
Por Esteban Jaramillo Osorio
Espera video sobre cara y contracara del terremoto del mercado de piernas.
Se frotan las manos los dirigentes. Hay números en sus cabezas. Embellece la liga, se agitan las tribunas, pero también envejece. Por el peso mediático de lo sucedido, poco importa.
Llegan figuras del pasado en declive, con las ganas y las motivaciones intactas, con talento, sin velocidad, a una liga que les exige menos, que permite, en dos de los casos, la extrema burguesía.
Son incógnitas.
Son como los viejos Rockeros… “No quieren morir”. Tienen fuego en el cuerpo, juego en las piernas y deseos de competir.
Es lo que dicen en las empalagosas presentaciones, revestidas de mensajes prometedores que, por su pasado reciente, son difíciles de cumplir.
Agonizan sus carreras, pero se resisten al retiro. Quieren danzar con el balón. Saben ganar, enseñan, inspiran y contagian. Tienen calidad.
Su reintegro al fútbol colombiano es noticia estrepitosa, porque son duros de matar, porque saben cambiar la dinámica del juego desde la técnica exquisita, desde sus pases deliciosos, las gambetas puras, desde las sociedades con sus compañeros, desde la cercanía a los triunfos y a los títulos.
Porque perfuman el torneo, elevan su interés, lo cargan de emociones.
Rica será la habladera, las polémicas, la exaltación por mucho fútbol o las dudas y las críticas, por poco. Será un placer hablar de estas leyendas con historia, presentes siempre en los recuerdos, por sus genialidades, los aplausos, los rumores y su inestabilidad en la competencia.
Sus huidas o sus desacuerdos.
Cómo no recordar el pase de Cuadrado a Luis Díaz, para la chilena mágica ante Brasil. O el gol de Quintero para el título de Copa América, con River ante Boca en Madrid.
O la maravilla histórica de James ante Uruguay. O todas las noches en las que llenaron las bocas de los aficionados, con goles o asistencias.
La liga se maquilla. Se activa. James, Juan-Fer, Cuadrado, Jackson, esta locura de mercado prohibida hasta que Millonarios se atrevió con Falcao.
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