Por Mauricio G. Salgado–Castilla @salgadomg

La buena suerte después de los 50: cuando el propósito se construye desde adentro

Hay una idea que muchos repetimos casi como consuelo: “algún día me llegará la buena suerte”. La decimos con esperanza, sí… pero también con una pequeña renuncia escondida. Porque esperar la buena suerte, en el fondo, es confiar en que la vida nos traiga algo sin que tengamos que movernos demasiado.

Álex Rovira, autor del libro “La Buena Suerte”, desmonta esa ilusión con una claridad que sacude: la buena suerte no llega a buscarte a la casa. Y no lo dice con dureza ni pesimismo. Lo dice como una invitación poderosa: la suerte se construye, se cultiva, se trabaja. No es magia; es conciencia, decisión y movimiento.

Curiosamente, esa idea se vuelve mucho más real —y urgente— después de los Después de los 50, la vida ya no es “ensayo”

Hay una etapa en la que creemos que siempre habrá tiempo: tiempo para aprender, para cambiar, para empezar, para viajar, para escribir, para decir “te quiero”, para sanar heridas o cerrar ciclos.

Pero después de los 50 algo cambia. No necesariamente por miedo… sino por lucidez.

De pronto, en un día cualquiera, aparece esa pregunta silenciosa:

¿A qué quiero dedicar el tiempo que me queda?

Y no porque sepamos cuánto tiempo queda, la verdad es que nadie lo sabe, sino precisamente por eso. La vida, sin importar la edad, sigue teniendo el mismo valor: es limitada. Y ese hecho no debe paralizarnos; debería despertarnos.

En mi libro “Conocerme después de los 50”, planteo que esta etapa no es una decadencia, sino una oportunidad extraordinaria: por fin podemos vivir con menos máscaras, menos obligación de agradar y más libertad interior. Pero la libertad por sí sola no es suficiente. Hace falta dirección. Y es ahí donde La Buena Suerte entra como una brújula práctica y motivadora: nos recuerda que el propósito no se espera… se construye.

Un libro como conversación interior

Las páginas de “Conocerme después de los 50” están pensadas como una conversación contigo mismo, para ir encontrando respuestas que no vienen de afuera sino de lo más profundo.

Es un recorrido alrededor de cuatro preguntas esenciales:

  • ¿Quién soy yo?
  • ¿Qué tanto conozco mis emociones?
  • ¿En qué soy realmente bueno?
  • ¿Qué me gustaría hacer por el resto de mi vida?

Después de los 50, estas preguntas se convierten en un espejo implacable pero liberador. Porque muchas personas descubren —con sorpresa, incluso con tristeza— que llevan años sosteniendo rutinas que no disfrutan, relaciones que no nutren, preocupaciones que no pueden resolver, o excusas que se repiten como una oración diaria.

Y esa, precisamente, es una de las razones por las que el autoconocimiento no es un lujo en esta etapa: es una necesidad.

Por eso, “Conocerme después de los 50” no es solo un libro de reflexión emocional: es una herramienta para redefinir identidad, reconocer fortalezas y desarmar viejos discursos internos que bloquean cualquier renacimiento… pasos definitivos para cambiar la suerte desde adentro.

Porque volvemos a Rovira:

la suerte no viene a buscarte a tu casa… la suerte se encuentra caminando.

Reconstruir identidad: el verdadero comienzo

Después de los 50, reconstruir identidad se vuelve fundamental. Porque si antes fuiste “el gerente”, “el profesor”, “el papá que resolvía todo”, o “la mamá que sostenía el mundo”, llega un momento en que esas etiquetas se transforman… y entonces aparece el vacío.

Pero aquí viene la gran oportunidad: reconstruirte desde lo esencial.

No desde el cargo.

No desde el rol.

No desde la productividad.

Desde el ser.

Saber qué puedes cambiar… y qué no

Otra enseñanza poderosa de La Buena Suerte es esta: no todo está bajo nuestro control. Y aceptarlo no es resignación: es madurez emocional.

Entonces, la pregunta se vuelve inevitable:

¿Qué cosas en nuestra vida podemos cambiar… y cuáles no?

No podemos cambiar el pasado.

No podemos controlar lo que otros piensan.

No podemos evitar que el tiempo pase.

Pero sí podemos controlar lo más importante:

  • Cómo queremos vivir
  • Con quién queremos vivir
  • Qué conversaciones queremos tener
  • Qué hábitos queremos construir
  • Qué sueños vamos a recuperar
  • Qué sentido le damos a cada día

Esto cambia toda la mirada.

Dejar de preocuparse por lo que no controlas es como soltar una maleta llena de piedras.

Y con las manos libres… por fin puedes construir.

La señal del libro que no encontraste

Hay una idea preciosa: cuando buscas un libro en la librería y no lo encuentras, tal vez no es mala suerte…

tal vez es una señal de que tú tienes que escribirlo.

Y esto aplica para todo.

Aquello que falta en tu vida, dedícate a pensar cómo crearlo.

Si falta amor, construye amor.

Si falta comunidad, crea comunidad.

Si falta propósito, diseña propósito.

Si falta un libro… entonces escribe.

Y después de los 50, esa señal suele venir más clara que nunca.

Conclusión: movimiento + sentido

“La Buena Suerte” nos recuerda el movimiento.
“Conocerme después de los 50” nos recuerda el sentido.

Entre ambos, hay un camino:

autoconocimiento + acción + identidad.

Y esa combinación no solo cambia la suerte…

cambia la vida.

Aportes y sugerencias son bienvenidos en:

conocermedespuesdelos50@gmail.com

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