El tema de la salud mental en las redes sociales se ha vuelto habitual entre influencers y creadores de contenido, que no siempre son profesionales de la salud. Muchos comparten experiencias personales relacionadas con síntomas como ansiedad o depresión como algo habitual, y si bien esto ha permitido que se rompan estigmas alrededor de dichos temas, también la exposición constante ha generado preocupación entre los especialistas.

Según la Dra. Rebeca Diego Pedro, docente de Maestría en Psicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, el problema surge cuando la conversación solo consiste en transformar experiencias personales en discursos generalizados, pasando por alto la rigurosidad que debería tener tocar estos temas.

«El hecho de que influencers sin formación en salud compartan su experiencia personal y la conviertan en un discurso generalizable puede ser peligroso», advierte. «Sentar cátedra sobre lo que funciona basándose solamente en su experiencia personal conlleva riesgos. La información siempre debe ser veraz y provenir de fuentes fiables».

Muchas veces, para lograr la viralidad y en engagement mediante narrativas emocionales e íntimas, se tergiversan trastornos complejos al querer hacerlos visualmente atractivos y digeribles, usando videos cortos, frases motivacionales vacías y relatos estéticamente editados, dándoles un tratamiento demasiado ligero y transmitiendo una imagen distorsionada de lo que realmente implica convivir con una enfermedad mental.

«Simplificar los síntomas de trastornos mentales como la depresión o la ansiedad conlleva serios problemas», señala la experta de VIU. «Entre ellos, que las personas que sí están viviendo la enfermedad sientan vergüenza de padecerla y se aíslen, que no se sientan validadas y decidan, por tanto, no comunicar lo que les sucede o que piensen que lo que les ocurre es un asunto menor y eviten buscar ayuda profesional».

A esta tendencia se suma la viralización de fenómenos específicos que fácilmente se convierten en objeto de humor o caricaturización, como el de los therians, que se han vuelto alimento para memes en las redes sociales, y hay que tener cuidado, porque estos casos que no son nuevos se deben abordar con cautela y contexto.

Según explica la Dra. Rebeca Diego, la expresión identitaria es fundamental para el correcto desarrollo de las personas a lo largo de todo el ciclo vital. Por otro lado, la vulnerabilidad emocional es algo común a todas las personas y cada cuál lo expresa de una forma. 

«Viralizar casos como el de los therians, que al fin y al cabo son grupos de los que se tienen datos desde hace más de tres décadas y que no son una identidad predominante, puede desviar el foco de otras problemáticas que sí atañen a muchas personas», advierte.

No se trata de satanizar el humor, por supuesto. En entornos terapéuticos, la risa puede tener un valor positivo. No obstante, en espacios masivos como las redes sociales, su efecto puede ser nocivo. La ironía, usada para hablar de la salud mental de manera generalista, puede minimizar la gravedad de muchos temas y devalúa el sufrimiento genuino de los pacientes.

Ahora, otro punto crítico al que se debe prestar atención es la gran cantidad de menores de edad que consumen información sobre salud mental en las plataformas. Para la docente de VIU, este fenómeno abre preguntas sobre el impacto que este tipo de contenido puede tener en el desarrollo emocional y cognitivo.

«No podemos olvidar que gran parte de quienes consumen redes sociales e internet a día de hoy son menores de edad, y su cerebro no está completamente maduro, sigue en desarrollo», resalta. «Desconocemos el impacto que este consumo puede tener en su desarrollo evolutivo tanto a nivel mental como físico».

Se debe insistir en fomentar un consumo crítico de la información sobre salud mental. Hay que verificar las fuentes y priorizar contenidos elaborados por profesionales cualificados, de manera que se pueda diferenciar entre un testimonio personal y el conocimiento clínico divulgativo. De esta manera se puede evitar que un tema serio como la salud mental se diluya en la lógica del entretenimiento digital.

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