Por Hernán Alejandro Olano García.
La maestra colombo española Ivonne Sánchez – Barea, con prefacio y traducción al italiano de la maestra Stefanía Di Leo, nos presenta Sed tierra/ Siate terra (ISBN 9798280274402), que nos recuerda, de Federico García Lorca en «Tierra y Luna», que somos Tierra para todo lo que huye de la Tierra, junto con una portada denominada mujer y elementos, seguimos huellas de ancestros, sin saber que nada es para siempre.

El libro se divide en nueve temáticas poéticas entre ellas bosques de niebla, tierras de cuarzo, tesoro, rutas, somos, de la Tierra al cielo, Haikus a la Tierra, frutos y, bajo tierra. En ellos, 26 poemas que no surgen como ornamento ni como evasión, sino que nacen de la grieta del silencio que exige voz.
Así este libro que obtuvo el primer premio académico internacional de literatura contemporánea «Lucius Annaeus Séneca» en su novena edición celebrada en Bari, Italia, no es solo una recopilación de versos, sino una serie de imágenes emocionales que nos recuerdan los orígenes de los pueblos, con una sensibilidad que solo la autora, con más de 80 libros publicados, al igual que habiendo participado en más de 100 antologías colectivas internacionales poéticas traducidas a ocho idiomas, busca sembrar conciencia y, hace un llamado a recordar, a reconstruir y, a sembrar en los campos arrasados de la conciencia.
Así, las tierras negras, rojas y blancas, dulces y áridas, amasadas en el viento de lo eterno, templos y albergues de sonrisas, ramas en ascenso, se escapan a veces en aluviones, como el agua entre los dedos de la mano, como felpas del cabello en el cepillo, o como tejidos del nido, asimilados a letras que ocupan los versos.
La ruta santa, abre puertas, como a esos héroes sin glorias de nuestra independencia, como plumas que caen en almas líquidas, en senderos perdidos, llenos de barro, o, en ramales que conectan el cielo y la tierra, en tierras sin nombres, por donde sus dioses son dueños de la nada, donde se cosechan versos, en tiempos, historias y horizontes inciertos, porque la tierra cierra los ojos, cuando la siembran con muertos.
Ivonne camina con sus poemas, montada en sus letras, cantando un verde canto, desde el puerto hasta su casa, entre capullos de azahares, vendimias y sacramentos, envejeciendo, de repente, como la elegía transformadora, como testimonio de todo lo que se borra y se silencia con el paso del tiempo.
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