Por Mario Alberto Bedoya @doctrinas.co

El vínculo de Hugo Chávez con el mundo esotérico y el uso de cultos sincréticos afrocaribeños, tradiciones espiritistas y rituales de magia negra como herramientas de cohesión y poder político están ampliamente documentados por el periodismo de investigación venezolano.

El arraigo de la cúpula socialista venezolana en el esoterismo prevalece como una prolongación del poder y es parte de la radiografía necesaria para comprender la vulnerabilidad del país; una nación atrapada en paradojas de vida y muerte, opulencia y miseria, religiosidad y magia.

Fidel Castro le dio mujeres y santería a Hugo Chávez.

 «Los brujos de Chávez»

Publicado en 2015 por el periodista venezolano David Placer, el libro documenta cómo el ocultismo, el espiritismo y las religiones afrocubanas permearon las esferas de poder en Venezuela durante el mandato de Hugo Chávez.

El autor nos recuerda que en cultos como la santería y el palo mayombe es habitual el sacrificio de animales como gallinas o chivos, a manera de ofrendas en búsqueda de protección o poder. Estas corrientes tuvieron un enorme auge en el palacio presidencial de Miraflores con la llegada de asesores y babalaos cubanos.

El periodista, hoy radicado en España, escuchó rumores sobre la práctica de ritos satánicos con sacrificios humanos (que incluían menores de edad). Sin embargo, el autor no los incluyó en su obra debido a la “falta de evidencia contundente” dentro de su característico rigor periodístico.

No obstante, la investigación de Placer confirma que el fundador de la Revolución Bolivariana era un hombre sumamente supersticioso, una faceta alimentada por eventos reales que reforzaron esta narrativa.

Cristina Marksman era una bruja muy cercana a Chávez desde la década de 1980 y hermana de su entonces amante, Herma Marksman. Fue ella quien, leyéndole las cartas, le vaticinó que sería presidente, que caería preso tras el golpe de Estado de 1992 y que moriría de una enfermedad grave antes de cumplir los 60 años.

El «Salón de la Brujería» fue el nombre popular que recibió el Salón de la Patria, un área del Palacio Blanco situada frente a Miraflores. Según testimonios de trabajadores y del propio Placer, quien logró entrar allí, el lugar sirvió de escenario para rituales y velaciones en los que se mantenían objetos como cabezas de caimán, pétalos de rosa y velones.

El desentierro de los restos de Simón Bolívar en 2010 se convirtió en el episodio que mayor intriga y conjeturas esotéricas generó.

El procedimiento se hizo para “investigar si el Libertador había sido asesinado”; no obstante, tanto la oposición como diversos santeros locales afirmaron que la transmisión televisada de madrugada y la manipulación de los restos óseos formaban parte de un ritual “palero” de alto nivel para «amarrarse» al poder.

Para Placer, esta teúrgia oficial no constituyó una simple superstición personal de Hugo Chávez, sino que devino en una política de Estado orientada a ejercer el control social, político y militar en Venezuela.

El joven investigador plantea que el castrismo encontró en la santería su mejor «caballo de Troya». Al infiltrar la inteligencia cubana en estos cultos, los babalaos pasaron de ser consejeros espirituales a recolectores de información. En la estricta intimidad de las consultas, los jerarcas venezolanos revelaban sus temores, lealtades y puntos débiles, entregando involuntariamente valiosa información estratégica a la isla.

El autor señala que el miedo resultó ser un mecanismo de lealtad, debido a que la dirigencia chavista instauró en los cuarteles y estamentos gubernamentales la idea de que Chávez (y sus santeros) tenían «protección» y podían «ver» energéticamente a los traidores. Esto logró que muchos militares y funcionarios públicos se iniciaran en la religión por conveniencia, temor o como prerrequisito para ascender, garantizando así una lealtad basada en una especie de “terror espiritual”.

El texto examina además la simbiosis que el régimen propició entre el espiritismo tradicional venezolano y los cultos afrocubanos. Esta fusión esotérica logró «divinizar la figura de Chávez», desplazándolo del rol de simple líder político-militar para consagrarlo como «un mesías intocable» ante los ojos de los sectores más vulnerables.

Para el escritor, “la tragedia final del régimen es haber reemplazado la racionalidad, la ciencia y la estrategia política por la lectura de caracoles y la adivinación”. En consecuencia, decisiones de Estado fundamentales para la nación “terminaron tomándose en altares, lo que aceleró la destrucción institucional del país”.

Las Tres Potencias

Las Tres Potencias son la trinidad mística central del espiritismo venezolano. Representan el mestizaje y la identidad histórica de la nación a través de tres figuras veneradas como protectores espirituales: la reina indígena María Lionza (el elemento mítico y la naturaleza), el Cacique Guaicaipuro (la fuerza y la resistencia indígena) y el Negro Felipe (un soldado de la independencia que representa la raíz africana). María Lionza es la máxima deidad de esta «tríada venezolana», ocupando el lugar central, escoltada por Guaicaipuro y el Negro Felipe.

Este culto no es un fenómeno marginal; pues ha permeado todas las esferas de la sociedad, desde los estratos más vulnerables hasta los altos círculos del poder económico, político y militar.

Una densa amalgama de creencias que influyó e influye profundamente, no solo en la población en general, sino también en las decisiones e imaginarios de la oligarquía chavista gobernante. Chávez conocía claramente ese fervor popular y, de hecho, lo utilizó políticamente al integrarlo dentro de su narrativa nacionalista e indigenista.

El espiritismo de María Lionza

Aunque María Lionza es una deidad mítica de la religión popular venezolana y no un personaje histórico, su espiritismo refleja de manera pura el mestizaje del país al fusionar tradiciones indígenas, católicas y africanas.

El culto mantiene su epicentro en la montaña de Sorte, Yaracuy, donde la leyenda narra que una princesa indígena de ojos claros eludió un sacrificio profético al fusionarse con la Gran Serpiente de las aguas, emergiendo como la protectora de la naturaleza. En este sistema de fe, los espíritus que obedecen a la Reina se organizan en «cortes» celestiales según su especialidad o rol histórico.

A mediados del siglo XX, esta devoción campesina se transformó en símbolo de cohesión nacional gracias a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, quien la integró al aparato institucional y mandó a erigir su célebre monumento cabalgando sobre una danta en Caracas.

Como apunta la antropóloga Daisy Barreto, el culto destaca por una plasticidad que le permite amoldarse a las realidades del país; una flexibilidad que facilitó su posterior manipulación por parte del poder político contemporáneo.

Fiel a esta adaptabilidad, Hugo Chávez instrumentalizó la devoción y la transformó en una narrativa de resistencia ideológica, redefiniendo a figuras como Guaicaipuro y el Negro Felipe para conectar con los sectores desfavorecidos.

Bajo su mandato ocurrió la «pérdida de la inocencia» del culto: el espiritismo tradicional comenzó a ser colonizado por la santería cubana y el palo mayombe, prácticas caribeñas que el mandatario introdujo en Miraflores para su protección y blindaje espiritual. Así, las apacibles ofrendas de frutas y flores en Sorte se mezclaron, en las sombras, con sacrificios de sangre y rituales de dominación.

Santería y palo mayombe

Aquí es donde, el esoterismo chavista da su giro más radical y pragmático: el momento en que Cuba adquiere un rol estratégico y de control mental dentro de la autoproclamada «Revolución Bolivariana».

Con la llegada masiva de misiones cubanas (médicos, entrenadores y, especialmente, asesores de inteligencia y militares), desembarcaron con fuerza la santería y el palo mayombe.

Mientras la santería (regla de ocha) nació en Cuba de la fusión entre la tradición yoruba africana y el catolicismo, el palo mayombe (regla conga) tiene raíces bantúes ligadas al Reino del Congo, manteniendo una estructura mística mucho más pura, hermética y libre de sincretismo católico.

Al igual que ocurre con el culto a María Lionza, desde un punto de vista antropológico y teológico estricto, la santería no puede ser considerada un culto satánico, ya que el concepto de «Satanás» es exclusivo de la tradición judeocristiana. En la cosmología yoruba original no existe una entidad que encarne el mal absoluto en guerra contra Dios; existe el Osogbo (el entorno adverso, la enfermedad o la desgracia).

Debido a sus rituales, es el sistema esotérico que más fácilmente suele ser tildado de «satánico» por la opinión pública y a pesar de que esta religión es teocéntrica, sus rituales de sangre y su posterior hibridación con el palo mayombe la convirtieron ante la mirada laica en sinónimo de magia negra.

El palo mayombe protagoniza los ritos más herméticos y agresivos al trabajar directamente con los muertos (nfumbis) y restos óseos en un caldero (nganga). Esta práctica, usada por el aparato de seguridad chavista para «atar» el poder y neutralizar adversarios, representa el ala más oscura del esoterismo oficial.

Bajo este ecosistema, la santería y el palo penetraron los ministerios y las Fuerzas Armadas; «hacerse el santo» pasó a ser un requisito informal para que los oficiales demostraran lealtad absoluta y aceleraran sus ascensos.

A este sincretismo, Chávez sumó una fijación casi sagrada por profanar y manipular los restos de héroes como Bolívar y Ezequiel Zamora, un ritual con el que pretendía absorber su fuerza combativa. Bajo esa misma lógica mística, invocaba el espíritu de su bisabuelo, el guerrillero «Maisanta», buscando fusionar su rebeldía llanera con el legado del Libertador para consolidar su poder.

Lo que comenzó como la protección personal de un líder supersticioso terminó en una estructura de control político que permeó el tejido social, hasta convertirse hoy en parte esencial de la dinámica de poder del Estado.

El clérigo marabino

José de Jesús Palmar Morales, más conocido como el padre Palmar, quien apoyó inicialmente el proyecto socialista venezolano para después abjurar radicalmente del mismo, ha denunciado con vehemencia la supuesta introducción de ritos esotéricos, brujería y prácticas de santería dentro de la alta cúpula de Miraflores.

Para el zuliano, la cúpula del gobierno venezolano no solo recurre a la superstición, sino que existe una densa mezcla de santería cubana, espiritismo y, según sus propias palabras, «pactos diabólicos» destinados a retener el poder.

En el pódcast Vade Retro (7/06/2026) del cineasta católico italoargentino Luis María Piccinali, el padre Palmar abordó las dinámicas de poder en Venezuela, reafirmando sus acusaciones sobre la presunta vinculación de jerarcas del chavismo en la realización de sacrificios humanos que incluían el asesinato de niños como parte de supuestas prácticas místicas destinadas a mantener su poder político.

Señaló, sin aportar evidencias, que pilotos de la Fuerza Aérea Venezolana le revelaron una red de tráfico de menores. Sostuvo, además, que Evo Morales enviaba menores de edad a la antigua guerrilla de las FARC en el Caguán (Caquetá, Colombia) a través de Ecuador, presuntamente con el conocimiento del expresidente Rafael Correa. Añadió que algunos de estos menores eran reclutados y otros terminaban en una hacienda en el estado Barinas, desde donde eran distribuidos a lugares como la montaña de Sorte y La Orchila para ser utilizados en supuestos sacrificios satánicos por parte de mandos y allegados del gobierno venezolano.

Al respecto, en los registros de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de Colombia, no constan denuncias ni expedientes que asocien a las FARC con rituales satánicos. Sin embargo, si bien no existen tales registros, las imputaciones del tribunal contra este grupo armado respecto a delitos contra menores (en el marco del Caso 07) se concentran en crímenes de lesa humanidad como el homicidio, la desaparición forzada de neonatos, la violencia reproductiva, la tortura y la violencia de género.

Para el religioso católico, la batalla por Venezuela excede el terreno estrictamente político, calificándola, en última instancia, como una guerra espiritual entre el Bien y el Mal.
“Amir”, el brujo arrepentido

Héctor Sarasti, periodista colombiano valorado por su rigor investigativo y su extensa trayectoria en la crónica judicial en canales como RCN y Caracol, presentó el 28 de enero de 2026 en su pódcast Alerta Crónica una impactante entrevista con el denominado parapsicólogo y demoniólogo “Amir”.

Con franco conocimiento del mundo esotérico venezolano, confiesa con aparente arrepentimiento cómo fue una ficha clave del séquito de brujos y espiritistas que servían a los intereses supersticiosos no solo de funcionarios y dirigentes “rojos rojitos”, sino también de sus esposas e hijos.

Las revelaciones van desde los sobrinos de Cilia Flores, conocida por su fervor esotérico, pidiéndole invocar la suerte para lograr “realizar sus negocios”, pasando por la “maniática de la brujería”, hija del otrora poderoso dirigente chavista Diosdado Cabello, hasta ‘Nicolasito’, decidido a “rehacer el pacto” para mantener el poder.

“Amir” ofrece detalles sórdidos de cómo se utilizaban no solo huesos y cenizas de difuntos, sino también el sacrificio de seres humanos y el consumo de su carne. De hecho, señala con la misma vehemencia del padre Palmar la presunta realización de sacrificios de niños en rituales celebrados en las altas esferas del poder bolivariano.

En la extensa conversación con Sarasti, “Amir” confiesa sentirse arrepentido de sus acciones a partir de la muerte de su esposa, manifestando su compromiso de resarcir el daño causado durante lo que llamó una “época demoníaca y oscura”.

Al respecto, manifestó también: “Obviamente me arrepiento, aunque con arrepentirme no devuelvo la vida de las personas a las que en algún momento nos pagaron para quitársela”. Asimismo, añade de forma lúgubre: “Todavía recuerdo los gritos y sé que cuando se acabe todo esto muchas madres van a reclamar por esos hijos desaparecidos. Yo fui parte de todo lo que pasó en Venezuela y, tal vez cambié, me transformé a tiempo, pero todavía sigo arrastrando esas cadenas”.

Socialismo chavista o institucionalizar la irracionalidad


Dejando totalmente a un lado supersticiones y malas artes, la República Bolivariana de Venezuela es un ejemplo fehaciente de lo que ocurre cuando un Estado abandona las doctrinas que lo hacen robusto, como la planificación técnica y la racionalidad económica, en favor del dogma y el culto a la personalidad. Todo esto en medio de una cada vez más grave fragilidad institucional y de la asombrosa erosión económica de una nación que posee una de las mayores acumulaciones de riqueza mineral y energética del planeta.

El contraste entre la narrativa socialista del discurso oficial frente al estilo de vida capitalista y opulento que disfruta la dirigencia chavista y sus áulicos cercanos, refleja cómo las ambiciones individuales permiten un continuo desmantelamiento técnico de las instituciones; una desconexión que pasa una despiadada factura décadas después, cuando la naturaleza pone a prueba al país.

Las decisiones de Estado olvidaron la tecnocracia, sustituyendo la ciencia sísmica, la ingeniería civil y los presupuestos de prevención, entrenamiento y capacitación en atención de desastres, por una vulgar corrupción que debilitó por completo la capacidad de respuesta del Estado venezolano ante los fenómenos naturales.

La cúpula socialista bolivariana terminó mezclando el ateísmo materialista del marxismo-leninismo con ritos africanos, el espiritismo criollo, la magia negra y la adoración mesiánica. Contradicción que lejos de debilitarla, ha operado como su fórmula de control más eficaz hasta la fecha, lo que invita a esa sociedad a una sincera revisión de sus imaginarios culturales.

“No hay que creer en ellas, pero de que las hay, las hay”


Si por un instante, y solo por un instante, regresamos a la magia y al espiritismo, es imposible no evocar los rituales, profanaciones, supuestos pactos y maldiciones lanzadas en momentos de absoluta soberbia política. Tal vez, al haber abierto de par en par puertas sin saber a dónde conducen realmente con tal de atornillarse en el poder, el chavismo no solo desmanteló las instituciones, sino que también quebrantó el resguardo espiritual de una nación entera.

La inexorable ley de la compensación dicta que, tarde o temprano, todo se paga. A los jerarcas del régimen —y todos los que de una forma u otra participaron en este proceso de miseria— no les alcanzarán setecientas vidas para expiar su culpa. Mientras tanto, la “Pequeña Venecia” pronto, muy pronto, renacerá.

Personajes como Maduro, Arias Cárdenas, Luis Motta Domínguez, Diosdado Cabello, Iris Varela, Tarek William Saab, Omar Prieto y Stella Lugo ya habitan en ese panteón de la infamia que legó el socialismo del siglo XXI.

Si la magia es esa doctrina que funciona solo para quienes creen en ella, el poder de estas figuras ya no existe: hoy nadie les teme, hoy nadie les cree.

Cuando se juega con las sombras, estas siempre terminan cobrando su precio… y ese costo, que ha sido devastador para la bendita tierra venezolana, lo será también para quienes osaron jugar con ellas.

Mario Alberto Bedoya @doctrinas.co

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