivimos una época marcada por conflictos, guerras, poder y ambición. En medio de ese contexto, el mundo necesita también una dosis de motivación que pueda expresarse a través de la música. Porque la música no es solamente una forma de entretenimiento o expresión; también es una herramienta para transmitir mensajes, despertar emociones y preguntarnos qué tan trascendentes queremos ser.
Desde mi perspectiva, Thiago Navarro también representa un llamado de atención frente a la poca creatividad en la que, considero, ha degenerado una parte de la musica actual. No se trata de negar un género musical, sino de preguntarnos qué estamos consumiendo, qué estamos promoviendo y qué tipo de mensajes queremos que formen parte de nuestra sociedad.
Como seres humanos, debemos prestar atención a la música que escuchamos y, sobre todo, a la intención con la que la escuchamos. Lo que está de moda no necesariamente es lo más constructivo o educativo para los tiempos que estamos viviendo.
Por eso considero que cada canción construida bajo el seudónimo de Thiago Navarro puede convertirse en un llamado a la reflexión y a recuperar la humanidad del ser humano en todo el sentido de la palabra.
Necesitamos, en esencia, dosis de motivación, autoestima, cercania y esperanza para continuar nuestro camino y procurar dejar una huella trascendente en este espacio temporal que llamamos vida.
La inteligencia artificial puede cambiar la manera en que creamos contenido musical, pero no debería hacernos olvidar el por qué componemos. La tecnología puede ser una herramienta extraordinaria, siempre que no perdamos de vista aquello que nos hace humanos.
Porque lo humano nos identifica, lo distinto nos une y, como bien sabemos, lo esencial es invisible a ojos del alma.
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