Mirar el teléfono dejó de ser un gesto ocasional. Para muchas personas se volvió una extensión del trabajo, del estudio y hasta del descanso. El problema es que ese hábito, repetido durante horas y casi siempre con la cabeza inclinada hacia adelante, está detrás de una molestia cada vez común: dolor de cuello, rigidez y tensión en hombros y espalda alta. Lo que muchos asumen como cansancio normal puede ser una señal temprana de cervicalgia asociada al uso prolongado de pantallas.

La molestia no distingue edad ni ciudad. Puede aparecer en estudiantes, trabajadores o cualquier persona que pase buena parte del día entre chats, videollamadas, redes sociales o tareas en el teléfono. Laura Zapata Osorio, docente de Fisioterapia de Areandina, seccional Pereira, advierte que el error más frecuente es acostumbrarse al malestar y seguir como si nada. “Si la persona presenta alguno de estos síntomas debe controlar el uso del celular, ya que esto se puede convertir en un problema mayor que más adelante será más difícil de controlar”, explica.

El llamado “cuello tecnológico” suele dar señales antes de convertirse en un problema persistente. Una de las primeras es el dolor fuerte o punzante en la base del cuello después de usar el celular o el computador. También debe llamar la atención si esa molestia dura varios días seguidos o reaparece cada vez que se usan dispositivos electrónicos. En muchos casos, además, el dolor se extiende hacia la parte alta de la espalda o entre los hombros.

Qué molestias no debería normalizar

Otra alerta importante es la rigidez. Si la persona siente el cuello “duro” al girar la cabeza o nota que necesita mover todo el torso para cambiar de dirección, conviene revisar hábitos cuanto antes. Lo mismo ocurre con ciertos dolores de cabeza que empiezan en la base del cráneo y se extienden hacia la frente, las sienes o detrás de los ojos, sobre todo al final del día. Hay signos que exigen consulta médica, como hormigueo en brazos o manos, adormecimiento en los dedos o sensación de debilidad en hombros y brazos. También es una señal temprana la postura encorvada: cabeza proyectada hacia adelante, hombros caídos y tensión constante.

No existe un número mágico que marque el momento exacto en que empieza el problema, pero sí hay patrones que elevan el riesgo. “Más de 2–3 horas diarias continúas mirando el celular con el cuello inclinado aumenta significativamente el riesgo de dolor cervical”, señala Zapata. A eso se suman sesiones largas de 30 a 60 minutos sin pausas. Cuando el uso llega a cuatro o seis horas diarias, la probabilidad de rigidez, cefalea tensional y sobrecarga muscular es mayor.

El primer ajuste útil es simple: subir el celular a la altura de los ojos en lugar de bajar la cabeza. Esa corrección reduce la carga sobre la columna cervical y evita tensión sostenida. También ayuda mantener las orejas alineadas con los hombros, apoyar los codos sobre una mesa o reposabrazos y alternar dispositivos cuando la tarea va para largo. Para leer, escribir o estudiar mucho tiempo, resulta mejor usar un computador o una tableta con soporte que pasar horas sobre el teléfono.

Otro error frecuente es usarlo recostado en la cama, con varias almohadas o de lado, forzando la postura. Tampoco conviene sostenerlo durante mucho tiempo con una sola mano, porque eso añade inclinación lateral y sobrecarga en hombros. La recomendación es cambiar de posición, levantarse y hacer pausas activas cada 20 o 30 minutos. “Los ejercicios ayudan a fortalecer la musculatura cervical y dorsal, lo que reduce la carga en la columna”, explica la docente de Areandina.

Una rutina también ayuda. Movimientos suaves de flexión, inclinación lateral, rotación del cuello y elevación de hombros pueden aliviar la tensión y mejorar la postura, siempre que se hagan sin dolor. “Levantar el teléfono a la altura de los ojos” es, según la fisioterapeuta, una medida eficaz para prevenir molestias. La prevención no pasa por dejar el celular, sino por usarlo mejor: menos tiempo continuo, pausas frecuentes, postura adecuada, alternar posiciones y movimiento diario pueden marcar la diferencia entre una molestia pasajera y un dolor que termina instalándose.

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