Por Iván Hernández Umaña, Académico de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas

Los datos recientes del Centro Nacional de Consultoría muestran algo que debería inquietar —y también despertar— a quienes siguen leyendo el país desde el siglo XX: más de la mitad de los colombianos no se identifica ni con la derecha ni con la izquierda, y el 40 % tampoco se ubica en ninguno de los tres espacios clásicos: izquierda, derecha o centro.

No se trata de apatía. Se trata de algo más profundo: un paradigma político que llegó a su agotamiento histórico.

El péndulo que ya no organiza la vida real

Durante décadas interpretamos a Colombia como un país atrapado entre dos orillas —izquierda y derecha— con un centro que pretendía despolarizar. Esa lectura funcionó durante un tiempo, especialmente cuando los conflictos ideológicos eran el lenguaje dominante.

Pero hoy ese péndulo ya no recoge la experiencia vital de la mayoría de las personas.
Los ciudadanos no viven preguntándose si son “de derecha” o “de izquierda”.
Lo que viven es la búsqueda de estabilidad económica, redes de apoyo, oportunidades reales y un horizonte de seguridad colectiva.

El nuevo eje: Cooperación vs. Sálvese quien pueda.

Colombia ya no se mueve en un triángulo ideológico. Hoy la división que más estructura las decisiones ciudadanas —desde votar hasta emprender— es otra: cooperación versus sálvese quien pueda.

En otras palabras: ¿vivimos en un país que construye soluciones colectivas?
¿O en uno donde cada quien sobrevive cómo puede?

Este eje no es ideológico sino estructural y emocional. Toca cómo se siente la gente en su vida cotidiana, no cómo se define en un espectro político.

No es desinterés: es conciencia del agotamiento

Que tantas personas marquen “ninguna” cuando se les pregunta por su ubicación política no significa indiferencia.

Significa que intuyen —quizás sin nombrarlo aún— que ese marco mental no sirve ya para explicar sus retos.

El problema no está en la ciudadanía. Está en la insistencia de ciertos sectores en seguir describiendo al país con categorías que perdieron poder explicativo.

Del problema a los retos: una lectura apreciativa

Otra clave de interpretación es que la gente no está pidiendo que “resuelvan problemas” —que es justamente el lenguaje del paradigma viejo, centrado en lo que no funciona—.

Lo que está emergiendo es la necesidad de afrontar retos colectivos desde lo que sí tenemos, desde nuestras capacidades, relaciones y aprendizajes.

Es decir: desde una mirada apreciativa del país. No desde la nostalgia ideológica, ni desde la promesa de que un extremo derrotará milagrosamente al otro.

¿Qué implica este cambio de paradigma para la economía y la política pública?

Cambiar la ontología: Aceptar que la ciudadanía no se piensa a sí misma desde binarios ideológicos, sino desde experiencias de vida.

Cambiar el lenguaje: Dejar de insistir en “izquierda versus derecha” y empezar a hablar de bienestar, cooperación, seguridad económica, redes y futuro compartido.
Cambiar la epistemología: Investigar los fenómenos emergentes con nuevas categorías: informalidad y cooperación, estructuras de cuidado, expectativas vitales, y resiliencia colectiva.

Cambiar la praxis pública: Las políticas ya no pueden diseñarse para ganar la pelea del péndulo, sino para fortalecer capacidades colectivas.

Conclusión
El dato del CNC no es un síntoma de apatía. Es un síntoma de lucidez ciudadana: la intuición de que vivimos en un marco conceptual heredado que ya no explica nuestro presente ni orienta nuestro futuro.

Lo que está emergiendo es una nueva forma de leer al país.
Una que no parte del conflicto ideológico, sino de la cooperación posible.
Una que no se obsesiona con resolver “problemas”, sino con afrontar retos desde lo que somos y desde lo que podemos construir juntos.

Y tal vez —solo tal vez— ahí esté la puerta para reconstruir un proyecto común en Colombia. 

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