En los últimos años, el acceso a la educación superior en Colombia ha mostrado avances importantes, de acuerdo con cifras oficiales del Ministerio de Educación Nacional y el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), en 2024 el país superó los 2,5 millones de estudiantes matriculados, alcanzando una tasa de cobertura cercana al 58% entre jóvenes de 17 a 21 años, la más alta registrada hasta ahora.

No obstante, este crecimiento convive con desafíos estructurales que siguen marcando la experiencia educativa, la necesidad de trabajar mientras se estudia, el origen socioeconómico de los estudiantes y las brechas territoriales entre ciudades capitales y municipios intermedios o rurales. Estos factores inciden directamente en la permanencia y en las oportunidades reales de graduación.

“Las cifras muestran que el desafío de la educación superior en Colombia ya no es solo ampliar la cobertura, sino cerrar las brechas reales de acceso, permanencia y calidad. La innovación educativa es clave para que el lugar donde nace o vive un estudiante no determine sus oportunidades de formación”, señala Ricardo Gómez, rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana.

Uno de los indicadores que refleja estas brechas es el acceso desde zonas rurales. Según datos del Ministerio, la tasa de tránsito inmediato a la educación superior en zonas rurales se acercó al 30% en 2024, el nivel más alto de los últimos años, aunque aún distante del comportamiento urbano.

Este panorama nacional se ve reflejado en la experiencia de instituciones como la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO). En 2025, el 81% de sus estudiantes activos trabaja mientras cursa sus estudios, lo que evidencia que el acceso a la educación superior en Colombia está cada vez más ligado a modelos flexibles, compatibles con la vida laboral y familiar.

El acceso a la universidad sigue siendo, además, un punto de quiebre generacional. Entre 2020 y 2025, el 20% de los estudiantes de la IBERO fue la primera generación en su familia en acceder a la educación superior, de acuerdo con el nivel educativo de sus padres, y cerca del 30% fueron los primeros entre sus hermanos en iniciar estudios universitarios, confirmando el papel de la educación como motor de movilidad social.

En términos territoriales, el 44,9% de los estudiantes de la IBERO reside en municipios no capitales, una cifra que conecta con la necesidad de llevar educación superior más allá de los principales centros urbanos. Para responder a este reto, la IBERO ha apostado por modelos de educación virtual e innovación pedagógica, que le permiten hoy llegar al 99% del territorio nacional, ampliando el acceso a poblaciones rurales y regiones históricamente apartadas.

Entre estas innovaciones se encuentran estrategias como el uso del docente holograma y herramientas tecnológicas de acompañamiento académico, diseñadas para garantizar presencia pedagógica, calidad formativa y continuidad en contextos donde la educación presencial tradicional no siempre es viable.

Expertos en educación coinciden en que este tipo de experiencias evidencian la necesidad de repensar el sistema desde una lógica más inclusiva, donde la tecnología y los modelos flexibles se conviertan en aliados para garantizar trayectorias educativas posibles y sostenibles.

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