En el Día Internacional de la Igualdad Salarial de Naciones Unidas, un análisis de la Corporación para el Desarrollo de la Seguridad Social, CODESS, plantea que la desigualdad económica entre hombres y mujeres no se explica únicamente por cuánto reciben quienes tienen un empleo remunerado. También depende de quién puede acceder al mercado laboral, durante cuánto tiempo, en qué condiciones y quién asume las tareas domésticas y de cuidado que sostienen los hogares.
El informe, basado en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) 2023–2025 y la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2024–2025 del DANE, estima que en 2025 la diferencia promedio del ingreso laboral mensual fue de 7,4 % entre personas ocupadas con ingreso positivo. Entre quienes reciben salario, la brecha del salario monetario mensual fue de 5,3 %.

Pero limitar el análisis a la diferencia salarial deja por fuera otra dimensión de la desigualdad: el tiempo disponible para trabajar y para la vida.
Entre las personas ocupadas, las mujeres destinan diariamente 3 horas y 41 minutos al trabajo doméstico y al cuidado activo, frente a 1 hora y 21 minutos de los hombres. Al sumar trabajo remunerado y cuidado, la carga diaria llega a 9 horas y 11 minutos para las mujeres, frente a 7 horas y 52 minutos para los hombres.
Además, el 20,3 % de las mujeres ocupadas supera las doce horas de carga combinada, frente al 8,7 % de los hombres. La suma debe interpretarse con prudencia porque algunas actividades pueden realizarse simultáneamente, pero la diferencia en el uso del tiempo resulta clara.
La desigualdad también aparece antes de llegar al mercado laboral. Según los datos citados en el análisis, siete veces más mujeres que hombres están fuera de la fuerza de trabajo por oficios del hogar. De las 9,977 millones de mujeres económicamente inactivas, el 69 %, equivalente a 6,884 millones, lo está por esta razón.
A esto se suma la diferencia en protección social. La tasa de ocupación de las mujeres fue 23,7 puntos porcentuales inferior a la de los hombres. En materia pensional, las estimaciones del estudio señalan que el 21,4 % de las mujeres cotiza a pensión, frente al 29,5 % de los hombres.
El trabajo doméstico y de cuidado no aparece en una nómina ni genera cotizaciones, aunque produce bienestar, sostiene la fuerza laboral y reemplaza servicios que tendrían un costo. Colombia ha avanzado en reconocer esta realidad mediante la Ley 1413 de 2010, la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado y el CONPES 4143 de 2025. Sin embargo, reconocerlo estadísticamente no equivale todavía a generar compensación o igualdad.
El análisis identifica además señales de estancamiento. Entre 2016–2017 y 2024–2025 disminuyó la diferencia entre mujeres y hombres en la participación en trabajo no remunerado, pero la brecha de participación en trabajo remunerado aumentó hasta 21,7 puntos.
La transformación exige superar la idea de que cuidar corresponde naturalmente a las mujeres y avanzar hacia una distribución más corresponsable de estas tareas entre mujeres y hombres, familias, Estado, mercado y comunidad.
Entre las medidas propuestas están ampliar los servicios territoriales de cuidado; fortalecer la educación inicial y la atención de personas mayores y con discapacidad; establecer licencias parentales más corresponsables; formalizar y proteger a quienes trabajan en el cuidado; reconocer los periodos de cuidado dentro de la protección social y promover horarios laborales compatibles con la vida familiar.
También plantea evaluar las políticas con indicadores que permitan observar conjuntamente el tiempo, el empleo, los ingresos y las cotizaciones.
La igualdad salarial sigue siendo necesaria, pero resulta insuficiente. Mientras las mujeres dispongan de menos tiempo para trabajar, formarse, descansar y participar en la vida pública, la igualdad económica continuará incompleta. El desafío no es únicamente pagar igual por trabajo de igual valor, sino distribuir de manera más justa el trabajo que hace posible toda la economía.
También puede leer: