Por Álvaro Ayala Tamayo

Tarde o temprano tu juez será un gringo. Especialmente, cuando en tu país te condenan a sembrar arbolitos y cortar maticas por secuestrar  y asesinar ciudadanos norteamericanos.

Si alias Timochenko,  Rodrigo Londoño Echeverri ( Tebaida, Quindío, 22 enero 1959 ) y demás miembros de su organización son extraditados a EEUU,  serán sentenciados a cadena perpetua o pena de muerte.

Pero, como el tratado de extradición vigente entre Colombia y EEUU prohíbe ambas penas, serán condenados a 60 años de prisión. Es la misma sentencia que le aplicaron al jefe terrorista Juvenal  Ovidio Ricardo Palmera Pineda,  ( Valledupar 30 julio, 1950 ),  conocido con el alias de Simón Trinidad. Extraditado el 31 de diciembre de 2004,  permanece  incomunicado en la prisión de máxima seguridad ADX Florence en Colorado. El juez que lo sentenció fue respetuoso con la norma y le fijó el año 2055 para volver a la libertad, si muestra signos de resocialización.

A las Farc y el régimen venezolano los une un cordón umbilical llamado Nicolás Maduro Moros,  ( Caracas 23 noviembre 1962 ). De acuerdo con los informes de los despachos judiciales ha decidido prender el ventilador para obtener beneficios, no impunidad.

Como al tipo le botaron las llaves, es la única alternativa que tiene para salvar a su esposa Cilia Flores ( Tinaquillo, Cojades, 15 octubre 1956 ). No es coherente que los dos paguen cárcel por los mismos hechos.  Maduro puede salvarla a cambio de asumir sus delitos y delatar a otros peligrosos criminales internacionales. Ya lo hizo con Alex Saab y Álvaro Pulido, sus socios colombianos para lavar dinero a robado a montones de las ayudas  relacionadas con la alimentación, educación, salud y vivienda de los pobres.

Maduro los delata y Delcy los entrega, dicen en los bajos fondos de Caracas. Entre bandidos no hay lealtades. Hacen conciertos para delinquir y se sapean para sobrevivir. Por cumplir ese pacto no escrito, sacaron de la lista OFAC, a Jorge Rodriguez, hermano de la presidenta títere.

En las cortes de EEUU no han prescrito los expedientes por las masacres y secuestros de ciudadanos norteamericanos en Arauca y Caquetá. Hagamos memoria. El 25 de febrero de 1999, en Saravena, tres indigenistas norteamericanos que compartían con  la comunidad U’wa fueron secuestrados y acribillados con disparos de fusil ruso por las Farc. El pecado de  Terence Freitas, Ingrid Washinawtoka y Laheenae Gay, intercambiar conocimientos ancestrales porque se consideraban hijos de la madre tierra. Sobre los tres cadáveres,  los terroristas de las Farc amenazaron que,  gringo que esté en el país es gringo muerto. Dicho y hecho.

El 13 de febrero de 2003, una avioneta que sobrevolaba a baja altura entre Puerto Rico y Florencia, fue derribada con disparos de ametralladora punto 50 por narcoterroristas de las Farc. Al caer asesinaron al sargento colombiano Luis Cruz y al piloto norteamericano Thomas Janis.  A  otros tres sobrevivientes los secuestraron y fueron identificados como: Marc Gonsalvez, Thomas Howes y Keith   Stansell. Cinco años después, en la épica  Operación Jaque, fueron liberados por el ejército.

Timochenko y sus socios no están blindados contra esa  extradición, como lo quieren vender sus leguleyos de oficio.   Olvidan que en la JEP no cantaron la verdad sobre esos homicidios  y secuestros. Tampoco hubo indemnización. Por lo tanto, son delitos de lesa humanidad que no pueden quedar impunes. Ni aquí ni allá.

Fuentes de Inteligencia  e informantes infiltrados en los anillos de seguridad de Maduro, aseguraron que,  antes y después de ingresar a la JEP,  Timochenko  negoció  embarques de cocaína por armas, explosivos y dólares con el régimen venezolano.  Por esos delitos puede ser extraditado.  Además, la justicia norteamericana no perdona los asesinatos  contra sus ciudadanos en ninguna parte del mundo. Ni con Trump,  ni con el próximo. Republicano o demócrata. Qué hacen la Corte Suprema de Justicia y el tigre si Tío Sam los pide ?

Si el exdictador Nicolás Maduro  salpica a las Farc,  puede conseguir beneficios para su esposa Cilia Flores.

Por ahora finge estar enferma y solicita prisión domiciliaria. Piden la clemencia que no tuvieron con sus víctimas. Al par de verdugos se les olvidó el secuestro y tortura de ciudadanos norteamericanos que tuvieron amarrados en en  El Helicoide de Caracas. Allí funciona la sede del SEBIN ( Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional ), el galpón para almacenar prisioneros políticos y enemigos imaginarios.  Entre las memorias se ha dicho que Diosdado y Vladimir Padrino, criaban ratas y cucarachas para esparcirlas por las celdas y no dejar dormir a sus víctimas.

Aquí los defensores de oficio de Timochenko aseguran que el tratado de paz lo blinda para no extraditarlo.  Olvidan que todo era a cambio de asumir la verdad en la JEP. El chimbo tratado de paz, o, ley de impunidad solo opera en territorio colombiano, no en ultramar.  Todos los farianos tienen que dormir con un ojo abierto el resto de sus vidas. Al leer las declaraciones de Timochenko, no habló de los gringos secuestrados y asesinados a sangre fría. En USA no han abierto cursos de jardinería para pagar secuestros y homicidios.

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