
Por Esteban Jaramillo
No todo es tan lindo como lo pintan en la Selección Colombia.
La vida al interior no es dulce. Se complica y agudiza por la difícil convivencia de las familias, que ahora viajan con los jugadores.
Las rivalidades internas son constantes. Con presiones y caprichos. Con los parientes en plan de conflicto, especialmente de aquellos que por una razón u otra perdieron la titularidad. Graves son algunos hechos revelados.
Sumados al manejo de los egos de los futbolistas en el vestuario, donde, quiérase o no, la convivencia se envenena cuando los objetivos esperados no se logran.
Graves fueron los problemas logísticos, para mover la indumentaria de los jugadores y los técnicos. Las maletas de las familias debían llegar primero. Uno de varios casos, ocurrió en Miami antes del partido ante Portugal.
Difíciles son también las relaciones entre dirigentes por la lucha de poderes. Algunos ni se cruzan la palabra.
En extremo molesto por ser desplazados de los palcos asignados y de los vuelos chárter programados para favorecer a familiares y amigos del presidente.
Mal vista fue la rápida confirmación del entrenador sin un exhaustivo análisis de su labor. Y la imposición de James Rodríguez en las próximas convocatorias, como se denunció en Blog deportivo de Blu Radio, por la firma de los contratos condicionados a su presencia, sin importar su nivel.
De regreso los dirigentes no abrieron los ojos para potenciar desde ya una nueva selección sino para afrontar los conflictos que los sacuden, que van más allá de una rebelión por los derechos de transmisión. Los enemigos están adentro.
También puede leer: