
Por Esteban Jaramillo Osorio
¡Ya está!
Salvo imprevistos -lesiones de última hora o ajustes forzados- está la Selección Colombia que irá al mundial.
¿La rosca? Claro. ¿Y en qué lugar no las hay?
El mérito, tantas veces invocado, suele ser una tiranía selectiva. No siempre se premia al mejor, sino al más cercano, o al más recomendado.
En Lorenzo influyen además del rendimiento deportivo, la confianza, la lealtad, la fidelidad al proceso y el recorrido compartido.
Por eso Jerry Mina no pierde la expectativa de volver. Por eso Santiago Arias, Kevin Castaño y David Ospina, por debajo de su mejor rendimiento, son seleccionados.
No es un capricho. La envergadura de un mundial, no lo permite. Es la confianza acumulada.
Preferir los del proceso, los consentidos, es sentido común.
Distinto al ruido de los medios y las tribunas, a la imaginación sin sustento, el de las convocatorias armadas desde el deseo.
En esas listas especulativas siempre estarán Falcao, Dayro y hasta Sebastián Villa, en el juego de la imaginación desde las preferencias personales, sin la profundidad analítica, con desbordes especulativos.
Todo tan lejano a la realidad o cercano a la mentira.
Lorenzo llevará los suyos, nunca los que prefieren los periodistas. Mal lo haría. Es por eso que se fabrican las discordias y llegan rayos y centellas. Nunca habrá satisfacción plena con la convocatoria, ni unanimidad en la opinión.
James, por ejemplo, siempre está y estará en el ojo del huracán.
A veces más noticioso inactivo, que Lucho Díaz en su mejor expresión. Curiosa dicotomía: el “10” crece siempre con la selección y lucho vive su esplendor en el Bayern Múnich.
Dos contextos, dos versiones, un mismo país que los necesita.
La selección sigue su viaje. Con el ejercicio valorativo del entrenador, el desprestigio constante de sus críticos y el optimismo de los aficionados que no dejan de creer. Porque hay con qué.
También puede leer: