Por Gilberto castillo, Academia de Historia de Bogotá

Su nombre era Juan Nepomuceno Moreno. Nació en la Fragua, hoy Paz de Ariporo, y en una situación similar a la de Juan José Nieto, el presidente negro que por el color de su piel libró larga lucha después de muerto, para alcanzar este reconocimiento, está también dando su propia batalla para que su retrato ocupe el espacio que merece en el salón de los presidentes en el Palacio de Nariño.

No han valido las pruebas aportadas, ni la lucha que han librado los casanareños, con una de sus academias de historia a la cabeza, -allí curiosamente hay dos-.  Tampoco, que el gobierno de Iván Duque, durante una visita a Pore en 2018, lo reconociera como presidente; algunos historiadores, díscolos, le han negado el derecho, porque no han entendido la importancia de su gobierno para el momento crítico que, meses antes de la batalla de Boyacá y de la creación de la Gran Colombia, vivía el país.

De ser aceptado, sería el segundo mandatario que le aportaría este departamento al solio de los presidentes. Ya lo fue, entre 1868 y 1869, -y es reconocido como tal-, Salvador Camacho Roldan quien nació en enero 1827 en Nunchía, hijo de Salvador Camacho y Naranjo, otro casanareño de pura cepa, nacido en junio de 1791 en Chire, también Casanare, y quien participó activamente en la conformación del ejército libertador y fue gran adepto a Franciso de Paula Santander quien lo nombró en varios cargos de importancia.  

Paz de Ariporo.

El nombre inicial de la Fragua no era gratuito, por el contrario, legendario y significativo para nuestra historia. Así bautizó aquel sitio el conquistador alemán Nicolás de Federmann, a mediados de 1538, cuando realizaba su travesía desde Venezuela para llegar, sin saberlo, a territorio muisca donde se topó con Jiménez de Quesada y Sebastián de Benalcázar, y entre los tres, realizaron la verdadera fundación de Santafé de Bogotá el 27 de abril de 1539, pues Jiménez de Quesada, lo único que hizo, el 6 de agosto de 1538, fue levantar un fuerte militar sin cumplir plenamente con las leyes que se exigían, entonces, para establecer una ciudad.

Pero esta historia de la fundación de Bogotá, es harina de otro costal y lo que hay que decir para el caso, es que Federmann se detuvo allí y con una fragua portátil que traía herró los caballos de su expedición. Desde entonces, y por muchos años, los viajeros de la extensa llanura, se detuvieron en La Fragua para realizar la misma labor.

Después, en 1850, los coterráneos de Juan Nepomuceno le cambiaron el nombre de la Fragua por el de Moreno en su honor, y en 1950, se llamó definitivamente Paz de Ariporo, por estar al lado del hermoso río y en virtud de la paz firmada al terminar la violencia de los Llanos.

Algo que no se ha podido saber es qué nivel de instrucción tenía, seguramente ninguno distinto al de leer y escribir,  si es que lo aprendió en algunas de las  escuelas que en esa zona fundaron los jesuitas quienes  fueron los verdaderos conquistadores y benefactores del entonces inhóspito territorio donde fundaron las haciendas Caribabare y Tocaría, además del importante apostadero de San Salvador que operaba como puerto fluvial estratégico para el intercambio comercial, con talleres y centros de enseñanza en artes y oficios, para de esta manera formar hombres de espíritu libre, que lejos del encomendero burdo y explotador aprendieron a empoderarse.

Pero el nivel de instrucción, es lo que menos cuenta, porque como dijo John Maxwell: “Un líder es aquel que conoce el camino, hace el camino y muestra el camino.” Y Juan Nepomucebo, junto con otros nombres ilustres como José Antonio Páez, Rafael Urdaneta y Francisco de Paula Santander, Manuel de Serviez y otros, desde un territorio libre del régimen del terror de Pablo Morillo, ayudó a mostrar el camino para lograr la independencia de España

No se sabe en qué año nació, pero se calcula que debió ser entre 1775 y 1780. Desde muy joven se destacó como un extraordinario militar y participó en los combates de Arauca y Guasdualito en 1814 y 1815 al lado de figuras patriotas como fray Ignacio Mariño Torres y Ramón Nonato Pérez. Con Santander, Urdaneta y De Serviez, bajo las órdenes de José Antonio Páez participó en la batalla de El Yagual derrotando al ejército realista. Esta victoria les permitió recuperar el control de los Llanos de Apure.

 Ante su habilidad, de mando y gran resiliencia, es nombrado por Páez Gobernador de Casanare y posteriormente confirmado por Santander en el cargo.

La constitución de Pore

Los llanos por su ubicación y geografía imposible, nunca sufrieron los atropellos de un invasor vengativo y cruel como el de Pablo Morillo, y era precisamente en Pore, Tame y toda esa zona, donde sin mayores tropiezos, podía llegar un ejército proveniente de Venezuela y donde había hombres decididos y disponibles para conformar el gran ejercito que, bajo las órdenes de Bolívar, habría de atravesar el Páramo de Pisba y caer de sorpresa sobre los españoles para derrotarlos en las batallas de Boyacá y el Pantano de Vargas sellando definitivamente la Independencia.

La tarea de conformar un ejército de aproximadamente dos mil cuatrocientos soldados no era fácil, menos en un ambiente cerrero como el del Casanare lejano y húmedo de 1819. Había que buscar caballos, armas de cualquier tipo, pero efectivas; uniformes, los que se pudiera; abastos suficientes, para tantas bocas y todo debía hacerse de forma rápida, y efectiva.  Entonces entienden los llaneros que, para lograrlo, deben es establecer un orden y crear un Estado noble y soberano con un presidente capaz de liderar la administración del mismo y unir a las pequeñas guerrillas patriotas que pululaban espontáneamente, y entonces surge la constitución, o declaración de Pore, como la han llamado, compuesta por catorce artículos y que en su comienzo dice:

«En la ciudad de Pore a 18 días del mes de diciembre de 1818 reunidos en congreso provincial los representantes del estado libre de Casanare con arreglo a la constitución federal de la Nueva Granada para acordar y resolver lo que mejor convenga a la salud de la Patria en las desgraciadas circunstancias de hallarse los demás estados de la Unión oprimidos por las armas españolas, cuya dominación injusta, violenta y arbitraria se han comprometido del modo más solemne a repeler, después de varias propuestas y largas discusiones convinieron unánimemente en decretar y decretan la presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo lo que se expresa en los artículos siguientes. Y estos son algunos de los principales.

Artículo 1.- Declaran que siendo el estado de Casanare el único de la Unión que se halla enteramente libre, tiene en virtud de los principios federales un derecho incontestable para representar él solo toda la federación, mientras que libertándose otro u otros estados no entren a participar de la representación nacional.

Artículo 4.- Este Gobierno se compondrá de una junta en quien residirán todas las facultades del Congreso, y de un presidente de la Nueva Granada que ejercerá el poder ejecutivo.

Artículo 7.- El primer cuidado del Gobierno provisorio de la Nueva Granada será el de levantar y disciplinar tropas y proveerlas de armas, municiones y vestuario, a cuyo efecto empleará todos los fondos y recursos del Estado de Casanare y de los que sucesivamente se fueren libertando.

Artículo 10.- Confirmará los ascensos que el expresado Capitán General Simón Bolívar ha concedido a los oficiales del ejército de Casanare.

Para el momento expedir la declaración, ya estaba como gobernador en ejercicio Juan Nepomuceno Moreno, quien automáticamente, y en virtud del cargo, es proclamado presidente del Casanare, nadie mejor de él para darle cohesión a un estado que surgía de forma espontánea, natural y libre frente a la opresión española.

Concluida la gesta libertadora, se crea la Gran Colombia en el Congreso de Angostura en 1821. Para entonces, Juan Nepomuceno ya le había entregado al mismo Bolívar, la presidencia en septiembre de 1819. Concluida su labor en este lado de la Nueva Granada, por orden de Santander, se dedica a   recuperar la región afectada por la guerra. Su actividad en pro de la independencia es enervante y bajo las órdenes de Páez participa en la batalla de Carabobo, decisiva en la independencia de Venezuela.  De vuelta a Casanare, empieza luchar por la reivindicación del territorio y de sus necesidades ante el gobierno central, pero sus peticiones son desoídas, y para 1828, al conocer las condiciones favorables que ofrece Venezuela, decide apoyar la anexión del hoy departamento a ese territorio, pero el objetivo no se cumple.

 Como un militar y político y de acción, no puede quedarse mucho tiempo en su hacienda ubicada cerca de la Fragua, pues vive pendiente del país y de sus aconteceres, y en 1830, ante la disolución de la Gran Colombia y la inestabilidad política, se establece la dictadura de Urdaneta, su antiguo compañero de lucha independentista. A Juan Nepomuceno la amistad le importó poco, para él, primero está primero el bien de la Patria que ayudó a liberar, y se pone al frente de setecientos hombres para llegar a Bogotá y plantarle batalla, pero no lo hace porque respeta los acuerdos alcanzados en Apulo, donde Urdaneta renuncia y le entrega la presidencia a Domingo Caicedo en abril de 1831.

Lo que más denuncian los díscolos contradictores de la idea de su reconocimiento como presidente es que nunca fue nombrado por una asamblea, pero en Colombia se han dado situaciones similares, como es el caso del caso del mismo Juan José Nieto Gil, el presidente negro, quien se auto proclamo así mismo, cabeza de gobierno, mientras Tomas Cipriano de Mosquera, en Guerra con Mariano Ospina Rodríguez y el partido conservador, entraba en Bogotá triunfante.

Si se detuvieran a pensar un poco, quizá entenderían lo importante y oportuno que fue su cargo en el momento que Colombia más lo necesitaba, pero sobre todo el gran éxito que tuvo su coordinación para armar el ejército que libró la más grande gesta nacional.  En Colombia a muchos se les ha dado el título de presidentes por mucho menos que esto.

Mientras se hace justicia, los casanareños siguen entregando con Orgullo, su condecoración, con Orden al mérito Juan Nepomuceno Moreno, a quienes prestan servicios valiosos al Departamento.

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